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Invitado

Cuando la noticia nos interpela

Enfrento un nuevo desafío en mi vida, un momento de cambio importante que puede parecer abrupto pero que en mi interior es una continuidad. Después de tantos años comunicando problemas y falencias que lamentablemente se acrecientan, la posibilidad de aportar respuestas y soluciones se transformó en una necesidad personal. Siento entonces, que este desafío es un modo de crecer, una evolución.

Evolución es además el nombre de la agrupación que me convoca. Un grupo de personas de diversos orígenes con muchas inquietudes y metas en común. Este grupo amplio, pluralista, con lugar para visiones no dogmáticas e independientes me contiene, respeta y complementa, especialmente en todo lo que me falta aprender.

La agenda de temas y preocupaciones que compartimos es amplia: Educación, Salud, Seguridad, Vivienda, Mujer, por nombrar sólo algunas. En definitiva, lo que nos pasa y nos falta resolver en una ciudad que dista mucho de la imagen que nos muestran las publicidades oficialistas. El gobierno del PRO lleva diez años al frente del distrito, con un presupuesto que es 2,5 veces el promedio del que disponían sus antecesores, desde Fernando De la Rúa hasta Jorge Telerman. Frente a este aumento exponencial de recursos se implementaron numerosas políticas, pero vemos escasos resultados en áreas indispensables.

Proponemos un cambio de prioridades que transformen a Buenos Aires en una ciudad de iguales. Algo que creo fundamental en este sentido es diseñar estrategias y verificarlas con las auténticas necesidades de los vecinos. Venimos recorriendo los  barrios, escuchando a la gente, descubriendo muchos problemas puntuales que se podrían resolver con intervenciones claras y rápidas. Son muchos los temas micro que pueden mejorar sustancialmente la calidad de vida de los porteños. No todo requiere grandes obras de infraestructura, por sobre todas las cosas requieren de atención. Sin embargo, la urgencia está en los temas estructurales que nos atraviesan a todos y ahí es donde se nota la ausencia del Estado.

El ejemplo del incendio en el conventillo en La Boca es un símbolo de lo que falta. La noticia nos interpela, nos refleja, muestra con absoluta crudeza que el árbol no puede tapar al bosque. Y ahí es donde cobra fuerza mi decisión de cambio. Tomando el caso con delicadeza, para no transformar el dolor en oportunismo, vemos que la tragedia parte de la desprotección de una mujer frente a la violencia de su pareja (las últimas cifras hablan de un femicidio por día), y desnuda la desidia sobre la precariedad del problema de vivienda en una zona altamente vulnerable. Lamentamos la muerte de tres adultos y un bebé, vecinos del lugar donde se originó el incendio. Integraban una misma familia y no pudieron escapar del fuego que destruyó las paredes de madera de la habitación adonde vivían. Igual que a fines del siglo XIX cuando se creó el cuartel de Bomberos Voluntarios de La Boca, porque los conventillos se quemaban del mismo modo. Sí, hace dos siglos.

Desde el último censo sabemos que en Buenos Aires hay 700.000 personas con problemas críticos de vivienda: 300.000 viven en villas y asentamientos, mientras que las 400.000 restantes, habitan inquilinatos, casas tomadas y conventillos –como la familia de La Boca-. Frente a esta situación, los planes de crédito ofrecidos difícilmente alcancen para los ingresos que percibe este 25% de la población en riesgo. La Ley 341 de viviendas autogestionadas a través de cooperativas concretó la construcción de 1000 y sólo hay 4 villas en proceso de urbanización, con un salto en el presupuesto de 56 % para ese fin que apareció recién en 2016, después de ocho años de desinterés. Cuando todo eso se ejecute, apenas se habrá resuelto el 10% del problema.

Proponemos desplegar esfuerzos del Estado de modo integral, a través de proyectos paulatinos pero simultáneos, para proveer servicios básicos de agua corriente, cloacas, pluviales, energía, calles y veredas a todas las zonas precarias de la ciudad. Pero sobre todo proponemos ocuparnos de modo firme y sin distracciones. La desigualdad se resuelve con recursos, pero sin ninguna duda también, con sensibilidad social.

 

Por Débora Pérez Volpin
Candidata a primera legisladora de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires por Evolución