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1° de Mayo de 1853 – Día de la Constitución Nacional

El 1° de Mayo de 1853, en el edificio colonial del Cabildo de Santa Fe de la Vera Cruz, veintiséis congresales juraban la Constitución Nacional, que aún rige en nuestro país.  Cuarenta y tres años después de la Revolución de Mayo, la Argentina, que había nacido desde Buenos Aires, lograba organizarse institucionalmente sin Buenos Aires.

Es necesario recordar que los dos congresos reunidos en 1816/9 y 1824/6, propusieron la aprobación de sendas constituciones unitarias, que fueron rechazadas por las provincias existentes hasta entonces. El fracaso de la Liga de los Pueblos Libres, formada por Entre Ríos (que dominaba a Corrientes), Santa Fe y la Banda Oriental, fue un golpe para el ideario federal hacia 1820.

La resolución del conflicto del partido federal entre los apostólicos (seguidores del sistema de caudillos encabezados por Juan Manuel de Rosas, gobernador vitalicio de Buenos Aires) y los dogmáticos o cismáticos (impulsores de la organización institucional del país, liderados por Justo José de Urquiza, gobernador de Entre Ríos), en la batalla de Caseros, abrió la posibilidad de finalizar con la guerra civil, que asolaba, con distintos grados de intensidad, a las provincias argentinas desde 1828, a raíz del fusilamiento de Manuel Dorrego, fundador del Partido Federal.

El triunfador de Caseros, Urquiza, propuso el acuerdo político que inició el proceso de desarrollo político, económico y social que caracterizó a la Argentina hasta 1930. Urquiza se comprometió a dejar de ser caudillo, es decir, someterse a la ley escrita, pidiéndole a las elites liberales unitarias, que aceptaran la condición federal del estado nacional.

Este pacto logró la sorprendente sanción de la Constitución federal, discutida y defendida por los antiguos unitarios, como Salvador del Carril, Juan María Gutiérrez y Facundo Zuviría, que eran mayoría en el Congreso General Constituyente de 1852/3. Salvo la provincia de Buenos Aires, que rechazó formar parte de la asamblea en pié de igualdad con las demás, las trece jurisdicciones restantes dieron forma definitiva a la organización del estado argentino.

El numen jurídico de la Constitución de 1853 fue Juan Bautista Alberdi, quien, a pedido de Urquiza, redactó el libro “Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina”, síntesis extraordinaria de la tradición institucional republicana estadounidense con la impronta ideológica de la Revolución Francesa, plasmada en la jerarquía suprema de los derechos del hombre.

Es destacable que Alberdi, desde su exilio de quince años, haya podido interpretar con claridad y sensatez, el momento político que hizo posible cambiar el rumbo de la historia. Un factor potente que impulsó la aprobación de la Constitución argentina por las legislaturas provinciales fue el discurso pronunciado para la ocasión, en la iglesia matriz de Catamarca por Fray Mamerto Esquiú, que desde entonces es conocido como el “orador de la Constitución”, hecho que paradojalmente ha dificultado su aceptación como santo por la Iglesia Católica, a raíz de su defensa de una ley magna de carácter liberal.

La Constitución Nacional fue reformada parcialmente en 1860, 1898, 1957 y 1994. Entre 1949 y 1955 fue reemplazada por un proyecto que intentó cambiar el perfil ideológico liberal que caracteriza a la Carta Magna argentina. A pesar de nuestras sensaciones, es importante decir que en los ciento sesenta y cuatro años que hoy cumple la Constitución Nacional, ha sido cumplida con un aceptable grado de respeto a su espíritu durante ciento cuarenta años. Esperemos que sean muchos más.

Eduardo Lazzari

El historiador de Buenos Aires