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Invitado

El fin de la Justicia Escondida. Por Alejandro Fargosi.

Hubo otra marcha pidiendo que la Justicia sea realmente activa y termine con la impunidad.

Fue una convocatoria totalmente ajena a los partidos que compiten en las próximas elecciones y como tantas otras, tomó cuerpo en las redes sociales. De manera espontánea, algunos colaboramos personal o electrónicamente, como Marcela Campagnoli, Guillermo Lipera, Javier Campos, Marcela Batalla, Enrique Avogadro, Félix Wax y Gastón Marra, por citar solo a algunos.

Todos lo hicimos privadamente y sin representar a nada ni a nadie.

Acordamos llevar velas, por su simbolismo: luz y paz.

Nació de todos, por consenso espontáneo, que nadie de los organizadores ocupara los micrófonos, porque en estos temas institucionales no debe haber protagonismos ni campañas políticas ocultas.

En su constante generosidad para con todos, ocuparon el escenario Diana Cohen Agrest y Paolo Menghini, demostrando que se puede convertir un inmenso dolor personal en acciones que mejoren a nuestro país.

La gente, sin llevar ninguna bandera política, solo pedía el fin de la impunidad, o sea Justicia. Fue una marcha por Justicia, no contra alguien.

Doloroso que haya que pedir Justicia, algo que no debería ser materia de ningún reclamo, porque merecemos Justicia por el mero hecho de haber nacido bajo nuestra Constitución.

Que pasaba del otro lado? Como reaccionó el Poder Judicial?

Obviamente que nadie esperaba respuestas inmediatas. Pero tampoco nadie esperaba que se cerrase la calle, la calzada, que hasta hacía pocas horas había estado abierta.

Había vallas antimotines, dignas de una manifestación potencialmente violenta y hasta un ómnibus policial con su dotación… Parecía que el Poder Judicial se escondía de personas pacíficas.

¿Qué está pasando? Estamos en el siglo XXI y hay un cambio progresivo de actitud de la gente ante la Justicia. Hasta hace poco los temas judiciales de fondo, estructurales, no eran ni noticia ni escándalo. O quizás, debamos invertir los términos: no eran escándalo y por eso no eran noticia.

La flagrante impunidad -hoy viernes repetida en Boudou- se hizo y hace insoportable.

Las demoras y vicios del sistema judicial ocupan las primeras planas, sea por los malos fallos o antes, por los ataques que sufrían de los “k” los jueces y fiscales buenos, que los hay y son la mayoría.

Desapareció la vieja Justicia, de despachos cerrados, con jueces y secretarios que eran casi inaccesibles hasta para los mismos abogados.

Nadie puede esconderse y todos están forzados a rendir cuentas públicas. Sus caras y nombres son parte de las noticias cotidianas.

Esto es bueno o malo? Incómodo es seguro, porque a pocos les gusta verse expuestos a la luz pública. La privacidad es casi un privilegio y para algunos, un escudo.

Pero el resultado es bueno: cuanto más estemos todos -jueces y fiscales incluidos- obligados a enfrentar las consecuencias de nuestros actos y omisiones, más lejos iremos dejando las oscuridades y arcanos de un mundo judicial del pasado, oculto, con palabras raras, gramática retorcida y lentitudes bíblicas.

Habrá más Justicia en serio.

 

Por Alejandro Fargosi