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El terremoto de México del 19/09/2017. Por Ing. Alejandro Giuliano.

El terremoto de México del 19/09/2017 se produjo por la convergencia de  la placa de Cocos con la placa Norteamericana. La placa de Cocos se está introduciendo por debajo de la placa Norteamericana en un fenómeno conocido con el nombre de subducción. Este fenómeno es el mismo que ocurre en el cono sur de América donde la placa de Nazca –que es el fondo del océano Pacífico frente a la costa occidental de Suramérica- se está introduciendo por debajo de nuestra placa suramericana.

La interacción de la placa de Nazca con la suramericana es la responsable de la generación de los terremotos destructivos en la costa chileno – peruana, pero los terremotos generados son, en general, interplaca (entre placas) esto es, se ubican en la superficie interfase entre ambas placas, mientras que en el caso de México el terremoto fue intraplaca (dentro de la placa de Cocos, a aproximadamente 50km. de profundidad y alrededor de 100 km de distancia de ciudad de México.

Fue un “burla del destino” que el terremoto ocurriera el día del aniversario (32 años) del terremoto de 1985, pero fue una casualidad y no más que eso. Nada tiene que ver con los periodos de recurrencia de los sismos.

El terremoto tuvo una magnitud 7,1, que es una magnitud importante pero no muy elevada comparada con los megaterremotos como el del Maule en Chile, en 2010, que tuvo una magnitud de 8,8, alrededor de 350 veces mayor en términos de energía liberada.

La mayor enseñanza que nos deja este terremoto de México es que nos muestra una vez más que las pérdidas de vida no son consecuencia del fenómeno natural sino de la interacción entre el fenómeno natural y las construcciones vulnerables que hace el hombre.  Desde esta óptica los desastres causados por los terremotos (grandes pérdidas de vida) no son desastres naturales, sino desastres causados por el hombre. Esta es la mirada pesimista, la optimista es que también está en manos del hombre que los terremotos no devengan catástrofes.

La forma de diseñar y construir estructuras sísmicamente no vulnerables, es siguiendo las prescripciones de un reglamento sismorresistente moderno, como en el  caso de la Argentina, el Reglamento Argentino para Construcciones Sismorresistentes, INPRES-CIRSOC 103. Se entiende que una construcción sismorresistente debe ser capaz de resistir un sismo severo sin colapsar, aunque admitiendo daños en sus componentes estructurales y no estructurales, pudiéndose llegar incluso a la demolición después de ocurrido el terremoto. Lo importante es proteger la vida humana.

La gran cantidad de edificios colapsados y la forma del colapso permiten presumir que estos edificios no eran sismorresistentes, esto es, no se habían diseñado y construido siguiendo el reglamento sísmico mexicano último, por lo que, o son muy antiguos o no se respetó la legalidad.

La Argentina está zonificada en cinco zonas sísmicas, de la 0 a la 4, con nivel creciente de peligrosidad. Si bien, la gran mayoría de las provincias han adoptado el reglamento anterior (1991) y algunas el reciente (2013), la gran mayoría –salvo San Juan, Mendoza y Salta – no controlan su aplicación, por lo que su vigencia efectiva es, al menos, dudosa.

Por lo expuesto, esto constituye un serio llamado de atención para la clase dirigente y la comunidad sísmica argentina.

Como dijo el Profesor Frank Press, “Los sismos son eventos raros de baja probabilidad de ocurrencia pero cuyas consecuencias son inconmensurables en términos de la destrucción y el sufrimiento que provocan”.

 

Por Ing. Alejandro Giuliano
Director Nacional INPRES
Académico Correspondiente de la Academia Nacional de Ingeniería