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Invitado

Justicia colapsada.

Ayer 12 de abril, se concretó otro acto frente a Tribunales, reclamando por una mejor Justicia.

Otra vez alguna mano judicial impidió que la reunión fuese frente a la entrada. El año pasado tuvimos que ir a la esquina de Talcahuano y Lavalle y esta vez el palco estuvo en Talcahuano y Tucumán.

Fue una reunión espontánea, originada en las redes sociales y a la que nos sumamos distintas personas y organizaciones a las que nos ocupa y preocupa el drama judicial: Usina de Justicia, el Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires, Diana Cohen Agrest, Daniel Sabsay, Guillermo Lipera, Daniel Roggero, Gustavo Bruzone, Eduardo Gerome, Carolina Píparo, Waldo Wolff, Jorge Enríquez, Graciela Ocaña, Luis Brandoni y muchos otros.

Pero el verdadero protagonismo fue de la gente, expresada gracias a las revolucionarias redes sociales que, aún con todos sus excesos, son una maravilla.

Le pedimos a Daniel Sabsay que fuera el único orador y resumiera cuáles son los pedidos concretos que tienen más consenso:

Debe como mínimo duplicarse la cantidad de juzgados federales penales, para evitar concentrar ese inmenso poder en pocos jueces. Se necesita una ley pero no gastaremos más plata de nuestros impuestos, porque sería federalizar juzgados nacionales que ya existen.

Debe cambiarse el Consejo de la Magistratura, para que sea más eficiente y menos influenciable políticamente. También se necesita una ley y hay un proyecto en trámite, pero que tiene demasiados defectos.

Deben modificarse estructuras procesales en lo penal y en lo civil y comercial, porque la lentitud es incompatible con la Justicia. Trabaja en esto el Ministerio de Justicia y recibe muchas resistencias de algunos sectores judiciales que no quieren cambiar. Nos afecta a todos porque no se trata solamente de temas por corrupción sino de todas las demoras en lo penal, lo civil, lo laboral y lo comercial.

Debe cambiar el eje de la Justicia Penal, actualmente en el victimario, y centrarlo en la víctima. También se está trabajando desde los gobiernos nacional y de la Provincia de Buenos Aires en esto, pero falta un profundo cambio cultural en los sectores garanto-abolicionistas de la Justicia, donde los cambios son tan resistidos.

Debe la Corte Suprema con su inmenso poder, modificar muchos aspectos organizacionales propios y de las áreas que ella dirige.

Deben dictarse leyes necesarias para atacar la base económica de ciertos delitos, como la de extinción de dominio, frenada en el Senado.

Podemos agregar cada uno de nosotros otras propuestas, como por ejemplo ampliar la Corte a 9 miembros, para que no sean solo 3 votos los que puedan decidir cuestiones cruciales para todo el país. Es importante resaltar que la imprescindible estabilidad de los miembros de la Corte implica que si solo 3 forman la mayoría, cambian los tiempos y no la Justicia, porque hoy, por ejemplo, tres de esos jueces llevan más de 12 años en sus cargos.

Debe terminarse con las reelecciones indefinidas de los presidentes de la Corte y de otros tribunales, porque aunque no sean ilegales son incompatibles con el espíritu republicano de la Constitución, ya que no benefician a nadie mas que al eternizado, consolidando situaciones que nunca dan buenos resultados.

Debe sancionarse un Código de Ética Judicial, sea por la Corte como Acordada, por el Consejo de la Magistratura como resolución o por el Congreso como ley: es inconcebible que la labor judicial no tenga parámetros estrictísimos de conducta.

Deben realizarse cursos de perfeccionamiento obligatorios para los jueces, fiscales y funcionarios, desde temas jurídicos hasta temas de conocimiento criminalístico, pasando por economía y otras actividades, porque la enorme mayoría de los jueces solo ha trabajado en la Justicia y carecen de conocimiento vital de los temas sobre los que deben decidir, lo que provoca resultados absurdos y muchas veces sin sentido común.

Debe sacarse de la Justicia las funciones ejecutivas de escuchas e inteligencia criminal, porque la Justicia es la que debe protegernos de los eventuales excesos de esas áreas, y no lo hará si los cometen gente de adentro del Poder Judicial.

Debe … debe … debe… en suma, el Poder Judicial, parte esencial del gobierno tripartito de nuestro país, nos debe demasiado.

Podemos cambiar pero es imprescindible tener el coraje y la decisión de terminar con mitos, privilegios, feudos y reductos de poder que ya nos dejaron afuera del mundo moderno.

Hagámoslo de una vez, y como dice el preámbulo de la Constitución, hagámoslo “…para asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los que quieran habitar el suelo argentino…”

 

Por Alejandro Fargosi