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La Revolución de la Dignidad

La democracia como sistema estable de gobierno en nuestro país es adolescente. Con algo más de tres décadas ininterrumpidas de recorrido, se encuentra plagada de dolores y sismos de diferentes intensidades que constantemente la pusieron a prueba. Más allá de todas las instancias que ha superado, es definitivamente el sistema que hemos elegido para construir nuestro futuro y lo hacemos sobre la base de nuestras diferencias.

Son muchos los instrumentos con los que cuenta la sociedad para indicar sus preferencias, pero el voto, es la herramienta formal con la que los ciudadanos indican el camino que desean transitar.

Desde 1983 hasta nuestros días, el voto popular estuvo muy relacionado al rumbo de la economía y a la prestación de los servicios básicos que le reclama la sociedad al estado. Salud, seguridad y educación; forman parte de las principales demandas a las que se suma el desarrollo de infraestructura básica que permita garantizar niveles mínimos en la calidad de vida de los electores.

San Luis aparece en este escenario como un caso atípico. Las condiciones socio-ambientales de la provincia se encuentran por encima de los indicadores de la mayoría de los estados federales que componen la República Argentina.

Indicadores de desempleo por debajo de la media nacional; trabajadores de la administración pública que cobran, desde hace décadas, sus salarios el último día hábil de cada mes; el acceso a la educación está garantizado – en el último quinquenio no se registraron paros docentes-; un sistema de salud pública que, a pesar de sus falencias, funciona con mejores prestaciones que las que ofrece el sector privado.

A esto se suma el acceso a la vivienda garantizado mediante una política agresiva de construcción de viviendas sociales que realiza el estado; la mayor red de autopistas provinciales del país y el acceso al agua potable, cloacas y a las diferentes fuentes de energías, garantizados a su población.

El modelo de gestión de gobierno, a pesar de haber entrado en decadencia en los últimos 18 meses a partir del abandono de políticas públicas que habían sido ratificadas en la elección de 2015 sobre la base de las promesas de continuidad de las mismas en la campaña electoral de ese año, los parámetros siguen indicando niveles de calidad de vida aceptable para su población.

La expresión popular del pasado 13 de agosto indicó que los sanluiseños quieren un cambio para el futuro de su provincia. Los ciudadanos le propiciaron una dura derrota al partido de Adolfo y Alberto Rodríguez Saá. Fue la primera vez desde el retorno de la democracia que estaban los dos hermanos como candidatos integrando la oferta electoral, fue la primera vez que pierden juntos una elección.

En un país donde el voto está atado a la exigencia de los ciudadanos por el respeto a los derechos básicos, en San Luis, sus habitantes, elevaron la vara y fueron por el pedido del respeto de los denominados derechos humanos de tercera generación. Derechos económicos, culturales, sociales y en especial, civiles y políticos.

El voto del sanluiseño fue un voto evolucionado, un fuerte mensaje destinado a una familia gobernante que perdió de vista el respeto a las libertades individuales, un pueblo que elige expresarse libremente esperando que esto no implique consecuencias en sus derechos sociales ni económicos. Es el pedido de una justicia independiente de los poderosos, es la elección de la verdad por encima de la mentira permanente. Es el pedido de cuidar a la paz social como un valor innegociable.

El elector demandó mayor cercanía a sus gobernantes y calidad institucional. En una provincia sin los conflictos relevantes en la gestión, aparece la exigencia de calidad institucional. Con el voto de las PASO de agosto, se comenzó a ponerle fin al modelo de una familia gobernante que busca seguir perpetuándose en el poder por 10 o 20 años más, con el único objetivo de tener el poder por el poder en sí mismo.

Poco importó el intento de último momento de salir a comprar voluntades inundando de prebendas y planes sociales a los más vulnerables. Si la democracia es el único sistema político que nos garantiza una revolución, en San Luis, su gente, mediante los resortes que otorga la democracia, comenzó con la Revolución de la Dignidad.

 

Por Claudio Poggi
Candidato a Senador por la Provincia de San Luis