Santo en la Web y en la Red
Invitado

Las nuevas tecnologías y la democracia.

El buen ejercicio de la gestión política consiste en utilizar los medios disponibles de una sociedad en  beneficio de todos aquellos que la componen. Uno de estos medios es – sin duda – la informática, una herramienta indispensable en todos los quehaceres de la vida humana del siglo XXI.

No es novedoso decir que el sistema eleccionario con  boletas de papel, algunas extraordinariamente extensas como ya experimentamos, son una representación del pasado. Por ese motivo, desde el Poder Ejecutivo Provincial, mediante el proyecto de reforma elevado a la Legislatura el 1 de marzo de 2016,  proponemos una reforma política que incluye, entre otras innovaciones, la incorporación  de tecnología al momento de votar. Se trata de la Boleta Electrónica (alguna veces mal denominado “voto electrónico”), que consiste en reemplazar las tradicionales boletas de papel por una pantalla de computadora, en la que aparezcan todas las opciones electorales, y en la que el votante elija a sus candidatos, clickée, imprima su voto en papel y lo deposite en una urna como siempre lo hizo. La gran diferencia está en la trasparencia, la agilidad y la comodidad del sistema. No es posible dudar del mismo, cada votante imprime su voto, lo ingresa en la urna, y al final de la elección se cotejan los votos constatados por la computadora con los emitidos en papel.

No se trata de una decisión improvisada, por el contrario, es el resultado obtenido después de numerosos debates con académicos, dirigentes políticos de distinta orientación, desarrolladores y especialistas informáticos, además del análisis de las experiencias alcanzadas por otros países y  otras provincias argentinas. A una conclusión similar arribaron dirigentes nacionales que impulsan una reforma política con una orientación acorde a  la nuestra.

Es bueno recordar la exitosa experiencia de Ushuaia  del año 2003. En aquella ocasión los ushuaienses pudieron elegir a sus autoridades municipales utilizando, por primera vez en Argentina, este novedoso sistema. Cabe recordar que en aquella oportunidad, la complejidad del sistema electoral (voto a intendente mediante elección directa, y voto a concejales de la ciudad por representación proporcional con sistema de preferencias), ofrecía no sólo el desafío de la innovación, sino la necesidad de resolver esa “complejidad” de manera segura y trasparente dado que en las elecciones anteriores, las autoridades habían pasado días enteros contando preferencias boleta por boleta.

Los resultados de aquella innovación no solo fueron los esperados sino que fueron, además,  inobjetables: no hubo reclamo  alguno ni por parte de los apoderados partidarios, ni  de los candidatos que compitieron, ni de los veedores que asistieron.

La ciudadanía aprobó  la experiencia, adaptándose fácilmente al nuevo sistema, a pesar del temor acerca de las habilidades para el uso de la tecnología  de las personas de mayor edad, mucho menos habituadas al uso de las nuevas tecnologías que en la actualidad.

No cabe duda que la calidad de  la democracia y la transparencia de su ejercicio pueden mejorar y profundizarse con la utilización de las innovaciones  y herramientas propias de los tiempos que corren. Desde hace  ya muchos años todas las organizaciones, instituciones,  empresas, etc, se han adecuado y modernizado, utilizando las herramientas tecnológicas en su labor cotidiana para mejorar la calidad de sus objetivos.

A modo de ejemplo, basta  mencionar cómo bancos, empresas e instituciones financieras, grandes organizaciones globales, organizaciones de la sociedad civil, universidades, instituciones tecnológicas y otras  utilizan a las tecnologías con estándares de seguridad acorde a los intereses que defienden. ¿Por qué no podríamos nosotros, como Estado, garantizar el derecho ciudadano más trascendente, el de elegir a las autoridades, mediante  el voto secreto y a través de un mecanismo rápido, seguro y confiable?

El sistema de votación con las tradicionales boletas de papel está obsoleto, y contribuye a perpetuar  algunos  de los vicios del sistema de votación que utilizamos desde hace  más de 100 años, y que ha provocado numerosas controversias y dudas,  perjudiciales  para el sistema.

La reforma que estamos promoviendo,  debe ser segura y confiable, tanto para quienes eligen como para quienes son elegidos. Por eso se prevén los mecanismos de fiscalización y control que impidan cualquier distorsión.   La democracia fue recuperada por todos los argentinos en 1983, ahora debemos profundizarla, hacerla aún mejor, y para eso es indispensable contar con un sistema de elección que garantice  la seguridad y la transparencia de los comicios.

Rosana Bertone
Gobernadora de la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur