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No hay nada nuevo bajo el sol. ¿Bajó la pobreza? Por Claudio Lozano.

El gobierno busca presentar los recientes resultados de pobreza e indigencia como un éxito de la actual gestión. Sin embargo, estamos frente a una pobre lectura que vuelve a eludir un debate en profundidad respecto al problema más grave y urgente que atraviesa la Argentina: la pobreza. Hablar en serio implica considerar que se toma como punto de partida el año del golpe distributivo y por lo tanto, de mayor deterioro de las condiciones de vida, siempre arrojará resultados optimistas: Por lo tanto, cualquier conclusión que derive en una mejora en las condiciones de vida sobre la base de una comparación que se vincule con el 32,2% (del II trimestre 2016) o el 30,3% (II semestre 2016), sin considerar las condiciones de ajuste que estos números contienen, es sesgada e imprudente.

La falta de oportunidades laborales motivaron estrategias de autoempleo precarias y trabajo clandestino durante el 2017 que amortiguaron el empobrecimiento. El escenario laboral del año 2016 se revierte en el año siguiente, frente al cuadro incesante de inflación que acarrea mayores necesidades de ingresos de los hogares. Este marco impulsó una mayor predisposición hacia la inserción en trabajos informales.

El año 2017 fue un año de recuperación de la actividad económica respecto al período anterior que tuvo como correlato un efecto (acotado) en los ingresos de los hogares.  El impacto en los ingresos percibidos por los hogares que esta recuperación generó, en el marco de la desaceleración de precios, redundó en una tibia recuperación real de algunos conceptos que venían en picada del año anterior.

La caída de la tasa de pobreza se verifica sólo en el III trimestre del año 2017 vislumbrándose una perspectiva de aumento del empobrecimiento ya en el IV trimestre 2017 con tendencia ascendente para el año 2018. La tasa media de pobreza del 2do. semestre del año 2017 esconde tendencias contrapuestas respecto a la evolución de las condiciones de vida de los dos últimos trimestres. El 25,7% es el resultado de una tasa del 25% en el III trimestre y del 26,4% en el último trimestre del año. De esta manera, y en el marco de un renovado  esquema de aumentos tarifarios y de servicios básicos, el último dato de pobreza del año pasado representa el prolegómeno de lo que vendrá: un mayor empobrecimiento de la población. Desde diciembre rige el nuevo cuadro tarifario de luz y gas, a lo que se suman los recurrentes aumentos en combustibles, la medicina prepaga y el aumento del transporte público. Por otra parte, el efecto inflacionario, en los últimos meses, de una corrección al alza del tipo de cambio que supera los $20 configura un escenario de inexorable deterioro en los ingresos de la población. Más aún, la perspectiva para el año en curso, en base a la manifiesta estrategia oficial de cerrar acuerdos salariales con aumentos cercanos al 15% a pesar de las correcciones en las metas de inflación que llevan la inflación en torno al 20%, es que el nivel de pobreza e indigencia tiendan lamentablemente a agravarse. Asimismo, los cambios introducidos en la fórmula de movilidad que actualiza el grueso de las prestaciones sociales, imprimirá el mismo destino desafortunado para el resto de los conceptos de ingresos de la población más vulnerable (recordemos que a pesar de los dos primeros aumentos del año, correspondientes al mes de marzo y el proyectado junio, el ingreso real de las prestaciones acumula una pérdida cerca al -6,4%).

Por lo tanto, el carácter excepcional del año 2017 parece no tener continuidad en el 2018, que no será un año electoral y todo indica que sendero de ajuste iniciado en el 2016 será retomado.

Por Claudio Lozano
Coordinador del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPYPP)