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“TODOS HABIAN VISTO. TODOS HABIAN ESCUCHADO.” Cómo se investigó el Caso Grassi.

Por Miriam Lewin.
Periodista de Telenoche Investiga

La investigación empezó de manera fortuita cuando en el Diario de Morón el periodista Miguel Jorquera entrevistó a Monseñor Laguna. Recuerdo que en esa nota había un recuadro en el que se lo interrogaba al entonces Obispo de Morón, sin dar demasiadas precisiones, sobre una causa judicial que pesaba sobre el sacerdote Julio César Grassi por abuso sexual. Con el equipo de investigación, inmediatamente empezamos a prestar atención a esta cuestión.

En coincidencia, y de manera sorprendente, en el contestador automático del programa Telenoche Investiga, empezaron a llegar denuncias de personas que habían pasado por la Fundación Felices Los Niños. Algunos eran profesionales, otros profesores, empleados, ex empleados y padres de chicos que habían pasado por ahí.  Todos mencionaban la misma cuestión: la práctica del cura Grassi de privilegiar a un adolescente, casi niño, darle un teléfono celular, sacarlo a pasear en la camioneta, sacarlo de clases y llevarlo a dormir con él, llevarlo a los programas de radio y a la tele.

En principio nos resultaba imposible pensar que una persona con una imagen pública tan impoluta, que se codeaba con políticos, que transitaba los almuerzos de Mirta Legrand, programas de televisión, a la que le donaban los escritores los derechos de sus libros y los cantantes los derechos de sus temas y hasta organizaban recitales a beneficio de la Fundación tuviera un comportamiento sexual perverso. Pero también nos llamaba la atención que los denunciantes no se conocieran entre sí. Habían trabajado en la Fundación en tiempos diferentes, algunos en 2002, otros en los 90´ cuando la Fundación recién empezaba a funcionar. Los terrenos en los que funcionaba el Instituto Forestal Nacional, en Hurlingham, le fueron quitados y cedidos a Grassi para su fundación. Era una época en la que Domingo Cavallo creaba pobres y Grassi los recibía: el superministro garantizaba los recursos para Felices Los Niños. Era el gobierno de Carlos Menem.

De a poco fuimos entrevistando gente que nos fue contactando con chicos que habían pasado por la Fundación pero todos tenían la misma postura o hacían el mismo relato: “yo vi cuando Grassi ponía a un chico sobre sus rodillas”, “yo vi cuando le metía las manos debajo del pantalón”, “yo lo vi darle un beso en la boca a un chico”, “yo supe que dormía con un chico en una especie de suite nupcial que tenia al lado de su habitación”.  Todos habían visto. Todos habían escuchado. Todos habían sido testigos pero a ninguno le había pasado. O por lo menos no lo admitían.

Con el tiempo nos dimos cuenta de que esta era una típica reacción de autoprotección de los chicos que no podían asumir haber sido abusados por el sacerdote, que temían ser estigmatizados por los demás que les decían: “vos sos la novia del cura” o “vos sos la mucamita del cura”.

Nos costó muchísimo conseguir el primer testimonio. Recorrimos con nuestra compañera Irene Bais, muchos barrios del conurbano y nos entrevistamos con muchos pibes que habían pasado por la Fundación, y que sabíamos que habían sido abusados porque nos los habían señalado, pero ninguno quería admitirlo. Pero uno de esos tantos chicos, volvió seis meses después. Era Gabriel, quien había negado ser una víctima directa y había dicho ser testigo del abuso de otros chicos.

Con Irene, le habíamos conseguido un lugar donde vivir, dónde según sus propias palabras, le habían restituido su dignidad. Se sentía angustiado y un psicólogo de allí le dijo que si guardaba algún secreto que lo afligiera tenia que contárselo a alguien a quien le tuviera confianza.

Gabriel volvió seis meses después buscando en quien confiar. Volvió para decirnos que no nos había dicho toda la verdad, que en realidad él había sido abusado por Julio César Grassi.

Fue así cómo empezó este larguísimo proceso que ya lleva 15 años y que todavía continúa a nivel judicial y eclesiástico. Por un lado, la defensa pretende solicitar la libertad del sacerdote aduciendo que ya cumplió con los dos tercios de la condena. Por el otro, se activa con fuerza el pedido, que ya trascendió las fronteras de nuestro país, de expulsar al cura de la Iglesia de Roma. La decisión ahora queda en manos del Papa Francisco.