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Invitado

Una Moncloa a la criolla

Durante la transición democrática a fines de los setenta, España firma un par de acuerdos en torno a un programa de reforma económica, jurídica y política, que fueron apoyados por el Gobierno, el Congreso, los principales partidos políticos, las asociaciones empresariales y los principales sindicatos. Se firmaron en el Palacio de la Moncloa, y pasó a convertirse en un ícono de acuerdo nacional.

Muchas de las naciones que prosperan poseen entre otros el atributo de haber podido acordar un proyecto nacional que represente y contenga las fuerzas políticas, los sectores vinculados al capital, a la fuerza del trabajo y a los intelectuales. Esto funciona en el mundo y de hecho algunas veces funcionó en la Argentina. La base de esto es el diálogo y un interés general representado por algo indispensable en este esquema: “la Nación”.

En general son las coyunturas complejas las que empujan a apelar al diálogo, y es esto lo que creo está madurando en el país; más allá de las diferencias, las partes nos estamos acercando, y es bueno en términos políticos y sociales para Argentina.

Es cierto que dialogar es central en todo espacio de acuerdo, aunque también es cierto que requiere del esfuerzo de las partes: para dialogar no alcanza con la voluntad de uno, es en todos los casos mérito y ejercicio de las partes. También requiere responsabilidad y equilibrio, no se puede dialogar razonablemente con quien no tiene nada por perder o con quien ya ha ganado todo.

Argentina tiene desafíos que requieren diálogo y acuerdos programáticos de mediano y largo plazo en torno a temas centrales como la matriz energética, el modelo de educación, o el sistema de justicia. Estos son algunos de los pilares del desarrollo, sin energía, sin educación de calidad y sin justicia no hay bienestar, no hay distribución y no hay desarrollo.

Acuerdo político de largo plazo, una especie de “Moncloa a la criolla” con una agenda que sea de ida y vuelta, que exprese derechos y anhelos, pera también responsabilidades y obligaciones de las partes. Debemos ser capaces como dirigencia política de acordar lo central, no solo por la necesario y urgente en términos de necesidades sociales, no solo porque nos lo demanda la sociedad, sino como camino de reconciliación de la política con la sociedad. Paz, bienestar y progreso son los legitimadores del sistema político, y es a lo que debemos aspirar como dirigencia.

Esto es posiblemente el gran desafío de la Argentina: encontrar el espacio para dialogar con compromiso y responsabilidad con la mirada puesta en el largo plazo, buscando alcanzar el consenso o cuando menos administrar el disenso.

 

Por Sergio Uñac
Gobernador de la provincia de San Juan