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domingo 16 de junio, 2019
Invitado

WALDO WOLFF. Asesinaron al fiscal Nisman. Yo fui testigo.

Lo expresé en varias oportunidades “este libro no lo escribí, lo viví”. Y seré más contundente: Nisman me atravesó. No fue el asesinato solamente, fue la persecución anterior y la impunidad posterior.

El asesinato de Nisman me proporcionó una mirada nueva. Fue un prismático: a través de él pude redimensionar la realidad. Todo apareció obvio y exacerbado: tanto las miserias como las virtudes que tenemos como sociedad.

En este libro los hechos son soberanos y voy de uno en otro ofreciéndole al lector los datos probatorios y también mis opiniones. Recorro desde la firma del Memorándum con la República Islámica de Irán hasta el asesinato del Fiscal Nisman. Me detuve en la relación entre el poder político judicial y los servicios de inteligencia, y cuento el modo en que el gobierno anterior persiguió a todos los que pensábamos distinto y a mí además me persiguieron por judío. Nunca ningún gobierno hostigó a la dirigencia de la comunidad judía y a los intelectuales como el de Cristina Fernández de Kirchner.

Demonizar a la víctima, difamarla, que un Juez te intimide, que te acusen de ser agente del Mossad (servicio secreto israelí), que te armen una causa absurda de traición a la patria, la impericia en la investigación de una muerte, la confirmación del asesinato y el discurso posterior tergiversado y manipulado son apenas algunos de los íconos a los que les di voz en este libro. Hay muchos tipos de denuncia. Yo hice todas las debidas donde corresponde porque soy un demócrata y creo en las instituciones. Además sentí la necesidad de dejar testimonio para que a nadie le vuelva a suceder.

Dejar testimonio es un acto democrático y constructivo. Sin ser mi tarea, sin ser periodista, pero ante la impunidad de la construcción informativa disfrazada de verdad sentí la necesidad de informar, de contar, de mostrar. Y lo hice con honestidad intelectual, con ayuda, con investigación, lo hice con trazos gruesos y finos, lo hice ofreciendo lo que dicen las pericias, lo que dicen los Jueces, los Fiscales, los testigos, lo que dicen los hechos.

Lo hice porque no podía dejar de hacerlo, porque no soy cómplice de la mentira, porque la mentira pública en manos del poder es impunidad, es falta de respeto, es desconsideración y desdén por el ser humano crítico y pensante.

Los hechos dijeron cosas diferentes a las que contaron algunos funcionarios y algunos medios. Ellos dijeron que Nisman no escribió la denuncia, que volvió de improviso, que se emborrachó, que buscó la palabra “psicodelia” en Google, que apagó el celular, que era un vago, que estaba loco, que usaba plata de la UFI para gastos personales, que tenía una relación íntima con Lagomarsino, entre muchísimas cosas más.

Lo que no dijeron es que su denuncia hasta hoy arrojó 12 procesados, que le inyectaron ketamina, que le rompieron la nariz, que lo mataron a sangre fría, que agonizó en un baño en el que limpiaron las partes que no servían a su falso relato de suicidio, que también limpiaron el departamento, y sacaron todas las huellas incluso las de Nisman que vivía ahí y que tocaba sus cosas, por ejemplo su celular que era táctil. No dijeron que su exmujer realizó 4 llamados para que la esperaran para la autopsia que hicieron sin peritos de parte y sin audio, no dijeron que en la pericia psicológica por unanimidad se determinó la plena salud mental del Fiscal, no dijeron que los peritos oficiales tomaron las huellas digitales sin guantes, sin cubre zapatos, sin cofias, sin vallar la zona, sin secuestrar los platos ni las llaves ni la ropa sucia, sin hacer inventarios, sin peritar su camioneta, sin tomar declaraciones a los vecinos y foliando con lápiz negro las actas oficiales. Tampoco dijeron que tras el asesinato tuvieron que sumar 20 personas más aproximadamente a la Fiscalía y que en la auditoría no faltó un solo peso.

Fueron absurdos los asesinos y grotescos quienes levantan ese relato como cierto. A alguien -a muchos- les convenía ese final de la historia, el del suicidado. Pero esa historia no terminó porque despertó a muchos argentinos, porque muchos comprendimos que nos quieren ignorantes y callados. Pero nosotros hacemos respetuosos silencios ante la muerte y peleamos por la vida con nuestras palabras.

Por Waldo Wolff y Delia Sisro

Waldo Wolff

Diputado nacional por la Provincia de Buenos Aires


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