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Lo Que Hay Que Saber

El show del papelito en el Congreso. Por Claudio Lozano.

El show del papelito protagonizado por Caputo – Cerruti y los compromisos que atan y limitan la lengua de varios de los legisladores que intervinieron, permitieron que Caputo se fuera de la Comisión Bicameral sin grandes inconvenientes. Frente a la denuncia que había circulado basada en información de la SEC, respecto a que él era dueño de Princess International Group y, por esta vía, dueño de entre el 50 y el 74% de otra off shore (Affinis Partners II) radicada en las islas Caiman y dueña de Noctua, gerenciadora de Fondos de Inversión radicada en Delaware y Miami, Caputo contestó que él nunca fue propietario ni accionista de sociedades off shore creadas para administrar Fondos en paraísos fiscales. Esta respuesta hubiera sido contundente si no fuera porque la acompañó de dos aclaraciones. La primera, afirmando que si bien no era el propietario, sÍ cumplía el papel de “TENEDOR FIDUCIARIO DE PRINCESS INTERNATIONAL GROUP “. Y la segunda, su reconocimiento y defensa del papel que cumplen las sociedades off shore en el mundo de los negocios habida cuenta del carácter neutro que estas tienen en términos tributarios y su relevancia como cajas de Seguridad. Pues bien que es un Tenedor Fiduciario alguien que en confianza de otro administra lo que es de otro. En buen romance Caputo reconoció que el si bien no era propietario de Princess, era un hombre de confianza de Princess!!! Y que en nombre de esa confianza era tenedor de sus activos y los administraba!!! Y como las sociedades off shore son necesarias para los negocios (para eludir impuestos y ocultar patrimonios) trabajaba con Affinis Partners y con Noctua. Empresas estas que se beneficiaron de la gestión de Caputo al frente de las finanzas del país tanto por el modo en que se aceptó pagarle a los Buitres como por determinadas emisiones de bonos de la deuda Argentina que fueron compradas por dichas empresas. Es decir, Caputo puede tratar de sortear los problemas legales (penales) resultantes de no haber declarado ser propietario de Princess, pero lo que confirmó al reconocerse como tenedor fiduciario de la misma es que efectivamente el trabajó para los intereses y defendiendo los intereses de dicha empresa. Es decir que claramente estuvo siempre de ambos lados del mostrador y este es el punto que cuenta para lo que se está discutiendo y lo que explica la funcionalidad de las estrategias financieras de Caputo para con las citadas empresas. Lo reconocido por Caputo puede evitar una condena en sede judicial (si es que es cierto y la SEC no ratifica su información) pero basta y sobra para que el Parlamento, si tuviese un poco de dignidad, por unanimidad le pidiese la renuncia. Es más, Caputo mintió descaradamente cuando quiso eludir el direccionamiento de la emisión del Bono a cien años aludiendo a la transparencia de los Bancos colocadores. Bancos que no surgieron de licitación alguna y que fueron puestos a dedo por el mismo señor Caputo. Es más, intentó convencer de su honestidad diciendo que había resignado una ganancia millonaria al vender sus posiciones de dólar futuro. Lo que no dijo es con que amigo compartió esas ganancias convocado por el a compartir sus posiciones. En suma, Caputo reconoció que siempre estuvo de los dos lados del mostrador (representante de un Estado deudor y representante de sus acreedores) y, sin embargo, seguirá gestionando nuestra deuda, es decir endeudándonos, en el marco de este superlativo conflicto de intereses.

Como si esto fuese poco, Caputo dio respuestas absolutamente inconsistentes y falaces. Interesa destacar fundamentalmente dos. Sostuvo el virtuosismo de su gestión en el supuesto hecho de que la deuda emitida por el Gobierno actual venía a refinanciar vencimientos a una tasa menor. Por ende, intento decir que estaba mejorando el perfil de la deuda. Lo que no aclaró es que eso sería así, si el gobierno estuviese amortizando con nueva deuda los vencimientos de capital de deudas anteriores. El punto es que eso no es lo que ocurre. El gobierno está también tomando deuda para pagar intereses de la vieja deuda que no puede afrontar. Por ende renueva el capital adeudado y amplía el endeudamiento por los intereses impagos a una nueva tasa de interés. En ese marco no hay mejora alguna sino el agravamiento de un problema ( el endeudamiento) que hace rato que no se soluciona, que desde su origen y por su origen siempre ha sido impagable, que no puede afrontarse sin cuestionar el endeudamiento y recuperando soberanía, que carece por tanto de solución financiera, que exige decisiones políticas que jamás se adoptaron en la etapa democrática y que comprometen de manera directa o indirecta a buena parte de los legisladores que integran la Comisión Parlamentaria que recibió a Caputo.

La segunda falacia e inconsistencia del Ministro estrella tuvo que ver con sus afirmaciones respecto a que el endeudamiento era parte de un proceso de transición donde gradualmente, al ir bajando el déficit fiscal, el gobierno iba a dejar de endeudarse. Dos graves cuestiones omitió Caputo. Primero, si hoy Argentina no tuviese déficit fiscal debería endeudarse igual. ¿Por qué? Porque tiene un déficit monumental en sus cuentas externas. Déficit en su balanza comercial, en su balanza de turismo, en el pago en dólares de los intereses de la deuda pública, en la fuga de capitales y en la remisión de utilidades, pago de servicios y royalties. En suma, hoy las exportaciones argentinas solo cubren 6 de cada diez dólares que Argentina necesita. Hay un agujero de casi 40.000 millones de dólares que se cubre con 30000 millones de nuevo endeudamiento e inversiones de cartera especulativas. Pero además, la afirmación de que el gobierno está cumpliendo con las metas de reducción del déficit raya con la estupidez. Mientras ajustan para tratar de reducir el denominado déficit primario, se les expande por los intereses de la deuda el denominado déficit financiero total. Es más, hoy los intereses de la deuda ya representan más de la mitad del déficit total. En concreto, la deuda financia el déficit mientras este se expande al compás de la deuda. Tautología ramplona en la que se sostiene la política en curso.

En síntesis, las afirmaciones de Caputo confirman que nuestros intereses como deudores están “defendidos  por un hombre de confianza de nuestros acreedores.” Razón por la cual al hablar de la deuda justifica de manera absolutamente inconsistente, un dispositivo de política económica que recurre, en forma permanente y exponencial, al endeudamiento.