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“AL PAN, PAN Y AL VINO, VINO”

“Una buena jugada por favor…por lo menos una. Es lo que pido para ser feliz por lo menos por un rato”. Con su sonrisa irónica y su mente brillante Eduardo Galeano expresaba su plegaria agnóstica por una buena jugada de fútbol para mimar a su espíritu libre e incorruptible. Fiel a su pasión por Nacional de Montevideo. Fácilmente emotivo ante una gambeta magistral de Diego y simpatizante, a fuerza del talento de Messi, del Barcelona catalán.

Ese mismo pedido, pero en el sentido de poder debatir ideas, es posible que nos congregue.

Carecemos de cotejar distintos pensamientos sobre nuestras realidades. Observar, pese a todas nuestras diferencias, como somos capaces de construir el futuro de nuestros hijos mientras se acrecientan los temores de lo que deban enfrentar nuestros nietos. Nos sobran insultos, difamaciones y autoritarismo de distintas naturalezas ideológicas. Hoy por hoy el que piensa distinto es un  “enemigo”. Se retrocede con rapidez y se pone en vigencia aquella versión nefasta de que  “no hay mejor enemigo que el enemigo muerto”. No se pide ajusticiar por las armas pero si aniquilar el derecho a pensar libremente y a exponerlo también con libertad.

El punto final clausura toda posibilidad de debatir. Forzar para quebrar esa frontera convierte a cada ciudadano en un transgresor insoportable. Al ser declarado “políticamente no correcto” es sometido al escarnio público enrolándolo al muestrario de calificaciones que van desde la madre que lo parió hasta el más novedoso descubrimiento que haya aportado la patología de la “coprolalia” conocida o por conocer. Todo vale. Hay que tener “códigos”, como tiene la mafia. Los principios no cuentan. Al “diferente” hay que segregarlo. Se erigen como “dueños” de la verdad. Sin pudor la inscriben a su nombre. Los “otros” quedan afuera.

Cuando una sociedad no confronta ideas, marcha inexorablemente hacia su derrota. Son demasiados los “puntos finales” que tenemos en nuestra historia.

Quedarse empantanado en solo brindar el diagnóstico no ayuda. Hay que buscar el remedio para cada uno de nuestros males, que son muchos.

Ninguno de nosotros, piense como piense, ignora que el futuro de nuestros hijos y nietos está en peligro. El presente nos agobia, pero si miramos un poco más lejos estamos al borde un ataque de pánico. La mayoría de nuestros dirigentes han puesto lo mejor de su empeño en “empeñarnos” por generaciones. Pero no todo está “podrido” como en aquella Dinamarca de Shakespeare. Lo que está “podrido” entre nosotros, está muy podrido y huele tan mal que no hay nariz que aguante.

Ninguno partido político en soledad puede otorgarnos ni una mísera garantía de que detendremos esta  marcha a profundizar “nuestra decadencia”. No merecemos este presente, pero carecemos de la valentía de “mezclar y dar de nuevo”. Si no lo aceleramos, seremos hacedores de muchos discursos y “pocas nueces”.

Es ingrato reconocer que con tantas mujeres y tantos hombres capaces, con tanta gente decente, nos dejamos arrinconar por inescrupulosos que arrasan con todo. Insaciables de poder, sobre todo del poder quedarse “con todo” y dejarnos como Adán y Eva en el Paraíso.

No es demagogia fácil. En la Argentina son más los honestos. Los inmorales no nos han “igualado”, como profetizaba el gran Discepolín, nos están ganando. Son minoría pero mucho más activos.

Les guste o no, nuestros dirigentes tienen entre otras obligaciones que lograr acuerdos para elaborar políticas de Estado que supere su circunstancial paso en la administración de la “cosa pública”.

No hay que confundir con meras negociaciones para ganar elecciones o participar en la “comilona” de la corrupción hasta quedar empachados.

Ninguno de nosotros, no importa cuántos cumpleaños contemos, dejó de advertir los cambios profundos que se han producido. Las nuevas tecnologías nos han  incluido en una nueva era. Los jóvenes nos marcan todos los días nuevas posibilidades. La era digital nos mostró otras límites y otros desafíos.

Usemos estas “herramientas” para aportar, pero con modestia. Los que insultan, difaman u ejercen su autoritarismo, tienen a su disposición otras páginas donde son privilegiados por su soberbia.

Bienvenidos a ¨Tribuna Abierta¨.

Recordando a Eduardo Galeano con emoción y sin ocultarlo. Una idea por favor…por lo menos una. Es lo que pido para ser feliz por lo menos por un rato.

Santo