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viernes, 10 de julio de 2026
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Arzobispo García Cuerva. Acusó a los que se esconden “en cuevas de corrupción” para volverse ricos.

 Leyó su homilía por el 9 de Julio frente al Presidente en la Catedral Metropolitana

El presidente Javier Milei participó del tradicional tedeum del 9 de Julio en la Catedral Metropolitana, junto a su gabinete en pleno, sin ausencias.

El arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, pidió por la unión de los argentinos y acusó de modo general a los que se esconden “en cuevas de corrupción” para volverse ricos.


En medio de su homilía, García Cuerva aludió al fervor mundialista e hizo suyas palabras del capitán del seleccionado argentino de fútbol, Lionel Messi, que en 2022, tras ganar aquel mundial, apeló a construir “un sueño colectivo y valorar que el trabajo sea en equipo”.


Tras la lectura del Evangelio (eligió el pasaje del buen samaritano), García Cuerva arrancó con una crítica general a las divisiones y la corrupción, evitando confrontar de modo directo. “A veces, como sociedad argentina, recorremos caminos peligrosos, no por cuestiones geográficas, sino porque no nos llevan a ningún buen lugar, o nos meten en laberintos sin salida […] Caminos en los que algunos aprovechan para dividirnos, para enfrentarnos, robándonos las esperanzas de salir juntos adelante, escondidos, en todas las épocas, en cuevas de corrupción, haciendo que los pobres sean cada vez más pobres, y ellos, escandalosamente, cada vez más ricos”, sostuvo el arzobispo porteño.

La apelación a la unidad de García Cuerva llegó al cierre de la homilía, cuando dijo: “Que este 9 de julio nos comprometamos a caminar unidos hacia un desarrollo integral que tanto anhela nuestro pueblo, que lo hagamos construyendo puentes donde algunos quieren levantar muros, con gestos concretos de cercanía y de acogida con los heridos de la vida, escuchando su clamor y convencidos de que Argentina necesita de todos, porque nadie es descartable, todos somos importantes”.

En el mismo sentido, García Cuerva recordó que Messi había destacado que “el grupo está por encima de las individualidades” y elogiado “la fuerza de todos peleando por un mismo sueño”.

En una alusión concreta a quienes sufren, García Cuerva volvió a hablar de los discapacitados, que fueron un tema central de su homilía del 25 de mayo y cuyas familias mantienen fuertes reclamos contra el Gobierno por los recortes de fondos. Hoy, destacó la necesidad de “invertir en los más débiles”, como pide la parábola. “También hay ejemplos actuales -advirtió-: como cuando vemos que algunos centros de discapacidad tienen muchos trabajadores en proporción a las personas que atienden, y a priori se puede pensar que es un despropósito”.


En su lectura frente al Presidente, García Cuerva volvió a hacer hincapié, como el 25 de mayo, en la cuestión social y la solidaridad para con los más necesitados. El arzobispo usó como referencia la parábola del buen samaritano, un muy famoso pasaje del Evangelio que relata que en medio de un camino peligroso yacía un hombre que había sido herido por unos ladrones y que solo el samaritano se detuvo para ayudarlo, mientras el sacerdote y el levita que habían pasado antes siguieron de largo.

“Ante el dolor, ante tantas heridas, la única salida es ser como el buen samaritano. Toda otra opción termina o bien del lado de los salteadores, o bien del lado de los que pasan de largo, sin compadecerse del dolor del herido del camino”, resaltó García Cuerva.

“Es por ello que todos los días enfrentamos la opción de ser buenos samaritanos o indiferentes viajeros que pasan de largo“, resaltó García Cuerva.

El arzobispo pidió a Dios “que nos independice de la indiferencia y la insensibilidad frente a los que sufren: los heridos del camino de la vida, los enfermos, los jubilados, los adolescentes y jóvenes víctimas del negocio de los narcotraficantes, los desocupados, las personas con discapacidad”. Frases que luego matizó, afirmando que “esta realidad no es nueva y duele hace años”. Y pidió, siguiendo el ejemplo del buen samaritano, “detenerse, conmoverse, abajarse, llorar ante el dolor de otros”.

“Quien se deja llevar por esta dinámica de compasión y de misericordia, comienza a vivir de un modo diverso, a ser ciudadano de un modo diverso, a trabajar de un modo diverso”, afirmó García Cuerva en sus catorce minutos de homilía.


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