Hay dos detenidos
La Justicia reveló un detalle que estremece: después de matar al remisero Eduardo José Gómez para robarle, los delincuentes usaron su celular. Fingieron ser la víctima para darle tranquilidad a su mujer mientras el hombre agonizaba en la vereda.
“Sí, llegué bien”, esas palabras aparecieron en la pantalla del celular de la pareja de Gómez . Ella, preocupada por la inseguridad de la zona, le había escrito para confirmar que estuviera a salvo en la remisería.
Lo que no sabía, y que la investigación del fiscal Adrián Arribas terminó de confirmar, es que esa respuesta no la escribió Eduardo: la enviaron sus propios asesinos desde el teléfono que le acababan de robar tras gatillarle a quemarropa.
Mientras el remisero de 47 años quedaba gravemente herido los atacantes se tomaron el tiempo de leer los mensajes familiares y contestar para simular normalidad. El engaño buscaba ganar minutos valiosos de huida, evitando que la familia saliera a buscarlo o diera aviso a la policía al notar que no respondía.
La reconstrucción del crimen indica que Eduardo habitualmente esperaba que un compañero lo pasara a buscar, pero esa mañana el auto se demoró y decidió ir a pie para no perder el turno. Su mujer le pidió que aguardara, que no se arriesgara, pero él intentó tranquilizarla y salió hacia su destino, al que nunca llegaría.
Apenas hizo unas cuadras, dos motochorros lo cruzaron. Eduardo, intentó resistirse con un palo que encontró a mano. Uno de los ladrones sacó un arma y le disparó a corta distancia, una herida mortal que lo dejó tendido en el suelo mientras los delincuentes escapaban con su morral y el celular desde donde, instantes después, escribirían la mentira.
Los operativos dieron resultados Dylan Ramón Portillo, de 20 años, fue detenido en un allanamiento a pocas cuadras de la escena del asesinato. Los investigadores tienen la certeza de que él fue quien apretó el gatillo y que cuenta con antecedentes por encubrimiento. Poco después, cayó su primo y presunto cómplice, Brian Portillo.
Pasó en San Justo.




