Dos gendarmes que participaron en la investigación por el triple crimen de General Rodríguez denunciaron ante la jueza federal María Servini de Cubría que se borraron escuchas judiciales en los meses posteriores al hecho.
Según el periodista Nicolás Pizzi de Infobae, todo habría ocurrido en 2008, mientras se espiaba, de manera legal, a varias personas. Los gendarmes escuchaban y transcribían las conversaciones desde la Oficina de Observaciones Judiciales (conocida como “Ojota”), en la ex SIDE. Sus testimonios podría dar un vuelco en la investigación.
Los gendarmes declararon como testigos y ratificaron que se borraron escuchas para entorpecer la investigación. Detrás del crimen aparecía el tráfico de efedrina, un negocio millonario que funcionó sin controles entre 2004 y 2008. Sólo en ese periodo, se importaron 47.625 kilos, de los cuales se desviaron al narcotráfico casi 41.000.
La denuncia fue tomada por los investigadores como verosímil porque ya se habían topado con una serie de “anomalías” en la lectura de las transcripciones. “Hay ruidos”, “no se escucha”. En la causa del triple crimen se repiten con demasiada frecuencia.
Pese a la gravedad de la denuncia, los gendarmes no habrían identificado a ningún responsable de la ex SIDE ni del Gobierno de entonces.




