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viernes 1 de julio, 2022
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Madre trasplantada pide un órgano para su hijo.

Cristina Ruíz Díaz, una chubutense de 41 años que vive en la localidad de Gaiman, fue trasplantada de un riñón hace 5 años, después de 10 años ininterrumpidos de diálisis. Ahora, Kevin, su hijo de 19 años,
sufre de la enfermedad de Berger que provoca trastornos renales y necesita un donante.

Cristina atravesó muchos desafíos en su vida: fue abandonada por sus padres biológicos y adoptada por un matrimonio al que siempre amó, sobre todo a su padre que falleció cinco días antes que ella empiece con la diálisis; perdió dos embarazos; y debido a su enfermedad que le daba muchas convulsiones, tuvo problemas de memoria.

“En medio de mi dolencia y antes del trasplante decidí terminar la secundaria. Le dije a mi esposo que era la única manera de poder llevar adelante lo que me estaba pasando. También hice un curso de cocina. Pero las convulsiones afectaron mi memoria y hay recetas que prácticamente se me borraron”, dijo Ruíz Díaz.

Además, se definió como “una mujer que no se entrega»: «Lo aprendí cuando a los 21 años y embarazada de Kevin me descubrieron la enfermedad llamada Lupus. Después tuve que empezar con diálisis.
Fueron 10 interminables años, 3 veces por semana durante cuatro horas. Me pregunté por qué a mi. Y mi doctora me cambió la pregunta: “Mejor preguntante “y por qué no a mi”. Me hizo reaccionar de otra manera. Y enfrentar con fuerza la realidad”.

Sin embargo, todos sus sufrimientos no se comparan con lo que está viviendo en este momento: “Ahora lo único que me importa es que Kevin salga adelante. Yo ofrecí darle mi riñón trasplantado aún poniendo en riesgo mi vida, pero medicamente es imposible. Ya viví cosas que él todavía no pudo. Fui al colegio, me casé, tuve hijos. Tendremos que esperar con ansiedad ese llamado telefónico salvador, como me pasó a mi. Yo estoy segura que va a llegar”.

Por ser adoptada, Cristina no conoce a ningún pariente biológico. Además, su marido, Javier Navarro, no puede ser donante porque le aparecieron cálculos renales y debió ser operado, por lo que sus riñones ya no son aptos para un trasplante.

Por el momento, Kevin dejo de estudiar por su dolencia, pero continúa haciendo una vida normal esperando el momento del trasplante. Su hermano Brian trabaja de empleado para ayudar a la familia, mientras que Cristina colabora con grupos de gente que sufren dolencias que
necesitan de un trasplante.

Siempre con una sonrisa, Ruíz Díaz repite: “Que la gente tenga conciencia de lo que es donar. Es vida. Y te toque como te toque, no hay nada más lindo que vivirla”.