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sábado 16 de octubre, 2021
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Agustín Salvia. La pobreza es por causas estructurales mas allá de la pandemia de COVID-19

Agustín Salvia, Investigador del Conicet, sociólogo, profesor e investigador del Instituto Gino Germani de la Universidad de Buenos Aires y director del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, dijo en una entrevista con Infobae que el núcleo duro de la pobreza obedece a “causas estructurales, más allá de la pandemia de covid-19”.

“La pobreza constituye tan sólo un emergente, es la manifestación de problemas más estructurales que debemos enfrentar, porque en su mayor parte no los ha generado la pandemia”, dijo.

«El continuado escenario de estanflación con tasas de empleo por debajo de los promedios históricos y con tasas de desempleo, subocupación, informalidad y desaliento por sobre los valores también históricos -más allá de que esté teniendo lugar una recuperación que nos coloque en los niveles próximos de actividad global que teníamos antes del período covid-19- no puede tener otro efecto que mantener o incluso aumentar los niveles de pobreza. Luego de tres años de caída previa del PBI, devaluaciones de por medio y aumento de la inflación, el manejo político-sanitario del escenario pandémico logró proteger relativamente a los ocupados formales, pero agravó la situación de los trabajadores informales pobres y de las clases medias bajas autónomas, sea en términos de nivel de ocupación como de ingresos reales. En ese contexto, sin duda el escenario laboral y social habría sido mucho peor sin los programas de protección social y asistencia a las empresas que implementó el Gobierno», sostuvo.

«Más allá de que existen actualmente señales de reactivación, estas no son suficientes para generar un aumento sostenible en la demanda agregada de empleo. Las razones son múltiples: no hay certidumbre macroeconómica ni de orden político, la inflación es alta, se carece de financiamiento productivo y los riesgos impositivos son altos», consideró.

«Actualmente, ya no quedan fondos de reserva ni se dispone de nuevos programas sociales, aunque se está recuperando el nivel de empleo, pero con menores de niveles de horas de trabajo y remuneración. Esta tendencia presiona hacia la baja la tasa de pobreza; pero al mismo tiempo, la caída de los ingresos en términos reales, junto con el crecimiento demográfico, presionan a la suba de esa tasa», dijo.

«La destrucción de puestos de trabajo y la parálisis en la creación de nuevos empleos, incluso informales, tienen en ambos casos a los jóvenes y las mujeres de baja calificación como sus principales víctimas laborales. Este proceso ocurre dado que el sector privado o público formal excluye por su propia composición y necesidades productivas a estos segmentos ocupacionales. Tengamos en cuenta que actualmente la tasa de inactividad laboral en mayores de 18 años reúne al 40% de esa población, en su gran mayoría mujeres y jóvenes desalentadosSu ocupación sólo es posible en actividades informales, asalariadas o autónomas, altamente precarias o inestables. Dado que el escenario de pandemia golpeó fuertemente a estos sectores, la mayor inactividad por desaliento, la desocupación abierta o el crecimiento de los empleos eventuales forman parte de un segmento de mercado que impide a las familias acceder a ingresos complementarios que no sean nuevas asistencias sociales», sostuvo.