Loan y la pregunta que nadie pudo responder todavía: ¿para qué se lo llevaron, para qué?
Durante meses, alrededor del caso Loan pareció ocurrir algo que el rock argentino había formulado muchos años antes en aquella pregunta incómoda de la canción ¿Qué Ves? de Divididos: ¿Qué ves cuando me ves? Pregunta Loan con su inocencia absoluta. La canción sigue diciendo, “… cuando la mentira es la verdad…” Y los que lo buscamos a Loan nos repetimos, “…cuando la mentira no es la verdad…”. Y seguimos preguntando, aunque duela.
Porque tal vez uno de los mayores desafíos de esta historia no haya sido solamente descubrir qué ocurrió con Loan, sino distinguir los hechos de los relatos falsos, interesados o construidos alrededor del caso.
Incluso frente a quienes todavía hoy continúan construyendo relatos alrededor del caso, pese a la extrema gravedad de la situación y a que la prioridad sigue siendo una sola: encontrar a Loan.
Durante meses se acumularon versiones, hipótesis, filtraciones, interpretaciones, operaciones y explicaciones muchas veces incompatibles entre sí, hasta el punto de que por momentos resultó difícil separar la evidencia de las narrativas que crecían a su alrededor.
Como si la sociedad entera hubiera quedado atrapada frente a una pared de sombras, discutiendo proyecciones mientras la verdad permanecía en otro lugar esperando ser encontrada. La pregunta de la canción dejó entonces de ser musical para convertirse casi en una pregunta judicial y filosófica: ¿qué vemos realmente cuando creemos estar viendo la verdad?
Porque cuando la mentira consigue vestirse de certeza, cuando los relatos terminan imponiéndose sobre los hechos y cuando la repetición comienza a confundirse con la prueba, el desafío deja de ser solamente investigar un hecho y pasa a ser recuperar la capacidad de reconocerlo.
Algo parecido describió hace más de dos mil años Platón en la alegoría de la caverna: los hombres observaban sombras proyectadas sobre una pared y creían estar contemplando la realidad, sin advertir que apenas estaban viendo sus reflejos.
Quizá por eso el juicio oral tenga hoy una importancia tan profunda. No solamente busca determinar responsabilidades penales. Busca algo todavía más difícil: rescatar los hechos del ruido, separar la prueba de las sombras y devolver la verdad al lugar del que nunca debió salir.
Loan y la pregunta que nadie pudo responder todavía: ¿para qué?
Nueve audiencias después, el juicio volvió a hablar de Loan. Dos años después de la desaparición de un niño de cinco años en un paraje rural de Corrientes, las primeras nueve audiencias del juicio oral comenzaron a despejar hipótesis, ordenar cronologías y devolver el foco al verdadero centro del expediente: Loan Danilo Peña.
A título de ordenar correctamente lo sucedido, cronológicamente esto es lo que ha sucedido hasta hoy en sede judicial.
Las primeras nueve audiencias del juicio oral comenzaron a ordenar, pieza por pieza, una cronología que durante más de dos años permaneció fragmentada entre hipótesis, versiones y reconstrucciones parciales.
El debate oral se abrió el 16 de junio de 2026 ante el Tribunal Oral Federal de Corrientes, integrado por los jueces titulares Fermín Amado Ceroleni, Eduardo Ariel Belforte y Simón Pedro Bracco, con la participación de los jueces sustitutos Enrique Jorge Bosch y Rubén David Quiñones, integrante del Tribunal Oral Federal de Formosa, designados para garantizar la continuidad de un proceso de extraordinaria complejidad institucional, probatoria y humana. Comparecieron los diecisiete imputados, entre ellos Bernardino Antonio Benítez, Laudelina Peña, María Victoria Caillava, Carlos Guido Pérez, Walter Adrián Maciel, Daniel “Fierrito” Ramírez y Mónica Millapiy los restantes acusados tanto por la presunta sustracción y ocultamiento del niño como por las posteriores maniobras destinadas, según la acusación, a neutralizar testimonios de menores, desviar o entorpecer la investigación de diversas formas.
Las primeras jornadas estuvieron dominadas por cuestiones preliminares, planteos defensivos, nulidades, organización de la prueba y definición del cronograma testimonial de un juicio que prevé la comparecencia de casi doscientos testigos y una enorme cantidad de evidencia documental, telefónica y pericial.
Sin embargo, a medida que avanzaron las audiencias, el debate comenzó lentamente a acercarse al corazón del expediente: las personas que estuvieron allí aquella tarde del 13 de junio de 2024.
La quinta audiencia, celebrada el 30 de junio, marcó un punto de inflexión. Declararon José Peña, María Luisa Noguera y Mariano Peña. José reconstruyó cronológicamente el almuerzo en la casa de Catalina, los movimientos previos a la salida hacia el naranjal y las primeras horas posteriores a la desaparición.
María trasladó al juicio el dolor de una madre que desde hace más de dos años desconoce dónde está su hijo y reclamó respuestas a quienes considera que conocen la verdad sobre lo ocurrido. Mariano aportó precisiones sobre comunicaciones, búsquedas y movimientos familiares posteriores a la desaparición.
Al día siguiente comparecieron hermanos y familiares directos de Loan, entre ellos Alfredo Peña, cuyas declaraciones estuvieron orientadas a reconstruir la dinámica familiar y los movimientos producidos durante las primeras horas de búsqueda.
Durante las jornadas del 2 y 3 de julio declararon Catalina Peña, Camila Núñez, Macarena Peña, Ceferina Noguera y Alberto Sebastián Noguera. Catalina, abuela paterna de Loan y anfitriona del almuerzo, permitió reconstruir la llegada de los invitados, la preparación de la comida, la sobremesa y la última normalidad conocida antes de que comenzara la tragedia. Camila aportó las circunstancias en las que fueron tomadas las últimas fotografías conocidas del niño.
Macarena recordó algunos de los últimos momentos compartidos con Loan durante el almuerzo, explicó que luego ayudó a lavar los platos y se recostó a dormir la siesta, motivo por el cual no presenció la salida hacia el naranjal, y además declaró sobre conversaciones posteriores vinculadas a la hipótesis del accidente y al entonces abogado José Fernández Codazzi.
Ceferina y Alberto Sebastián Noguera contribuyeron a reconstruir cómo comenzó a expandirse la noticia de la desaparición dentro de la familia y cómo se organizaron las primeras búsquedas espontáneas en la zona rural.
La octava audiencia, celebrada el 7 de julio, estuvo marcada por las declaraciones de Diego “Huevo” Peña, Miguel Ángel Noguera y Roque Valeriano Noguera. Diego Peña aportó precisiones sobre el terreno, las distancias y los recorridos posibles entre el naranjal y distintos sectores del campo.
Miguel Noguera recordó haberse cruzado con Antonio Benítez acompañado por una persona con capuchaque posteriormente sería identificado como Cristian Gutiérrez, amigo de Benítez, descartándose así diversas especulaciones mediáticas sobre la presencia de un supuesto cuarto hombre.
Por su parte, Roque Noguera relató el hallazgo de huellas en el barro advertidas inicialmente por Amado Méndez mientras realizaban rastrillajes a caballo, explicó que decidió fotografiarlas y filmarlas y describió las dificultades para comunicar el hallazgo debido a la escasa señal telefónica existente en el lugar.
Finalmente, el 8 de julio, durante la novena audiencia, declaró Gabina Valeria Noguera. Su testimonio permitió identificar a Benítez y a Ramírez en las fotografías del almuerzo, reconstruir la obtención de prendas utilizadas posteriormente por los perros rastreadores y volver sobre algunos aspectos de las primeras horas del operativo policial y de búsqueda.
Hasta el momento, el juicio parece haberse movido sobre tres grandes ejes: la reconstrucción del almuerzo y del recorrido hacia el naranjal, la reconstrucción de las primeras horas de búsqueda y la reconstrucción de las distintas explicaciones, hipótesis y relatos que aparecieron después de la desaparición. Y quizá ese sea el dato más importante de estas primeras nueve jornadas: el debate comenzó lentamente a desplazar el centro de gravedad desde las teorías y las especulaciones hacia algo mucho más simple y, al mismo tiempo, mucho más difícil de reconstruir: la verdad sobre los tiempos, los movimientos, las distancias, las personas y las últimas horas conocidas de Loan Danilo Peña.
Este libro constituye un análisis interdisciplinario de los crímenes transnacionales de explotación sexual, abordando el fenómeno desde la psicología, la sociología, el derecho, las ciencias políticas, la teología y los ecosistemas digitales. Nadie excluye nada, al día de hoy no se sabe para qué se llevaron a Loan.
El caso Loan volvió a los tribunales y empezó a alejarse de la televisión
Durante demasiado tiempo el caso pareció pertenecer más a los estudios de televisión que a los tribunales. Circularon hipótesis de accidentes, extravíos, atropellamientos, hombres encapuchados, redes criminales, venganzas, oportunistas y organizaciones de distinta naturaleza. Hipótesis incompatibles entre sí convivieron simultáneamente en la discusión pública. Hubo especialistas en lenguaje corporal, peritos televisivos, videntes, brujos, operadores, filtraciones y versiones anónimas. Y sin embargo, mientras el país discutía teorías, una sola realidad permanecía inalterable: Loan seguía sin aparecer, y en la causalas autoridades judiciales, vapuleadas, sometidas durante meses a críticas, humillaciones, injurias, presiones y ataques personales, continuaron haciendo su trabajo.
El día en que el país perdió a Loan
El 13 de junio de 2024 comenzó como cualquier otro día familiar en el paraje El Algarrobal, jurisdicción de 9 de Julio, Corrientes. Era la festividad de San Antonio. Había comida compartida, sobremesa, conversaciones, niños jugando entre adultos que se conocían desde siempre y la tranquilidad propia de los pequeños pueblos del interior profundo argentino, donde todavía muchos padres creen que los chicos pueden correr unos metros más allá sin que el mundo se vuelva peligroso.

Loan tenía cinco años. Era inquieto, alegre, curioso y querido por todos. Era hijo, hermano, nieto, sobrino. Era el más pequeño de una familia humilde y trabajadora que jamás imaginó que aquella comida familiar terminaría convirtiéndose en uno de los casos criminales más impactantes de la historia argentina reciente.
Poco después del almuerzo vino el naranjal. Y después del naranjal vino el silencio. Después llegaron las preguntas. Después llegaron las búsquedas. Y desde entonces la Argentina entera continúa esperando respuestas.
Del niño perdido al niño sustraído
Las primeras horas estuvieron dominadas por la hipótesis más sencilla y quizás la más humana: un niño podía haberse desorientado en el campo. Por eso llegaron los rastrillajes. Primero la familia. Después los vecinos. Luego la policía provincial. Más tarde las fuerzas federales.
Hubo drones, perros rastreadores, helicópteros, georradares, excavaciones, búsquedas aéreas, análisis de telefonía, reconstrucciones parciales, pericias odorológicas y despliegues pocas veces vistos en la Argentina para un caso de estas características.
Pero los días comenzaron a pasar. Y el monte no devolvió a Loan. No apareció una zapatilla que explicara una pérdida. No apareció una prenda que indicara permanencia. No apareció un cuerpo. No apareció un rastro compatible con un niño perdido durante horas o días en el campo correntino. Fue entonces cuando comenzó a instalarse otra posibilidad. La hipótesis del extravío comenzó progresivamente a ceder espacio a la hipótesis de la sustracción y ocultamiento del niño.
La causa pasó al fuero federal. Intervino la jueza federal Cristina Pozzer Penzo, la Procuraduría contra la Trata y Explotación de Personas, los fiscales federales y, ya en el juicio oral, el equipo encabezado por el fiscal general Carlos Schaefer y la fiscal Tamara Pourcel. Finalmente, diecisiete imputados llegaron al debate oral: siete acusados por la sustracción y ocultamiento del niño y otros diez vinculados a presuntas maniobras de encubrimiento, entorpecimiento o desvío investigativo.
El juicio: cuando la prueba empezó a ganarle al ruido
Como se explicó, el debate oral comenzó el 16de junio de 2026 en el Escuadrón 48 de Gendarmería Nacional, ante el Tribunal Oral Federal de Corrientes. Durante las primeras tres semanas se realizaron siete audiencias, declararon trece familiares directos de Loan y estuvieron presentes, de modo presencial o remoto, los diecisiete imputados, con sus respectivas defensas.
Ese dato no es menor. Durante mucho tiempo se habló desde anónimas fuentes, sobre, acerca y de la familia.En el juicio, por primera vez, la familia empezó a hablar por sí misma. Y eso cambió el tono del expediente. Ya no eran interpretaciones de terceros. Ya no eran reconstrucciones televisivas. Eran padres, hermanos, abuela, tíos y primos sentados ante jueces, fiscales, defensas y querellas, contando qué pasó antes, durante y después de la desaparición.
María Noguera: una madre frente a los acusados
La mamá de Loan, María Luisa Noguera, cuya exposición fue la más extensa y emocional de la jornada. Declaró durante varias horas e incluso sufrió una crisis emocional que obligó a la intervención de personal sanitario y a interrupciones durante el testimonio. La estimación razonable ubica su declaración en aproximadamente tres horas y media a cuatro horas, incluyendo cuartos intermedios y asistencia médica, extendiéndose aproximadamente desde las 11:30/12:00 hasta las 15:30/16:00 horas.

María Noguera fue una de las primeras testigos en declarar. Lo hizo quebrada por el llanto, recordando a su hijo e intentando reconstruir tanto el día del hecho como los días posteriores. Su declaración tuvo un momento de enorme tensión cuando miró a Laudelina Peña y a Carlos Pérez y reclamó que dijeran dónde estaba su hijo. Según la cobertura judicial, Pérez respondió desde el banquillo que no sabía nada y el presidente del Tribunal debió intervenir para ordenar la audiencia.
Pero lo más importante de esa escena no fue el cruce. Fue el sentido.
La acusación directa y el pedido de verdad
María Noguera centró gran parte de su testimonio en apuntar directamente a los imputados, en especial a su cuñada Laudelina Peña (tía de Loan) y al ex marino Carlos Pérez:
“Ellos saben dónde está”: Aseguró firmemente que tanto Laudelina como Pérez manejan la información real sobre el destino del nene. “Ellos saben con quién está, qué come. Pero nosotros no”.
Presentimiento de vida: Manifestó con fuerza que siente que su hijo sigue retenido con vida en algún lugar. “Queremos saber dónde está. Si está vivo o muerto, pero que nos digan dónde está. Tengo el presentimiento de que está vivo”.
Las sospechas sobre la actitud de Laudelina
Reconstruyendo las horas de la desaparición el 13 de junio de 2024, María detalló comportamientos que le llamaron poderosamente la atención:
Actitud extraña: Contó que cuando llegó en moto al lugar tras enterarse de la desaparición, notó a Laudelina muy distante y fría. “La noté extraña. Estaba con el celular y no me hablaba. Si se pierde una criatura, yo dejo todo para buscarla”.
Evitación: Explicó que durante los días siguientes, su cuñada la esquivaba constantemente cuando ella intentaba acercarse a hablar.
Tensión en la sala y pase de factura familiar
Uno de los momentos de mayor impacto y tensión de la jornada ocurrió cuando María miró directamente al sector de los imputados y le reprochó a Laudelina una vieja situación familiar:
“Cuidé a tu hija tres meses mientras ibas a Buenos Aires y así me pagás. Si Laudelina está acá, que me diga dónde está Loan, qué pasó y de dónde sacó el botín”.
Este fuerte cruce provocó que la tía del menor solicitara retirarse momentáneamente de la sala de audiencias.
Críticas al accionar policial inicial
María volvió a cargar contra el excomisario Walter Maciel, asegurando que desde el primer día se direccionó mal la búsqueda:
Detalló que en la tarde de la desaparición le exigió al comisario buscar “casa por casa” en la localidad de 9 de Julio. Sin embargo, la respuesta del funcionario fue evasiva, limitándose a decirle que “lo iban a encontrar”, sin realizar los rastrillajes vecinales pertinentes.
El quiebre emocional y la descompensación
El testimonio estuvo cargado de una profunda angustia:
Rompió en llanto en varias oportunidades al recordar a su hijo más chico y manifestar el calvario de no saber nada de él.
Hacia el final de la audiencia, debido a la enorme carga emocional y la tensión reinante, sufrió una crisis y se descompensó, lo que obligó al Tribunal Oral Federal a dictar un cuarto intermedio técnico para que pudiera ser asistida por personal psicológico y médico.
Cerró su declaración de pie, insistiendo con un reclamo desesperado de justicia: “Vine hasta aquí, estoy de pie. Quiero saber dónde está mi hijo”.

Una madre no declaró para producir un título. Declaró para exigir una respuesta. María no pidió una explicación abstracta. Pidió algo mucho más concreto, más humano y más brutal: saber dónde está Loan, para qué se llevaron a Loan.
José Peña: el padre y la normalidad rota
La audiencia comenzó el 30 de junio aproximadamente a las 9:30 horas con el testimonio de José Peña, quien fue el primer declarante del día. Su declaración fue extensa y de alrededor de una hora y cuarenta y cinco minutos a dos horas, finalizando cerca de las 11:15/11:30 horas.
La declaración de José Peña ante el Tribunal Oral Federal de Corrientes devolvió al juicio al lugar donde todo comenzó y donde, acaso, todavía permanece escondida la respuesta que todos buscan: la mesa familiar en la casa de la abuela Catalina, el almuerzo compartido, los chicos jugando, los adultos conversando y la tranquilidad de una tarde que nadie imaginaba que terminaría convirtiéndose en una de las heridas más profundas de la historia criminal argentina reciente. Durante casi dos horas, el padre de Loan reconstruyó cronológicamente cada instante de aquel 13 de junio de 2024. Explicó que jamás supo que los niños irían al naranjal y que fue Bernardino Antonio Benítez quien decidió llevarlos, mientras Laudelina se acercó a la mesa para avisar simplemente: “Se van al naranjal”. José entendió entonces lo que cualquier padre hubiera entendido: que su hijo estaba bajo el cuidado de los adultos presentes. Poco después, Benítez regresó anunciando que Loan se había perdido. Desde ese instante comenzó otra vida. José recordó cómo salieron inmediatamente a buscarlo entre el monte, los caminos y los vehículos disponibles, mientras las horas empezaban a correr en contra y el niño seguía sin aparecer.
En uno de los pasajes más duros de su declaración, José describió el comportamiento de su hermana Laudelina durante aquellas primeras horas. Mientras familiares, vecinos y fuerzas de seguridad buscaban desesperadamente entre pastizales y montes, él percibió que ella “miraba para todos lados”, con una actitud que le resultó extraña, inquietante, más cercana a quien observa el entorno que a quien participa de una búsqueda desesperada. El quiebre familiar quedó expuesto ante el Tribunal con una frase sencilla y devastadora: “Para mí ya no es mi hermana, no es nada. Que pague lo que tenga que pagar”.
También relató uno de los episodios más crueles de toda la investigación: la llamada telefónica recibida cerca de las dos de la madrugada del viernes 14 de junio informándole que Loan había sido encontrado. Recordó entonces la inmediata reacción del entonces comisario Walter Maciel, hoy imputado en la causa, para ordenar el cese del operativo de búsqueda. José creyó con la esperanza de abrazar nuevamente a su hijo, pero esa maniobra terminó siendo otra mentira, una ilusión rota y un tiempo precioso perdido durante las primeras horas críticas de la búsqueda. Ante los jueces sostuvo que aquella maniobra constituyó un desvío deliberado que apartó recursos y atención del lugar donde debían estar concentrados todos los esfuerzos.
El padre de Loan también fue consultado sobre la irrupción posterior en su vida y en su domicilio de personas completamente ajenas a su círculo familiar y a la investigación oficial. Confirmó que hombres vinculados a la denominada Fundación Dupuy, entre ellos Nicolás Soria, conocido como “El Yanqui”, y el psicólogo Esteban Rossi Colombo, entraban y salían de la vivienda familiar durante los meses posteriores a la desaparición, aunque aseguró que nunca terminó de comprender con claridad cuál era el verdadero rol que desempeñaban ni quién los enviaba.
Hacia el final de su declaración evitó mirar directamente al grupo de imputados, pero encontró fuerzas para formular el único pedido que importa desde aquel día: “Quiero que me digan la verdad, que hablen. Alguien se lo llevó y alguien tiene que saber dónde está Loan”. Durante meses José Peña también fue objeto de sospechas, acusaciones y operaciones públicas de toda naturaleza. Circularon incluso imágenes generadas mediante inteligencia artificial que lo mostraban detenido o esposado, difundidas y amplificadas desde determinados espacios mediáticos y redes sociales. Sin embargo, resistió en silencio y pidió únicamente lo mismo a sus abogados, a los fiscales y a los jueces del Tribunal: que le expliquen dónde está su hijo y para qué se lo llevaron.
Porque toda sustracción comienza con una fractura. Hay un antes y un después. Antes estaba la vida familiar, el almuerzo compartido, los juegos, las mandarinas, las conversaciones cotidianas y un niño dentro de la esfera de cuidado de los adultos que lo rodeaban. Después llegó el vacío. Antes estaba Loan. Después quedaron el silencio, la ausencia y una familia condenada a despertar cada mañana desde aquel 13 de junio de 2024 con la misma pregunta suspendida sobre la mesa que compartieron aquel mediodía y que todavía nadie ha querido, o podido, responder.




