5.209 muertes en un año, un récord estremecedor y una pregunta que ninguna estadística puede contestar por sí sola. Argentina cerró 2025 con un número que debería obligarnos a detenernos: 5.209 personas murieron por suicidio, la cifra más alta de la serie comparable iniciada en 2016 y un incremento del 22,6% respecto de 2024, cuando se habían registrado 4.249 casos. Son 960 muertes adicionales en apenas doce meses, pero el cuadro resulta todavía más inquietante cuando se observa quiénes aparecen detrás de esos números: el 78,6% de las víctimas fueron varones, existe una fuerte concentración entre adultos jóvenes y el suicidio representa ya una proporción extraordinariamente relevante dentro de las muertes violentas registradas en el país.
LA INFORMACIÓN OFICIAL
El Ministerio de Seguridad Nacional de la República Argentina, publicó el informe que se denomina “Estadísticas Criminales 2025”, fue elaborado por el Sistema Nacional de información Criminal (SNIC) y presentado oficialmente por la ministra de Seguridad Nacional, Alejandra Monteoliva, junto con el director nacional de Estadística Criminal, Marco González. La publicación oficial de la presentación tiene fecha 1 de junio de 2026. La fuente oficial del Ministerio es ésta Presentación oficial de Estadísticas Criminales 2025 — Ministerio de Seguridad Nacional. Y, todavía más importante para nuestro trabajo, ésta es la página oficial del SNIC donde el Ministerio centraliza las estadísticas, informes y bases de datos descargablesEstadísticas criminales de la República Argentina — SNIC
¿DE DÓNDE SALEN EXACTAMENTE ESOS DATOS?
El SNIC es el sistema nacional que recopila y consolida la información suministrada por las policías provinciales, las fuerzas federales de seguridad y otras entidades oficiales receptoras de denuncias de todo el territorio argentino. Por lo tanto, cuando Perfil habla del “Ministerio de Seguridad”, conviene que nosotros seamos más precisos: Ministerio de Seguridad Nacional – Sistema Nacional de Información Criminal (SNIC).
Además, el Ministerio trabaja con Sistemas de Alerta Temprana (SAT) específicos, entre ellos el SAT Suicidios, que permite obtener información cualitativa adicional sobre víctimas y hechos. Los informes oficiales explican que esos módulos complementan la información cuantitativa general del SNIC.
Hay otro dato que refuerza la calidad de la fuente: el 15 de mayo de 2026, el sistema SNIC obtuvo Grado “A” de Calidad Estadística, la máxima calificación informada por el Centro de Excelencia vinculado a la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC).
¿CUÁNDO SE CONOCIERON PÚBLICAMENTE LOS DATOS?
El reconocimiento estadístico internacional lleva fecha 15 de mayo de 2026; las Estadísticas Criminales 2025 fueron presentadas oficialmente el 1 de junio de 2026 y para el 2-4 de junio los medios ya estaban publicando los resultados sobre suicidios. Por ejemplo, una publicación del 4 de junio reproduce expresamente que el informe presentado por Monteoliva registró 5.209 suicidios en 2025 frente a 4.249 en 2024, un aumento del 22,6%.
Esto también despeja una duda importante: los 5.209 no son una estimación periodística ni una proyección de especialistas. El número proviene del sistema estadístico oficial nacional.
Una segunda fuente oficial muy valiosa es el Ministerio de Salud de la Nación que tiene un sistema diferente: el Sistema Nacional de Vigilancia de la Salud (SNVS 2.0). Su Boletín Epidemiológico Nacional aporta información que complementa extraordinariamente bien al SNIC.
Entre abril de 2023 y abril de 2025 fueron notificados al SNVS 15.807 intentos de suicidio, de los cuales 5,7% tuvieron resultado mortal. El 60% de los eventos correspondió a mujeres, pero la letalidad fue cinco veces superior entre los varones. Las tasas más elevadas de intentos se concentraron entre 15 y 24 años, mientras que los suicidios con resultado mortal correspondieron principalmente a varones de 20 a 34 años.
Boletín Epidemiológico Nacional N.º 758 — Ministerio de Salud
Este dato es fundamental para este trabajo investigativo porque explica algo que parecía contradictorio: las mujeres aparecen más entre los intentos registrados, pero los varones dominan abrumadoramente entre las muertes consumadas.
Y hay otra fuente oficial todavía más reciente, el Boletín Epidemiológico Nacional N.º 788, que explica que la Ley Nacional de Prevención del Suicidio 27.130 ordena crear un registro con información sobre intentos, suicidios consumados, causas de muerte, edad, sexo, evolución mensual, modalidad utilizada y otros datos relevantes; su reglamentación mediante el Decreto 603/2021 avanzó en la unificación de registros.
Boletín Epidemiológico Nacional N.º 788 — Ministerio de Salud
¿TRAGEDIAS SILENCIOSAS E IMPREVISIBLES?
La comparación con los homicidios permite dimensionar el fenómeno sin pretender enfrentar tragedias que, por supuesto, tienen naturalezas completamente distintas. Durante 2025 se registraron aproximadamente 1.676 homicidios dolosos frente a 5.209 suicidios, es decir, algo más de tres muertes por suicidio por cada homicidio. Mientras el homicidio ocupa justificadamente páginas enteras de los diarios, investigaciones judiciales, programas televisivos, debates parlamentarios y enormes recursos policiales y judiciales, miles de argentinos mueren cada año después de atravesar procesos de sufrimiento que muchas veces permanecen silenciosos, invisibles o incomprendidos hasta que ya es demasiado tarde.
La pregunta entonces no puede reducirse a cuántas personas se suicidaron, sino que necesariamente debe avanzar hacia algo mucho más complejo: ¿qué nos está pasando como sociedad y, particularmente, qué les está pasando a nuestros adolescentes y jóvenes?
NO EXISTE “LA CAUSA” DEL SUICIDIO
Lo primero que debemos descartar es cualquier explicación sencilla, porque el suicidio constituye un fenómeno multicausal y sería científicamente irresponsable atribuir una muerte determinada a una pelea familiar, una separación sentimental, el bullying, una deuda, una droga, una mala nota, una enfermedad o una publicación en una red social. Las autoridades sanitarias argentinas, UNICEF y los organismos internacionales especializados insisten precisamente en evitar esas relaciones lineales, porque detrás de una conducta suicida pueden converger factores psicológicos, familiares, sociales, económicos, culturales, educativos, sanitarios y comunitarios que interactúan de manera diferente en cada persona. (unicef.org)
Hablar de multicausalidad, sin embargo, tampoco puede convertirse en una palabra elegante que nos permita evitar preguntas incómodas. UNICEF ha señalado entre los factores relevantes en adolescentes la ausencia o debilidad de personas significativas capaces de proporcionar apoyo afectivo, las dificultades propias del tránsito hacia la adultez, determinados padecimientos mentales, situaciones de violencia, problemas familiares, condiciones sociales adversas y obstáculos para acceder oportunamente a la atención, de manera que comprender el fenómeno exige observar simultáneamente al individuo y al mundo que lo rodea.
ESTAR PERMANENTEMENTE CONECTADOS Y SENTIRSE PROFUNDAMENTE SOLOS
Nunca tuvimos tantas herramientas para comunicarnos y, paradójicamente, eso no significa necesariamente que nunca hayamos estado tan solos. Un adolescente puede tener centenares de contactos, participar en numerosos grupos, recibir mensajes durante todo el día, publicar fotografías, videos y pensamientos, saber qué hacen sus amigos casi minuto a minuto y, sin embargo, carecer de una persona ante quien pueda pronunciar cuatro palabras elementales: “No estoy bien, ayudame”.
La diferencia entre conexión y compañía resulta fundamental. UNICEF ubica precisamente entre los factores que merecen atención la debilidad o ausencia de personas significativas e instituciones capaces de acompañar, contener y escuchar, algo que obliga a volver la mirada hacia aquellas estructuras que tradicionalmente conformaron redes de pertenencia: familia, escuela, amigos, clubes, profesores, entrenadores, vecinos, organizaciones comunitarias e instituciones intermedias. Cuando esas redes funcionan, alguien observa, pregunta, escucha y eventualmente advierte que algo está ocurriendo; cuando se debilitan, una persona vulnerable puede quedar dramáticamente sola frente a problemas que, desde afuera, quizá parecen solucionables pero que ella percibe como insuperables. (unicef.org)
BULLYING Y CIBERBULLYING: CUANDO LA HUMILLACIÓN ENTRA AL DORMITORIO
La violencia entre pares tampoco nació con Internet, pero la tecnología modificó profundamente su alcance. Hubo generaciones en las que una situación de hostigamiento podía producirse en la escuela y terminar físicamente cuando el chico regresaba a su casa; hoy la agresión puede acompañarlo durante las veinticuatro horas, atravesar la puerta de su dormitorio y aparecer en la pantalla que lleva permanentemente en el bolsillo. Un insulto puede ser compartido, una fotografía manipulada puede circular indefinidamente, una humillación puede ser contemplada por cientos de personas y una exclusión social puede quedar públicamente exhibida.
En una consulta de UNICEF realizada a casi 6.000 adolescentes argentinos, el 30% identificó la discriminación, el bullying y el cyberbullying entre los factores que afectan su salud mental, mientras dos de cada diez señalaron las presiones familiares; entre los varones también apareció la presión escolar y, entre las mujeres, adquirieron especial relevancia la violencia, el abuso y el acoso. Otros datos difundidos por UNICEF indican que aproximadamente el 20% de los adolescentes había presenciado situaciones de bullying y el 11% manifestó haberlas sufrido. (unicef.org) (unicef.org)
Nada de esto autoriza a sostener que el bullying “causa” automáticamente un suicidio, pero tampoco permite minimizar la importancia que pueden adquirir el rechazo, la humillación y el aislamiento durante una etapa en la cual la identidad personal todavía se encuentra en plena construcción.
LA COMPARACIÓN PERMANENTE Y EL MUNDO EDITADO DE LAS REDES SOCIALES
Las redes incorporaron además una forma inédita de comparación permanente. El adolescente puede medir a toda hora su cuerpo, ropa, dinero, popularidad, viajes, amistades, pareja, rendimiento, éxito y apariencia frente a las imágenes que otros deciden mostrar, con una particularidad decisiva: muchas veces no está comparando su vida real con la vida real de otra persona, sino su realidad cotidiana con una versión cuidadosamente seleccionada, filtrada y editada de la realidad ajena.
La preocupación por la imagen corporal tampoco es insignificante. UNICEF informó que uno de cada cinco adolescentes manifestó preocupación por su cuerpo, mientras entre un 6% y un 8% declaró comportamientos problemáticos relacionados con la alimentación. (unicef.org) Otra vez corresponde evitar simplificaciones: Instagram, TikTok o cualquier otra plataforma no explican por sí mismas una conducta suicida, pero sería igualmente ingenuo negar que nuestros adolescentes construyen parte de su autoestima dentro de un gigantesco escenario público de comparación, aprobación y rechazo.
VIOLENCIA, ABUSO Y CONFLICTOS FAMILIARES
Hay sufrimientos que no ocurren en las redes ni en las escuelas, sino detrás de la puerta de una casa. Violencia intrafamiliar, abuso sexual, maltrato, separaciones traumáticas, conflictos graves, pérdidas, falta de contención y antecedentes familiares forman parte de los factores que los profesionales deben evaluar cuando una persona atraviesa una situación de riesgo. Los lineamientos sanitarios argentinos incluyen entre los elementos relevantes los antecedentes familiares de suicidio o trastornos mentales, la violencia intrafamiliar, el abuso sexual y el maltrato, una red familiar insuficiente, el aislamiento, los conflictos con pares, las rupturas sentimentales, las dificultades escolares, el bullying y el ciberacoso. (argentina.gob.ar)
Ninguno de esos factores determina necesariamente un desenlace y muchísimas personas atraviesan experiencias terribles sin desarrollar conductas suicidas, pero la acumulación de vulnerabilidades importa y obliga a abandonar explicaciones superficiales.
ALCOHOL, DROGAS Y CONSUMOS PROBLEMÁTICOS
Existe además una dimensión que no puede excluirse del análisis: los consumos problemáticos. Según información recogida por UNICEF a partir de datos oficiales, el 69% de los jóvenes de 16 a 24 años había consumido alcohol durante el último año, el 32,2% reportó consumo excesivo durante los treinta días anteriores y el 19,1% había consumido marihuana durante el último año. (unicef.org)
Esto tampoco permite establecer una ecuación simplista entre drogas y suicidio, pero determinados consumos pueden coexistir con impulsividad, desinhibición, aislamiento, depresión, ansiedad y otros cuadros de vulnerabilidad. Por eso resulta difícil comprender que durante tantos años hayamos separado artificialmente salud mental y adicciones como si pertenecieran a universos completamente diferentes, cuando en la vida concreta de determinadas personas pueden encontrarse profundamente relacionadas.
FRACASO ESCOLAR, EXPECTATIVAS Y MIEDO AL FUTURO
También deberíamos recuperar una palabra que parece haber desaparecido de determinados análisis: frustración. No aprobar un examen, no ingresar a una carrera, no conseguir trabajo, no poder independizarse, no saber qué estudiar, terminar una relación, sentirse una decepción para los padres o contemplar que aparentemente todos avanzan mientras uno permanece inmóvil pueden adquirir una dimensión extraordinaria durante la adolescencia y la primera juventud.
Para un adulto con décadas de experiencias, desaprobar un examen puede ser simplemente un contratiempo; para un adolescente vulnerable, atravesando simultáneamente problemas familiares, aislamiento, hostigamiento, una ruptura sentimental o dificultades emocionales, ese mismo episodio puede ser percibido como la confirmación definitiva de que todo está perdido. UNICEF ha señalado precisamente las dificultades para atravesar pruebas y expectativas socialmente asociadas al tránsito desde la adolescencia hacia la juventud y la adultez. (unicef.org)
Allí aparece una de las funciones esenciales de los adultos: devolver proporcionalidad a aquello que un joven momentáneamente percibe como definitivo, enseñarle que se puede fracasar sin ser un fracasado, que una relación termina pero la vida continúa, que un examen puede volver a rendirse, que un empleo puede perderse y recuperarse, que una vocación puede descubrirse tarde y que prácticamente ninguna derrota de los veinte años merece convertirse en una sentencia sobre los cincuenta siguientes.
POBREZA, DESIGUALDAD Y FALTA DE OPORTUNIDADES
El individuo tampoco vive suspendido fuera de la sociedad. UNICEF analiza el suicidio adolescente dentro de un escenario atravesado por desigualdades, condiciones de vida, calidad de los vínculos, violencias, expectativas sociales y culturales y dificultades de acceso a la atención de salud mental, mientras los lineamientos sanitarios argentinos incluyen la vulnerabilidad socioeconómica entre los factores que corresponde considerar. (unicef.org) (argentina.gob.ar)
También aquí hace falta precisión: la pobreza no produce automáticamente suicidios ni la riqueza inmuniza contra ellos. El sufrimiento humano atraviesa todas las clases sociales, pero la precariedad económica, el endeudamiento, la incertidumbre laboral, el hacinamiento, los conflictos familiares y la dificultad para acceder a tratamientos pueden agregar presión sobre una persona que ya se encuentra atravesando otras vulnerabilidades.
CUATRO DE CADA CINCO SON VARONES: ¿QUÉ NOS ESTÁ DICIENDO ESE NÚMERO?
Uno de los datos más contundentes de 2025 exige una reflexión particular: el 78,6% de los suicidios correspondió a varones, aproximadamente cuatro de cada cinco víctimas. La estadística obliga a preguntarnos qué ocurre específicamente con ellos y hasta qué punto determinados modelos culturales masculinos continúan enseñando que soportar en silencio equivale a fortaleza, que llorar constituye debilidad, que reconocer miedo avergüenza y que pedir ayuda representa una derrota.
No necesitamos enseñarles a los varones a ser débiles, sino algo muy diferente: que reconocer una situación que los supera y buscar ayuda constituye también un acto de responsabilidad y fortaleza. Existe, además, otra diferencia epidemiológica importante: los suicidios consumados y los intentos no presentan necesariamente la misma distribución entre varones y mujeres, de modo que cualquier política seria debe estudiar esas diferencias sin convertirlas en consignas ni estereotipos.
LOS ADOLESCENTES: UNA SEÑAL QUE NO ADMITE INDIFERENCIA
El problema alcanza una dimensión especialmente dolorosa cuando hablamos de menores. UNICEF ha señalado que el suicidio constituye la segunda causa de muerte entre adolescentes en Argentina y que durante 2023 se produjeron 386 fallecimientos. Más inquietante todavía resulta otro relevamiento difundido por el organismo: alrededor del 21% de los adolescentes consultados manifestó haber tenido pensamientos suicidas y cerca del 15% dijo haber realizado al menos un intento. (unicef.org)
Pero dentro de este cuadro aparece también un dato que merece destacarse porque demuestra que el fatalismo es equivocado: UNICEF registró una disminución reciente de determinadas tasas adolescentes respecto de años anteriores. Esto significa que la prevención puede producir resultados, que no estamos frente a una fuerza inevitable de la naturaleza y que las políticas públicas, la atención sanitaria, la intervención familiar y las redes comunitarias pueden modificar trayectorias.
EL MAPA ARGENTINO TAMPOCO ES UNIFORME
El fenómeno presenta diferencias territoriales importantes y los datos generales de 2025 muestran variaciones provinciales extraordinarias. Entre 2024 y 2025 se informaron incrementos de aproximadamente 55,4% en la provincia de Buenos Aires, 38,3% en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 36,9% en Misiones, 34,6% en Salta y 33,4% en Santa Cruz, mientras Entre Ríos apareció con una tasa cercana a 20,8 suicidios cada 100.000 habitantes, muy por encima del promedio nacional, situado alrededor de 11,8 cada 100.000.
La geografía importa porque una política nacional uniforme puede resultar insuficiente cuando las condiciones sociales, económicas, sanitarias y culturales varían enormemente entre un adolescente del conurbano bonaerense, otro de una pequeña localidad correntina, uno del norte argentino y otro de la Patagonia. UNICEF ha recomendado precisamente desarrollar respuestas focalizadas y georreferenciadas, capaces de detectar territorios donde el fenómeno adquiere una incidencia especialmente preocupante. (unicef.org)
¿DÓNDE ESTAMOS LOS ADULTOS?
Quizá ésta sea la pregunta más incómoda de todas, porque no todo puede delegarse al psicólogo, al psiquiatra, a la escuela, al Estado o exclusivamente a los padres. La prevención necesita una comunidad, necesita familias presentes, docentes atentos, amigos, médicos, clubes, entrenadores, organizaciones sociales, instituciones religiosas y comunitarias, medios responsables y un Estado capaz de detectar, asistir y acompañar.
Los propios lineamientos oficiales reconocen como factores protectores las buenas relaciones familiares, el apoyo, las habilidades sociales, la capacidad de buscar ayuda y la integración mediante deportes, clubes y actividades comunitarias. (argentina.gob.ar) Quizá algunas instituciones tradicionales que durante décadas consideramos simples espacios de socialización cumplían silenciosamente una función mucho más profunda: hacían que una persona perteneciera a algo, que alguien notara su ausencia y que alguien preguntara qué le estaba ocurriendo.
No todo sufrimiento es necesariamente una enfermedad. Una separación duele, una humillación duele, fracasar duele, ser rechazado duele, perder a alguien duele y sentirse diferente puede doler muchísimo. La vida inevitablemente incluye frustración, pérdida y dolor, y una sociedad saludable debe formar personas capaces de atravesarlos, pero también comunidades capaces de advertir cuándo ese sufrimiento supera los recursos de quien lo padece. El propio Ministerio de Salud advierte que sería equivocado reducir el suicidio exclusivamente a una enfermedad mental y lo analiza como un fenómeno atravesado por factores personales, comunitarios, sociales, biológicos, psicológicos y socioculturales. (argentina.gob.ar)
DE 2.897 A 5.209: UNA DÉCADA QUE DEBERÍA INTERPELARNOS
La perspectiva histórica vuelve todavía más difícil permanecer indiferentes. En 2016 se registraron 2.897 suicidios y en 2025 fueron 5.209, un crecimiento aproximado del 79,8% en nueve años. Entre 2016 y 2025 se acumularon 38.283 muertes por suicidio, mientras solamente entre 2024 y 2025 se produjo aquel salto de 4.249 a 5.209 casos, es decir, 960 muertes adicionales y un incremento interanual del 22,6%.
Además, dentro del conjunto de muertes violentas, los datos disponibles sitúan al suicidio en torno al 46,9%, frente a aproximadamente 32,2% de muertes viales y 15,1% de homicidios dolosos. Dicho de una manera que resulta difícil ignorar: casi una de cada dos muertes violentas registradas corresponde a un suicidio.
Detrás de esas estadísticas hay adolescentes y jóvenes que deberían estar estudiando, trabajando, haciendo deporte, enamorándose, equivocándose, discutiendo con sus padres y reconciliándose después, descubriendo vocaciones, teniendo amigos, viajando, formando familias y construyendo lentamente su lugar en el mundo. No son 5.209 números, son 5.209 historias que terminaron, familias que recibieron una noticia devastadora y comunidades que inevitablemente deben preguntarse si algo pudo haberse advertido antes.
UNA MIRADA MÁS AMPLIA: LO QUE MUESTRAN LOS ORGANISMOS ESPECIALIZADOS
Las cifras argentinas no deberían leerse aisladas, como si pertenecieran a una realidad cerrada sobre sí misma. Distintos organismos nacionales e internacionales vienen observando desde hace años el crecimiento de los problemas de salud mental, el aislamiento, las violencias, los consumos problemáticos, el bullying, la presión social y las dificultades que atraviesan adolescentes y jóvenes para construir proyectos de vida estables. El Sistema Nacional de Información Criminal aporta la dimensión estadística local, mientras UNICEF, el Ministerio de Salud de la Nación, la Sociedad Argentina de Pediatría y la Organización Panamericana de la Salud permiten colocar esos números dentro de un escenario mucho más amplio, en el que la conducta suicida aparece vinculada a múltiples factores personales, familiares, sociales y comunitarios. No se trata de copiar modelos extranjeros ni de trasladar mecánicamente conclusiones de otros países, sino de confrontar nuestra realidad con investigaciones serias, comparar tendencias, detectar coincidencias y entender que detrás de cada porcentaje existe una historia humana mucho más compleja que cualquier cuadro estadístico. La utilidad de esos informes no está solamente en confirmar que el problema existe, sino en recordarnos algo esencial: cuando diferentes instituciones, desde distintos enfoques y disciplinas, comienzan a señalar señales semejantes, ya no estamos frente a episodios aislados, sino ante un fenómeno que merece ser observado con atención, prudencia y, sobre todo, con una enorme sensibilidad social.
VOLVER A MIRARNOS
Quizá una parte de la prevención empiece mucho antes del consultorio, en una mesa familiar donde alguien pregunta “¿cómo estás?” y permanece el tiempo suficiente para escuchar la respuesta, en conocer a los amigos de nuestros hijos, saber qué ocurre en la escuela, advertir el aislamiento, observar cambios abruptos de conducta, no ridiculizar el sufrimiento, establecer límites sin retirar afecto, recuperar clubes, deportes, profesores, vecinos y comunidades, enseñar que fracasar no convierte a nadie en un fracaso y recordar que pedir ayuda nunca debería ser motivo de vergüenza.
Argentina tuvo 5.209 razones durante 2025 para comprender que este problema no admite indiferencia, con un incremento del 22,6% en apenas un año, casi cuatro víctimas masculinas por cada mujer u otra categoría registrada, una preocupante presencia de jóvenes y enormes diferencias territoriales. Ninguno de esos números explica por sí mismo por qué una persona decide terminar con su vida, pero todos juntos describen una señal social demasiado grande para continuar observándola como una estadística anual.
Frente a nuestros adolescentes la responsabilidad es todavía mayor, porque tal vez la pregunta decisiva no sea solamente por qué algunos llegan a sentir que no existe ninguna salida, sino otra mucho más incómoda, dirigida a padres, familias, escuelas, instituciones, profesionales, autoridades y a cada uno de nosotros:
¿estábamos suficientemente cerca para que pudieran advertir que sí la había?
FUENTES PRINCIPALES
Sistema Nacional de Información Criminal (SNIC), Ministerio de Seguridad Nacional, estadísticas criminales e informes nacionales. (argentina.gob.ar)
UNICEF Argentina, El suicidio en la adolescencia. Situación en la Argentina y El suicidio en la adolescencia en la Argentina: recomendaciones de política pública. (unicef.org)
Ministerio de Salud de la Nación – UNICEF – Sociedad Argentina de Pediatría, Abordaje integral del suicidio en las adolescencias. Lineamientos para equipos de salud. (unicef.org)
UNICEF Argentina, informes sobre situación de la niñez y adolescencia y salud mental adolescente. (unicef.org)
Ministerio de Salud de la Nación, lineamientos para la atención del intento de suicidio en adolescentes y abordaje integral de la problemática del suicidio. (argentina.gob.ar)
Organización Panamericana de la Salud (OPS/OMS), materiales sobre violencias, jóvenes, determinantes sociales, prevención y abordaje integral. (paho.org)




