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viernes 25 de septiembre, 2020
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MARCELO AREQUIPA AZURDUY. En la mesa de noche de los intelectuales de Bolivia.

Decía Umberto Eco que los intelectuales como categoría son algo muy vago. La función intelectual consiste en determinar críticamente lo que se considera una aproximación satisfactoria al propio concepto de verdad, y puede desarrollarla cualquiera, incluso un marginal. Mientras que puede traicionarla un escritor que reaccione ante los acontecimientos con apasionamiento.

Pienso por ejemplo en tres grupos de intelectuales que publican columnas de opinión en periódicos y ensayos breves en plataformas de internet. Baso la catalogación en criterios ideológicos con sus respectivas dosis de apasionamientos que ellos mismos se encargan de expresar. Entendiendo esto como un conjunto de ideas/ideales que, muy a tono con el fenómeno de la ausencia de representación política efectiva, hoy solamente buscan contentar a las personas. Eso que en el mercado de la política también se conoce como un momento en el que la demanda política, a través del ejercicio ciudadano de encontrar casi exclusivamente que su particular idea de verdad sea puesta en práctica por encima de posibles ofertas ideológicas, esté presente.

Primero, en los artículos de opinión/columnas de periódico, hay quienes repetidamente antes y después de la salida de Evo Morales del poder reclamaban tener la verdad de su lado. Hicieron muy poco (por no decir nada) para tender algún puente propositivo que pudiera conectar con un metarrelato distinto al masismo con perspectiva de futuro, su labor era esencialmente la  incendiaria; además, los hay quienes se sumaron a última hora a este grupo y que de manera notoria publican últimamente muy seguido sus columnas.

Otro grupo está conformado por los que se exculpan de haber estado en el masismo a similar velocidad con la que el TREP se detuvo la noche electoral. Sus esfuerzos destacados por ser considerados masistas de derecha es llamativo, el eje central de sus posiciones no es la crítica a la política, sino el descargo de culpa como vía de recuperación de estatus social porque, como nos consta, tenemos cocinada en nuestro campo político una corriente política masista versus antimasista.

El tercer grupo de intelectuales lo constituyen aquellos que sostienen una posición y trayectoria desde la izquierda y que tuvieron algún tipo de desencuentro personal con el gobierno del MAS. De manera curiosa pareciera que en el balance análisis/catarsis contra Evo eligieron posicionarse por encima de todos, en un púlpito desde el que hacer la cama a la derecha no les resultó tan costoso porque encontraron que el goce político de disfrutar criticando era más importante y a la altura de sus egos internos; porque de lo que se trata hoy día es de ser reconocido, pero no en el sentido estrictamente meritocrático de la palabra, sino en el sentido de ser reconocido por los dichos polémicos que se puedan decir y que calen hondo en alguna tendencia tuitera del momento.

Dicen, los que estudian las emociones en la política, que últimamente no vamos a votar por la búsqueda de una esperanza, sino por la búsqueda de castigar a quien no es de nuestra preferencia. Es decir, la política la movilizan quienes apelan a sentimientos negativos y en ese escenario si no hacemos nada por traducir el esperpento que tenemos a nuestro frente y, al contrario, nos dedicamos a entregarnos a alguno de los grupos constituidos alimentando la política de la identidad sin dar desde el grupo progresista nociones mínimas de reconducción, porque parecieron buscar por sobre todo diferenciarse por querer pertenecer a otra corriente ajena en valores a ellos mismos en la espera de que eso les devolviera a su lugar.

Para ir acabando, cuenta una anécdota del filósofo Isaiah Berlin a propósito de desconfiar de algunos supuestos “críticos” que en su etapa de universitario, vio cómo a un amigo suyo que era brillante estudiante y que se negaba participar de movilizaciones y protestas por preferir observar las cosas con reflexión y estudiando, los supuestos impulsores del pluralismo que se movilizaban entraron a la habitación de este alumno y destrozaron la misma como un acto de reclamo por su no participación de las supuestas “reivindicaciones de derechos”. Para Berlin ese momento fue decisivo para desconfiar de aquellos supuestos profetas de los derechos porque en el fondo lo que recubren estos movimientos masivos impulsados por algunos seres iluminados lo que hacen es expresar todo, menos democracia.

Invitado
Marcelo Arequipa Azurduy
Politólogo y docente universitario