Santo en la Web y en la Red

18 de julio, 2024

Martha Wolff. Mario y Ruth Corcuera – 90 y 86 años.

Acaba de fallecer Ruth Corcuera una embajadora argentina de nuestro arte textil, a quien entrevisté junto a su esposo en mi libro “PALABRAS MAYORES”, sobre la vejez activa, en 1918. Tuve el honor de conocerlos y disfrutar de ambos pero especialmente de ella admiradora y rescatadora de las manos artísticas tejedoras de nuestro país a las que revaluó su arte folclórico ante el mundo.

“SE ADMIRABAN MUTUAMENTE CON UN GRAN RESPETO ENTRE AMBOS”

Mario es un hombre de larga trayectoria diplomática y

además, escritor y Ruth antropóloga y también escritora.

Al entrar a su casa para ser entrevistados lo primero que

dijo Mario fue: “¡Aquí me ve cansado de vivir!” pero ante la

propuesta de que iba a entrevistar a gente mayor vital y

positiva, enseguida se rectificó y agregó, que los años lo van

aislando cada vez más porque la vida ya tiene menos

atractivos, por lo que significa estar más tiempo consigo

mismo, que el físico no ayuda, que esta etapa exige más

descanso y que quiere dormir y dormir porque es el anticipo

al sueño eterno.

Mario tuvo una vida intensa. Su infancia y adolescencia

fue aceptable, trabajó y estudió y tuvo suerte. Se graduó en

la Universidad de Buenos Aires, en la carrera de Filosofía,

donde conoció a su mujer que cursaba Historia, allá por

1946. Trabajó primero en una oficina de comercio exterior

y luego pasó a la vida diplomática. Se casaron y querían

viajar, conocer mundo, pero al haber sido estudiantes, no

había becas ni las facilidades actuales. Viajaban los ricos,

los pudientes. La diplomacia ha sido su pasión porque le ha

dado la posibilidad de conocer mundo y gente de gran valor.

Resumiendo está conforme con él y con su familia

compuesta por tres hijos, ocho nietos y una frase poética:

“Vida estamos en paz”.

A Mario le gusta estar con sus nietos. Desde hace un

tiempo sale a comer con ellos una vez por mes y siente que

lo nutren de una vida distinta, aunque fuera de sus nietos,

está enojado con la juventud en general. Opina que no están

bien formados, no saben lo que pasó hace 50 años, no tienen

interés en saberlo, y eso es grave, porque creen que el país

nació con ellos e ignoran que se hace con esfuerzo a través

del tiempo.

Mario sabe que para sus nietos es un anciano respetado,

querido y escuchado, sobre todo cuando es consultado. Sus

nietos conocen de su vida pasada, de los cargos que ocupó

en la diplomacia y algo fundamental que trabajó siempre

para el país con responsabilidad ante lo asumido.

En sus años de diplomático escribió cuatro libros con

placer y diversión con sus ideas y pensamientos. Sus libros,

detalló luego su hijo Javier, fueron muy buenos: el primero,

pequeño, trataba de filosofía, Palabra y realidad, que escribió

en África donde todo está expuesto y nada se oculta, en el

que destaca el valor de la palabra prologado por Léopold

Sédar Senghor, el poeta de la negritud; otro dedicado a los

quioscos y a los bares y una crítica a la televisión; uno de

“Piratas y corsarios” y el libro sobre Santiago Liniers que

fue el primero que trató sobre la traición y la violencia

política en la Argentina.

La carrera diplomática fue larga con cargos diversos

ascendiendo peldaño a peldaño hasta llegar a embajador.

Su primer destino fue África, en Senegal, y en ese continente

también fue embajador concurrente en Mali, Mauritania,

Guinea-Bissau y Cabo Verde. Tuvo varios cargos de

alternancia volviendo a la Argentina como Agregado de

Prensa, Director General de Asuntos Culturales hasta

Director General de Administración y en Europa varios otros,

en Roma como agregado cultural, luego como Director

General de Cultura en París y en América Latina en Perú.

Pero a pesar de sus obligaciones nunca dejó de lado sus

conceptos filosóficos y estéticos del ser humano desde la

Antigüedad en adelante.

Uno de sus nietos, Matías, participó de la entrevista y

respondió que veía a sus abuelos como personas importantes

por lo que hicieron, que son interesantes y los siente amigos.

Que son de gran influencia en su vida. Y recordó cuando su

abuelo lo ayudó a la elección de su carrera y según Ruth, el

que salvaguardará su colección de tejidos antiguos y

artesanales.

Matías, sus hermanos y primos fueron criados entre

libros, tejidos y relatos de viajes. Mario y Ruth siguen

transmitiendo a sus nietos las anécdotas sobre sus

experiencias que son su gran patrimonio. Para él, a su abuela

Ruth, que es antropóloga, los indígenas la conquistaron con

el arte que dejan en una tela. Son más que la trama, son

historiografías de culturas. Así sus hermanos y primos

fueron creciendo en medio de ese mundo integrados a la

vida de sus abuelos y especialmente él que es de secretario

de ellos.

Así como Mario nació en Rosario siendo sus padres de

Córdoba, Ruth nació en Buenos Aires cuando su padre

trabajaba en el diario Crítica con Botana de ayudante y de

político, reivindicador social y un gran soñador con trabajos

cambiantes que sobresaltaba a la familia. Su madre era hija

de piamonteses, que fueron los primeros en llegar en 1874

siendo ella mezcla de criolla y europea. En Filosofía conoció

a Mario, pero ella estudiaba en el Museo Etnográfico, adonde

concurrían muy pocos alumnos y ellos fueron los pioneros

de esa carrera. Ruth se recibió y quedó un gran amor por el

griego, idioma al que recurre en los momentos más difíciles

de su vida como en los partos, idioma que es racionalización

pura. En 1953 se casaron y se siguen queriendo como desde

el primer día. Mario opina que ella es una gran mujer. El

secreto es que se admiran mutuamente y hay entre ambos

un gran respeto.

Ruth es una coleccionista que trabajó cinco años en

excavaciones en Perú cuando estaba en la Universidad

Católica y fue donde se dio cuenta que lo que encontraba

tenía tantas facetas que abarca al mundo y a los cambios

culturales reflejados en esos objetos. El tema de los tejidos

además, lo estudió del primer libro que trató sobre ponchos

que escribió Taullard sobre los ponchos del mundo andino,

pero no del Perú, que lo antecedieron. Esos hallazgos fueron

lo que la hizo comprender que el mundo es un crisol mestizo

en el que todos pertenecemos a todos, esa es su forma de

pensar, más cerca de lo social en la comprensión de lo tejidos

que en lo antropológico de la especie humana. En el tejido

se ve el tejido de la sociedad humana en todos sus aspectos

y de su entorno.

Ruth escribió su primer libro para una tesis hace trece

años y se enamora de lo que descubre, analiza, investiga y

que está muy bien expresado en un mito africano que dice:

“El universo es un telar, la urdimbre es la vida y la trama

los acontecimientos de ella”.

La especialidad de descubrir de dónde es un tejido, quienes

lo hicieron, qué materiales usaron, de qué periodo es, cómo

perduró en el tiempo es su trabajo. Ruth busca con estas

investigaciones la historia de la humanidad.

Ella ha viajado y estimulado a las mujeres indígenas a

que revaloricen sus manos productoras de arte regional e

hizo posible que se exportaran sus trabajos, para que

recuperen esa herencia andina que viene de siglos y para

recomponer ese gran valor que tienen en sus manos. Se ha

dedicado a dar clase y tener alumnas que son sus discípulas.

Eso la hace feliz. Ella junto a una amiga fomentaron este

privilegio que tienen esas mujeres y fue en Chile donde

fueron más consecuentes y quienes cuando tuvieron que

huir de la dictadura de Pinochet se llevaron puestas su arte

y la transformación de las culturas.

El primer libro de Ruth fue: Gasas prehispánicas,

Herencia textil andina; Azul sagrado que fue su experiencia

en África del cambio de la vida rural a la urbana; Ponchos

de las tierras del Plata, libro que fue regalado al presidente

de la Nación; Mujeres de seda y tierra, que trata sobre los

primeros argentinos de vida sencilla que llegaron a

conformar una identidad cultural y el último será Ponchos

de América.

Su hijo Javier, biólogo dedicado al Medio Ambiente,

presente en la entrevista dijo sobre sus padres que son

juveniles, inteligentes, agiornados, inquietos, informados,

que fueron y son activos intelectuales. De los libros que

escribieron opinó que fueron acontecimientos familiares y

sociales. También reconoce junto a sus hermanos el legado

que recibieron de los distintos países en los que vivieron con

un padre diplomático y, que, gracias a la tecnología, siguen

siendo amigos de los amigos de aquellos tiempos y países.

Como despedida compartió el privilegio de tener padres

longevos lúcidos y positivos.

Mario, al finalizar la entrevista, mostró orgulloso su

biblioteca y confesó que un libro es su mejor amigo, mientras

Ruth, apasionada por sus tejidos paciente espera su nuevo

libro. En el mes de noviembre tuvo honor de haber sido

declarada Personalidad Destacada de la Cultura de la Ciudad

Autónoma de Buenos Aires, en un acto que tuvo lugar en el

Museo José Hernández.

INVITADA
Martha Wolff
Periodista y escritora

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