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miércoles 19 de febrero, 2020
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MARTHA WOLFF. Todo parecido no es pura casualidad.

Richard Jewell, es una película biográfica dirigida y producida por Clint Eastwood. Describe el atentado terrorista durante la olimpíada el verano de 1996, en Atlanta, Georgia , y sus consecuencias, donde el guardia de seguridad Richard Jewell encontró una bomba y alertó a las autoridades para evacuar, siendo más tarde, erróneamente, acusado de haberlo colocado. Es protagonizada por Paul Walter Hauser como Jewell , junto a Sam Rockwell, Kathy Bates, John Hamm y Olivia Wilde.  

Acabo de ver esta película que es una fiel pintura de la realidad de la Argentina y de todos los poderes y su burocracia, para dominar, tapar errores y condenar a inocentes. Se trata de un film estrenado en diciembre del año pasado a nivel mundial, “El “Caso Richard Jewell”, sobre el ataque terrorista en la Olimpiada de Verano de 1996 en Atlanta, Georgia, bomba que fue encontrada por el  guardia de seguridad.

Así de simple y así de complejo. Simple pero riesgoso, como es el trabajo de supervisar todo objeto sospechoso que sea dejado en un lugar público o privado, y denunciarlo. Complejo porque toda persona pasa a ser mirada con desconfianza por la mochila que lleva, ya que todos somos inocentes hasta demostrar lo contrario. Y fue en esa multitudinaria convocatoria, como es una olimpíada norteamericana, para ser atacada por los enemigos, como lo fueron las de las Torres Gemelas.

Richard Jewell  es un agente enamorado de la ley para hacerla cumplir a rajatabla. Es lo contrario a los que viven de la Justicia, pero no la ejercen al pie de la letra, por desidia, conveniencia o dejadez. Ese hombre, agente gordito, obsesionado por cuidar, controlar, practicar tiro en ferias de diversiones,o en la caza de animales, pasa a ser quien descubre un bolso y advierte, ante la afirmación de la policía especialista en explosivos, que lo hallado está  por estallar y comienza la alerta. Pero todo fue tan rápido que fue imposible de salvar a todos. Paralelamente a su accionar , estaba presente el FBI, que seducido por una periodista, tanto para el sexo como el espionaje, para obtener información y éxito en la redacción, llegó tarde para cumplir su servicio, ganado el terreno por un simple guardia. De ahí en más, el salvador pasa a ser el sospechoso, y el poder, el encontrar como chivo emisario, para que el culpable pase ser un inocente para encubrirse y condenarlo.

Una trama infernal que responde a lo que sucede con la Justicia argentina, que enmaraña, dejando a los que tienen antecedentes, como gente sin culpa ni cargo, y los que los descubrieron incompetentes.  Nunca vi algo tan igual o parecido a lo que todos los días aparece en los medios de difusión; al indagar  hasta el tuétano a los acusados culpables, figurando como de manos limpias, y a los que los culpan cumpliendo la ley como el mejor arma de la Justicia, siendo condenados por persecución política. Una trama copiada de nuestra realidad.

El sufrimiento de ese guardia, que es utilizado por el Estado para denigrarlo, pero que se equilibra con la  balanza de la Justicia, cuando aparece un abogado que no está al servicio de la impunidad, sino de la verdad, que lo salva. Además respaldado por un amor de familia, que es la primera formación ética de la sociedad.

Esta película debería darse en Tribunales, porque es un canto de esperanza para poder llegar a tener un país mejor….

Invitada
Martha Wolff
Escritora y periodista