Las palabras no son inocentes. Significan en varios sentidos. El que le otorgamos por su uso común y el que esconden en las profundidades de su origen. Como sucede con la palabra “adiós”, que a fuerza de repetirla a modo de saludo fue escondiendo la verdadera acepción espiritual de encomendarse a Dios.
Cuando Norma eligió para el título del libro la expresión “Decir adiós”, no pensó en su sentido cotidiano de despedida, de final, simplemente le surgió como metáfora para no espantar con un tema del que cuesta hablar.
Al compartir esta indagación íntima, escrita en soledad, reconoce tanto el final como la invocación espiritual. El deseo de ser bien entendida. Final, porque pretende cerrar la trilogía de sus libros escritos sobre lo que intenta entender, el pasado violento y nuestras dificultades democráticas.
Primero fue “De la culpa al perdón”, escrito diez años después de haber cubierto como cronista el Juicio a las Juntas.
Luego su segundo libro “Silencios”, sobre la memoria acallada. La ausencia de rituales compartidos para despedir a nuestros muertos, despojados de ideología.
Con esas sospechas se lanzó a investigar, tras muchas lecturas, y tiempo de investigación, resultó su último libro “Decir adiós”.
El fin de la trilogía para cerrar cuentas con su pasado que la increpa desde que la vida la atropelló con el cortejo de muertes personales y generacionales, pero con nuevos interrogantes sobre la incapacidad democrática para reconciliar lo que se ha profundizado como trincheras que se abrieron debajo de nuestros pies.




