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23 de febrero, 2024

OJO X OJO. Marcelo Molina. ¿Uvas contra una prohibición? El origen de una tradición muy española.

Muchos países tienen sus ritos o actos tradicionales para cerrar un año y empezar el siguiente.

 En España, hay  una tradición que se celebra justo al cierre del año, cuando ya no queda nada. Esos últimos segundos de cada 31 de diciembre es obligatorio comer 12 uvas cuando las agujas del reloj se juntan en lo más alto del reloj, mirando al cielo.

 Según la tradición, cada uva representa un deseo para cada uno de los meses del año que se avecina y también despide al que se termina con las 12 campanadas en la Real Casa de Correos de la Puerta del Sol de Madrid, actualmente sede del Gobierno de la Comunidad Autónoma de Madrid, el mítico KM cero de España.

Hay muchas explicaciones del por qué de esta tradición. Una de las teorías remonta los orígenes de esta costumbre a 1909. Ese año hubo una muy buena cosecha de uva y los productores decidieron dar más salida al producto y, acción de marketing mediante, las calificaban como “uvas de la suerte” en paquetes preparados de doce uvas, simbolizando los doce meses del año.

 La segunda hipótesis, que describiremos más adelante y a la que adherimos, está respaldada por registros y pruebas documentales de que esta costumbre ya se practicaba anteriormente, así que es muy probable que aquel excedente de 1909 sólo sirviera para reforzar la tradición, pero no para crearla.

Vamos al grano, o mejor dicho, a la fruta.

Todo parece indicar que la práctica de comer las famosas doce uvas en Nochevieja se sitúa en Madrid allá por 1880, como una acción satírica y de protesta.

 Y eso?. Cuentan que por aquel entonces la burguesía española copió una costumbre de las clases altas francesas que consistía  en hacer fastuosas fiestas privadas en Navidades. Se bebía abundante champán y se utilizaban uvas como acompañamiento.      Al mismo tiempo que se celebraban estas fiestas, el Ayuntamiento de Madrid prohibió tajantemente los festejos callejeros que se celebraban normalmente en la Noche de Reyes.

 En los diarios de 1882 ya aparecen indicios en sus páginas de todo lo que esto implicaba. 

 Hay crónicas que cuentan entonces como los “Chulapos”, vecinos de las clases populares, mayoritariamente de Malasaña y La Latina, manifestando en la Puerta del Sol como una acción irónica y burlona contra la prohibición y contra  burguesía española que había copiado esa costumbre de la aristocracia francesa.

 Gente a los que se les había arrebatado su divertimento de Reyes, aprovecharon que sí podían reunirse en Nochevieja para escuchar las campanadas del reloj en la plaza símbolo de la capital Española. Asi, al sonar cada “don dan” de la campana mayor, se establecía comer una uva como acto de repudio.

Esta costumbre de comer uvas frente a la Puerta del Sol enmarcaba en sí mismo una dosis de ironía, grajeas de protesta y de paso una diversión “autorizada y legal”.

 Y por que uvas? Pues porque es un fruto que se asocia con símbolos positivos como la hermandad, unión, alegría o placer (dios Baco).

Con el paso de los años, el festejo le ganó a la queja y acabó por generalizarse y extenderse al resto del país. Hoy en día, no hay casa en la que no estén presentes la noche del 31.

Las venden incluso los supermercados en cajas ya contadas y sin las semillas para facilitar su digestión, y evitar obviamente morir ahogado por una pepita traviesa.

Incluso en algunos colegios se realizan pruebas de cómo comerlas con cada campanada para que los chicos lo aprendan y no queden fuera de la tradición.

Y vos, ¿Ya tenés tus doce uvas?

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