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martes 17 de mayo, 2022
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Príncipe Andrés. La oveja negra de la realeza británica preocupado por el futuro de sus 2 hijas.

No podrían representar más públicamente a la Casa de Windsor. La acusación de pedófilo a su padre es un escollo difícil de sortear.

El príncipe Andrés llegó a un acuerdo económico en la acusación por abuso sexual pero fue condenado de por vida al ostracismo social.

Sus hijas, las princesas de York, Eugenia (31 años), se dejó ver a mediados de este mes en compañía de su primo, el príncipe Harry, en el SoFi Stadium de Los Ángeles para asistir juntos la Super Bowl, se desataron las especulaciones.

Era la primer miembro de la familia real británica que visitaba al duque de Sussex dos años después de su espantada y exilio al otro lado del Atlántico junto a su esposa, Meghan Markle.

Como mínimo, aquello suponía una muestra de solidaridad familiar, y “suscitó algunas esperanzas de que pudiera contribuir a sanar las heridas abiertas entre los Windsor”, como escribió Hilary Rose en The Times.

Otros medios con atribución a fuentes anónimas, podía ser la embajadora perfecta para convencer al díscolo nieto de la reina de que rebajara el tono en la autobiografía que está preparando para publicar este año.

La casa real no necesita otra bomba en medio de las celebraciones del Jubileo de Platino de la reina Isabel II.

Nadie duda que Beatriz (33 años) y Eugenia acompañarán a Isabel II y a los miembros más relevantes de la familia real en el balcón del Palacio de Buckingham el próximo 2 de junio, cuando los cazas de combate de la Royal Air Force dejen una estela con los colores de la Union Jack.

La ceremonia del Trooping the Colour, con la que cada año se celebra oficialmente el cumpleaños de la reina, tendrá especial relevancia en 2022, y las princesas rellenarán el vacío provocado por los errores de su padre.

Pero más allá de esos eventos, no está nada claro cuál será el papel de las dos mujeres en las tareas futuras de representación pública de la Casa de Windsor.

Andrés ha peleado durante todos estos años para preservar la relevancia de sus hijas, “dos princesas de sangre”.

Fue decisión de Jorge V, hace ya casi 100 años, que los descendientes por línea masculina del monarca mantuvieran el tratamiento de alteza real y el título de príncipes o princesas.

Los hijos de la princesa Ana, hermana de Andrés y Carlos, no tienen ese rango (ni ningún otro, porque han rechazado los ofrecimientos de varios títulos que les hizo, a ellos y a su madre, la reina).

Si quien fuera durante todos estos años el hijo preferido de Isabel II, el duque de York, no puede ya siquiera reclamar que se dirijan a él en público como “su alteza real”, tampoco tiene razones jurídicas o de tradición para exigir que pasen a sus hijas las decenas de patronatos reales que le correspondían.

Su madre lo despojó de todos esos atributos cuando quedó claro que Andrés debería encarar a la presunta víctima de sus abusos sexuales en un tribunal estadounidense.

Carlos de Inglaterra, el heredero al trono, ha señalado su voluntad de reducir el número y funciones de los miembros más relevantes de la familia real. Beatriz y Eugenia tienen difícil encaje en esa nueva estrategia.