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lunes 21 de junio, 2021
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Príncipe Harry. Confesó su adicción a drogas y alcohol por el dolor de la muerte de su madre y su rol en la familia real.

«No quiero pensar en ella porque si pienso en ella va a a salir a relucir el hecho de que no puedo traerla de vuelta y me va a entristecer».

El príncipe Harry de Inglaterra reveló que recurrió a las fiestas, al alcohol y la drogas durante una época de su vida “como una forma de escape” del dolor por la muerte de su madre Diana y su rol en la familia real.

«Estaba dispuesto a beber, a tomar drogas, a intentar hacer las cosas que me hacían sentir menos como me sentía», afirmó en el primer capítulo de la serie documental The Me You Can’t See («Lo que no puedes ver de mi»), que creó junto a la presentadora estadounidense Oprah Winfrey.

«Pero poco a poco me di cuenta de que, está bien, no estaba bebiendo de lunes a viernes, pero probablemente bebía el equivalente a una semana en un solo día, un viernes o un sábado, por la noche. Y estaba bebiendo, no porque lo disfrutara, sino porque estaba tratando de enmascarar algo», confesó.

Según expresó, sus problemas de salud mental aumentaron tras el fallecimiento de su madre, la princesa Diana, cuando tan sólo tenía 12 años. «Soy una de las primeras personas en reconocer que tenía miedo a perder».

«No quiero pensar en ella, porque si pienso en ella, va a salir a relucir el hecho de que no puedo traerla de vuelta y me va a entristecer. ¿De qué sirve pensar en algo triste? Y simplemente decidí no hablar de eso. Nadie hablaba de eso», prosiguió.

Y añadió: «Tenía la cabeza metida en la arena y simplemente se resquebrajaba».

Por otro lado, Harry mencionó haber soportado «ataques de pánico y ansiedad severa» durante sus deberes reales en la época en la que tenía 20 años. «Fue un tiempo de pesadilla en mi vida» recordó y dijo que estaba «enloqueciendo» a menudo.

«Cada vez que me subía al auto, y cada vez que veía una cámara, empezaba a transpirar. Me convencía a mí mismo de que mi rostro estaba rojo brillante y todos podían ver cómo me sentía, pero nadie sabría por qué», aseguró.

Por último, se quejó de la falta de comunicación con su familia: «Cuatro años de terapia para una persona que nunca pensó que alguna vez la necesitaría es mucho tiempo. Yo tampoco estaba en un ambiente en el que se animara a hablar de eso».