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martes 27 de septiembre, 2022
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Reina Letizia. Por su decisión sus amigas periodistas dejaron de hablar con la prensa. Un libro descubre su intimidad.

«Quiere que su trabajo se valore por su contenido, no por su imagen».

La Reina de España cumple 50 años. pero no habrá una fiesta con otros miembros de la realeza.

Sí espera que Casa Real realice un despliegue de fotografías y vídeos para conmemorar la efeméride.

Se publica un nuevo libro dedicado a la figura de doña Letizia, como le dicen en España, con nuevos detalles de la vida de una mujer que no nació para reinar, pero ha terminado sentada en el trono español como consorte.

Mábel Galaz, quien coincidió con la Reina durante sus años como periodista, escribió en ‘Letizia real’, una obra editada por La Esfera de los Libros y a la venta en librerías en unos días: «Para Letizia no fue fácil perder su independencia. No fue fácil dejar de salir a la calle sin tener que avisar previamente a los escoltas. No fue fácil abandonar su profesión, que había sido hasta entonces el motor de su vida. Tampoco fue fácil cambiar su piso de setenta metros cuadrados en la popular barriada de Valdebernardo por un palacio donde es difícil mantener la intimidad. Y no fue fácil colocarse en el epicentro del foco mediático. Pasó de buscar la noticia a ser la noticia. Pasó de observar a ser observada. Pasó de periodista a princesa en solo un suspiro».

Hasta su compromiso, Letizia Ortiz era una ciudadana española más que trabajaba, salía y tenía un grupo de amigas formado por las periodistas Cristina y Sonsoles Ónega, Mar Peiteado, Inma Aguilar y Almudena Bermejo.

Con ellas pudo hablar la autora: «No había duda de que la adoraban». Relataban en esos días, por ejemplo, cómo una de ellas vivía momentos de desamor y Letizia no dudaba muchas mañanas en coger su coche, comprar unos bollos e ir a consolarla. «Siempre está, es incondicional».

Una imagen, esa de la ahora Reina comprando dulces para animar a una de sus amigas, que desconocíamos.

Por mandato de la propia Letizia, sus ‘escuderas’ dejaron de hablar con la prensa.

La llegada de la Reina a Zarzuela no fue fácil. No solo por el cambio que le supuso, sino porque «no tenía nada que hacer. Una profesional con años de experiencia y mucha ambición se encontraba a expensas de lo que le mandaran, que era poco. En el siglo XXI, a una profesional que se reconoce feminista desde muy joven y lo demuestra siempre que puede, pronto le hicieron ver que su gran misión tras el matrimonio era ser madre».

El 31 de octubre llegaba al mundo Leonor, futura Reina de España. «Cuando recibió el alta médica, compareció ante los medios de comunicación con Leonor en sus brazos. Se había maquillado en exceso, quizá, para ocultar el cansancio, pero también para dar bien ante las cámaras. De eso ella sabe mucho. Hacía tiempo que no se la veía tan sonriente, tan feliz. Era una madre orgullosa y satisfecha. Tenía con ella al mejor proyecto de su vida: criar a su hija que, a diferencia de ella, sí había nacido para reinar».

Letizia encontró su lugar el 19 de junio de 2014 con la proclamación de Felipe VI. «Letizia tenía, por tanto, como primer objetivo al convertirse en reina de España ganarse la calle. En la calle, lo que más sorprendía no era su agenda de trabajo, sino su talante. Lo mostró abiertamente durante los actos organizados con motivo de la entronización de Felipe VI. Esa actitud la acompañó en los eventos que presidió tanto al lado del Rey como los que desarrolló en solitario. Se la veía más segura, más cómoda, aunque seguía obsesionada con no cometer ningún fallo, obsesionada por controlarlo todo y algo rígida cuando las cámaras la enfocaban», puede leerse en ‘Letizia real’.

«Quiere que su trabajo se valore por su contenido, no por su imagen. La Reina prepara a conciencia los actos a los que acude. No es raro verla viajar con un maletín de mano en el que lleva toda la documentación».

«Letizia es un valor seguro y al alza para la moda española, aparte de su mejor embajadora en el mundo. Esta parcela de su trabajo supone para ella un reto diario que afronta con una doble visión: quiere cumplir con las expectativas que crea en sus apariciones, pero que ello no distorsione el mensaje ni el trabajo que realiza, que es lo que verdaderamente le importa. Por eso, la incomoda, por ejemplo, que se hable más de la falda que lleva que de lo tratado en un acto que preside, por muy importante que sea».

El poder de doña Letizia radica en ser el gran apoyo de su marido.

«En estos tiempos convulsos, Letizia es un buen contrapeso para Felipe, tiempos en los que, con frecuencia, las cuestiones institucionales se entremezclan con las familiares. Sus colaboradores más cercanos aseguran que no hay dos Felipes, que Felipe de Borbón es igual que Felipe VI; es decir, que el hombre y el monarca son la misma persona, porque está convencido de lo que debe hacer, que su compromiso con la Corona es inequívoco», explica Galaz en este libro.