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sábado 13 de agosto, 2022
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Servicio de Inteligencia de Israel. El Mossad y los atentados a la embajada y a la AMIA. Publicados por el diario The New York Times.

Los ataques fueron realizados por una célula de Hezbollah. No hubo ayuda de funcionarios argentinos ni agentes iranies en Buenos Aires.

El servicio de inteligencia de Israel, El Mossad, dio a conocer datos desconocidos sobre los atentados a la AMIA y a la embajada de Israel a partir de una nueva investigación. Las conclusiones del reporte fueron publicadas por el diario The New York Times.

Los ataques fueron realizados por una célula de Hezbollah sin ayuda de funcionarios argentinos o agentes iraníes en Buenos Aires.

Los explosivos se introdujeron de contrabando en la Argentina en botellas de champú y cajas de chocolate. Todo se realizó a través de vuelos comerciales.

Se contrarrestan las antiguas afirmaciones de Israel, Argentina y Estados Unidos de que Teherán tuvo un papel operativo sobre el terreno.

Tanto el ataque a la AMIA como el de la embajada de Israel en Buenos Aires fueron perpetrados por Hezbollah en venganza por las operaciones israelíes contra la milicia chiita en Líbano.

Los productos químicos utilizados para fabricar las bombas fueron adquiridos por una empresa comercial creada por Hezbollah para encubrir sus operaciones en Sudamérica.

Los responsables de los dos atentados están vivos y residen en el Líbano.

Dos sospechosos, contra quienes se emitieron alertas rojas de Interpol, están identificados como agentes libaneses de Hezbollah y hay un tercero que es buscado por Estados Unidos.

El comandante de operaciones del grupo terrorista, Imad Mughniyeh, mencionado por la investigación del Mossad como jefe de la unidad que llevó a cabo los atentados, murió en una operación conjunta israelí y estadounidense en 2008.

La investigación fue recopilada a partir de interrogatorios con sospechosos, vigilancia, escuchas telefónicas y agentes.

El Mossad reconoce que no pudo anticipar ninguno de los ataques. Sobre todo el segundo, el de la AMIA, que fue muy similiar al de la Embajada y fue realizado por el mismo grupo.

La agrupación terrorista comenzó a construir unidades encubiertas en diferentes partes del mundo para ampliar su alcance y atacar a israelíes u objetivos judíos.

Desde 1988 Hezbollah envió operativos a varios países de Sudamérica para adquirir “experiencia que les permitiera abrir negocios legítimos y tener una fachada comercial sólida para desplazarse entre diferentes países”.

En 1992, Israel asesinó al líder de Hezbollah, Abbas al-Musawi. Después de ese ataque, según el Mossad, el grupo terrorista envió a un alto operativo, Hassan Karaki, con un pasaporte brasileño falsificado a Buenos Aires, donde compró la camioneta utilizada en el ataque a la embajada.

El comandante adjunto de la unidad de operaciones de Hezbollah, Talal Hamia, donde se reunió con Muhammad Nur al-Din, un libanés de 24 años que había emigrado a Brasil unos años antes y quien había aceptado ser un atacante suicida.

Hamia y todos los agentes de Hezbollah salieron de la Argentina un día después del atentado en el que inmoló Al-Din.

El general de brigada Uri Sagie, exjefe de inteligencia militar israelí que recomendó asesinar a Musawi, reconoció en una entrevista en 2016 que Israel no había previsto la amenaza. “No predije con precisión la reacción de Hezbollah”.

Aseguran que esas fallas fueron “un estímulo significativo” para Hezbollah.

El director del Mossad en ese momento, Shabtai Shavit, recibió una advertencia de un alto funcionario de la agencia de inteligencia de que existía un grave peligro de otro ataque contra judíos o israelíes en Sudamérica, especialmente en Argentina.

Shavit creía que la operación había sido realizada por Irán, y no por Hezbollah, y ordenó el monitoreo de la embajada iraní en Buenos Aires, que no mostró actividad inusual.

La Fuerza Aérea Israelí embistió un campamento del grupo terrorista, en el que 50 personas fallecieron y otras 50 resultaron heridas. Las estaciones de radio de Hezbolá prometieron “una respuesta total en todos los niveles”.

El 18 de julio de 1994, el centro comunitario judío en Buenos Aires fue atacado.

Los mismos operativos de Hezbollah estuvieron detrás del derribo de un avión de pasajeros panameño al día siguiente, un incidente en el que murieron 21 pasajeros, entre los que se encontraban 12 líderes de la comunidad judía en Panamá.

Los hallazgos del Mossad afirman que debido a que la red operativa de Hezbollah “no fue expuesta y neutralizada después del ataque a la Embajada de Israel”.

Esas mismas personas fueron utilizadas para “ejecutar un ataque aún más mortal” en el centro comunitario dos años después.

Tras los atentados se hicieron acusaciones que implicaban que funcionarios argentinos.

Los hallazgos del Mossad concluyen que no hay evidencia para sustentar esas afirmaciones. “Solo los operativos de la unidad de operaciones exteriores de Hezbolá participaron en el atentado, sin ninguna colaboración de ciudadanos locales”.

La responsabilidad de Irán. El informe del Mossad cita las pesquisas del fiscal Alberto Nisman, que indicaban que Teherán aprobó los dos ataques. De hecho, en 2007, por pedido del fallecido fiscal, Interpol emitió alertas rojas contra altos funcionarios iraníes, incluido Ahmad Vahidi, quien actualmente es ministro del Interior de Irán.

El Mossad determinó que Irán no participó en la perpetración de los ataques ni en dar asistencia a los agentes.

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