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viernes, 17 de abril de 2026
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Máxima reina. De vacaciones en Grecia junto al rey Guillermo y sus hijas.

En su crucero Alma

Navegar es una de las actividades que más le gusta a la familia real neerlandesa.

Desde que, en 2020, compraron Alma, un crucero de 16 metros de eslora, los reyes de los Países Bajos aprovechan cada hueco en su apretada agenda para lanzarse al mar Egeo, en el Mediterráneo, y en especial las semanas de julio y agosto, que son los mejores para hacer travesías y que coinciden con las vacaciones de verano de los royals.

Desde hace cuatro años se los ha visto maniobrando ellos mismos este yacht de diseño y última tecnología, cuyo nombre, según dicen, es la suma de las dos primeras letras de “Alex” y “Max”, tal como Máxima (53) y Guillermo Alejandro (57) se llaman en la intimidad: habitualmente, es el rey de los neerlandeses quien se hace cargo del timón del barco, construido por el astillero holandés Wajer y considerado el superyacht más pequeño del mundo; y Máxima, oficia de tripulante junto con la ayuda de sus tres hijas, las princesas Amalia (20), Alexia (19) y Ariane (17).

Habitualmente, es el rey Guillermo Alejandro quien se hace cargo del timón. Máxima y sus hijas, las princesas, ofician de tripulantes.

Sin custodia a la vista ni tripulación y en medio del mar. Se trata de un ritual que salvo excepciones cancelan.

Este 2024, la inauguración de los Juegos Olímpicos en París, fue una de ellas. Para estar presentes en la ceremonia de apertura, en el Trocadero, y acompañar a los equipos neerlandeses en las primeras competencias, Máxima y Guillermo y sus hijas mayores, las princesas Amalia y Alexia (en esta ocasión, no estaba Ariane) hicieron un impasse en sus vacaciones de verano en Doroufi, al sudeste de Atenas, la capital griega, en donde tienen su espectacular refugio sobre el mar.


Antes de su desembarco en París, los fotógrafos avistaron a los Orange en un glamoroso desembarco. En una jornada de viento suave, con el mejor sol y mucha calma, en medio de las aguas azules del golfo Sarónico, que está entre el Peloponeso y la región de Ática, la reina Máxima daba indicaciones precisas a su marido, al mando de Alma –un Wajer 55 por el que, en su momento, desembolsaron dos millones de euros–, sobre cómo acollararse al TM Blue One, el crucero propiedad de Valentino Garavani (92), el modisto que –entre muchos de los diseños que ella usa– fue el autor del icónico vestido marfil con el que se casó en Ámsterdam, en 2002. Esta vez, Máxima lucía como una diosa griega.


Llevaba un vestido con estampas que imitaban un mosaico creado por la griega Elena Makri, una diseñadora cuyas prendas se caracterizan porque se inspiran en arte antiguo y la vida de las islas griegas; por su colorido y por su gran versatilidad.


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