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jueves 25 de abril, 2019
Invitado

AGUSTÍN ROSSI. Hay otro camino.

“Hay otro camino” es el punto de llegada de un largo proceso reflexivo junto al equipo de profesionales con el que vengo trabajando, en el que se definieron los ejes de economía política sobre los cuales sustentar un cambio de rumbo a partir del 10 de diciembre de 2019.

El título no es casual, busca trazar una diagonal frente al decidido intento por parte del gobierno de Mauricio Macri de hacernos creer que el camino que eligieron es el único posible, como si la apertura y desregulación ciega de mercados, el ajuste y el endeudamiento acelerado tuvieran algún dejo de novedad. ¿Qué nos dicen que pasa? Que el ajuste fiscal permitirá ir relajando las presiones sobre el frente externo, bajar la inflación, aumentar la confianza y desatar una lluvia de inversiones que consiga la pobreza cero. ¿Qué pasa en realidad? Que el ajuste que imponen al gasto público se va por la canaleta de los intereses de deuda y la fuga de capitales, mientras se acelera la desindustrialización de la Argentina y aflora una preocupante precarización de las relaciones laborales, con fuertes caídas en los ingresos reales y un empeoramiento significativo en la distribución del ingreso. Es un camino el de Cambiemos, pero al pasado más oscuro de nuestra historia.

Para nosotros la realidad fue y es otra. La principal restricción al crecimiento en nuestro país ha sido y es la falta de divisas, producto en parte de una estructura productiva que tiende a un déficit crónico de la cuenta corriente. Necesitamos crecer por encima del 4 o 5% del producto para crear empleo en términos netos, pero también más escala en algunos sectores industriales, valor agregado a nuestra producción primaria y mayor contenido tecnológico en nuestras exportaciones para que el proceso no quede a mitad de camino.

Es aquí donde radica el principal desafío de cara a futuro, desarrollado a lo largo del libro: cómo combinar una macroeconomía que nos dé más y mejor demanda, que incentive la inversión y las mejoras de productividad, con una política productiva y tecnológica que nos asegure un cambio estructural a lo largo y ancho del país. Corto, mediano y largo plazo en un mismo plan de gobierno.

En primer lugar, a nivel macroeconómico, hay que reorientar tres elementos centrales: (1) la política fiscal a inducir mayor demanda agregada y una fuerte mejora distributiva, vía inversión pública, gasto social y una mayor progresividad tributaria; (2) la política monetaria a la estabilidad financiera y externa, a través de un manejo adecuado de la tasa de interés y de una mejor regulación macro-prudencial; y (3) la política cambiaria y de ingresos a lograr una mayor estabilidad interna, reduciendo la volatilidad en los ingresos reales de la población y los precios en dólares de los insumos para la producción.

En igual sentido, como para dar sostenibilidad a la expansión de la demanda, hace falta mayor coordinación entre instrumentos como el tipo de cambio y la tasa de interés, así como de nuevos mecanismos para regular y gestionar los flujos financieros y de capital, extendiendo los límites que la restricción externa ha tenido y tiene en las economías como la argentina.

En tercer lugar se presentan los ejes como para viabilizar el cambio estructural, una hoja de ruta concreta en materia de innovación, ciencia y tecnología, así como en lo que hace al fortalecimiento del entramado de pequeñas y medianas empresas en nuestro país. Más innovación es más valor agregado a lo que produzco y exporto. Y más PyMEs supone no solo dar respuesta a los enormes problemas de empleo que tenemos, sino también un mayor escalonamiento en bienes intermedios, reduciendo la presión sobre la disponibilidad de divisas tanto por el lado de las exportaciones como por importaciones.

Pero además de un punto de llegada el libro es uno de partida, un aporte para debatir la agenda a futuro con los sectores del campo y la industria, el comercio y los servicios. Con los trabajadores formales e informales, el cuenta-propismo profesional y de subsistencia, y con todos aquellos que conforman la economía popular. Con el desarrollo científico-tecnológico de nuestro país, con nuestros abuelos y abuelas, estudiantes e investigadores. “Hay otro camino” representa en definitiva un punto de encuentro, la posibilidad de construir un destino común para la inmensa mayoría de los argentinos y argentinas.

Agustín Rossi

Diputado Nacional por la Provincia de Santa Fe