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miércoles 4 de agosto, 2021
Invitado

Alejandro Vecchi. Por qué olvidar el crimen de Cabezas puede ser más peligroso de lo que pensamos.

La memoria, como todo en la vida, exige ejercicio. Es, aunque no lo parezca, un músculo. El que olvida está condenado como todo el mundo sabe, a repetir errores. Y, lo que es peor, a que los culpables, los asesinos, los miserables sigan moviendo los hilos del mundo. Por eso, cuando los chicos me preguntan: “¿Y quién era Cabezas?”, siento que, como abogado de la familia del fotógrafo asesinado en tiempos de democracia en enero de 1997, es mi deber recordar a las nuevas generaciones la historia de un crimen que, si lo olvidamos, estamos condenados a ser víctimas de una repetición atroz.

Ese fue el motor para escribir “Los sospechosos de siempre”, una lucha quijotesca contra el olvido. Fue duro escribirlo. Fue el caso más difícil y movilizante de toda mi carrera. Hice amigos que persisten al día de hoy, y enemigos que me quisieron ver muerto y por poco, lo logran.

Más recuerdo la historia del crimen de José Luis, y cómo el poder de turno quiso encubrir a los culpables, más recuerdo cómo el empresario postal Alfredo Yabrán pasó de ser la sombra del poder durante décadas y digitar una mafia que incluía todo el abanico político y hasta la iglesia, hasta quitarse la vida acorralado por la justicia, más reconstruyo esta historia y llegó a una conclusión peligrosa: a 24 años del asesinato de Cabezas, y a casi 23 del suicidio de Yabrán, los nombres han cambiado, pero la mafia sigue más activa que nunca.

Es impactante observar, cuando uno investiga las empresas de Yabrán, cómo han cambiado su fachada pero responden a idénticos intereses. Antes, llevaban su nombre. Hoy, están en manos de corporaciones poderosas y blindadas de toda investigación periodística.

No soy de los que creen, como muchos que Yabrán está vivo, y su suicidio fue una puesta en escena. Creo que, físicamente está bajo tierra y espero que su alma pague lo que sea justo tenga que pagar. Sin embargo, su legado, sus negocios y su influencia tienen más continuidad y  peso de lo que reflejan los medios.  

Pero sin dudas, lo más doloroso es ver es a los asesinos de José Luis sueltos. La desmemoria hace que el mal vuelva a actuar en su escenario predilecto: las sombras del anonimato.

Latinoamérica está plagado de casos Cabezas. Le dedico un capítulo de mi libro a repasar los crímenes en cada nación, cómo en países como México y Colombia, los asesinatos de periodistas se cometen a la luz del día, en la misma calle, y son noticias tan cotidianas que ya a pocos le llaman la atención.

Cabezas, hoy no sólo forma parte del panteón de los grandes reporteros del periodismo argentino. Hoy es una bandera de la lucha tesonera del periodismo independiente por plantarse al poder, y retratar, aunque duela, la verdad.    

INVITADO
Dr. Alejandro Vecchi
Abogado de la familia Cabezas