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miércoles 24 de abril, 2019
Invitado

ALFREDO CASADO. Mundo salvaje.

El mundo gira alrededor de las posibilidades de nuevas crisis de todo tipo y a la vez envuelto en una fenomenal falta de liderazgos acordes a la magnitud y gravedad de los tiempos.

La historia, en sus momentos más aciagos, enfrentó a jefes poderosos con ideologías totalitarias y formas de explotación brutal, sofisticada o una mezcla de ambas. Siempre, surgió ante los mesianismos,  la impronta de hombres capaces de convencer a sus pueblos de luchar, y aun en la imperfección de sus sistemas,  triunfar sobre los oscurantismos.

Este tiempo sin grandes enfrentamientos en los campos de batalla occidentales, está lejos de resolver cualquier ecuación mínima sobre la libertad, la justicia, la salud, el medio ambiente y la igualdad en el mundo. A todo se suma, a contramano de otros momentos,  hombres con poder de exterminio global pero carecientes de humanidad, con poca inteligencia para el bien, con menos voluntad por la bondad, con apetitos violentos por el manejo a través de los mecanismos digitales y con obsesión por espiar, controlar y reprimir.

Los Trump, los Putin, los neofascismos y neonazismos, las neoderechas  en América Latina, la nueva China o los fundamentalismos asiáticos y africanos están lejos de ser una solución para la pobreza y el hambre. Se acercan y potencian en la violencia de sus discursos y en muchos casos, como ocurrió en Sud América, abrevan de los llamados populismos que intentaron un cambio y tuvieron aciertos iniciales pero que cayeron en personalismos,  historias y relatos de otro tiempo, a la vez que propiciaron altos grados de corrupción interna. Sobre ese caldo de cultivo se refundó una derecha mediática, manipuladora y vaya paradoja también populista.

 Las grandes religiones se enfrascan en los misterios del poder. Surgen nuevas tendencias “espirituales” que ganan terreno y realizan alianzas estratégicas con fines políticos y económicos.

Los fenómenos de Trump y Bolsonaro parecen ser un ejemplo incendiario. La primera potencia mundial y la primera de carácter regional son dominadas por excéntricos furiosos.

Estremece la sola noción que presente y futuro estén en manos de radicales o meros burócratas serviles al poder  de turno.  A ellos hay que agregar los planes que tienen en materia de nuevas tecnologías, sistemas de armas,  inteligencia artificial y los fines que persiguen con su aplicación.

Mientras muchas sociedades discuten roles, cuestiones de géneros, igualdad para minorías; la “real politik” se impone con la vieja tradición del poder sin miramientos ni sutilezas, con espionajes, con bombas, con el uso desbocado de la fuerza de manera teatral y grotesca. El populismo de derechas y los viejos conservadorismos dibujan un nuevo mapa y a la vez  comienzan a hacer vislumbrar reacciones, como puede ocurrir en la singular Gran Bretaña o en México.

 Quizás estemos escribiendo la historia que nuestros nietos no podrán leer.

Lejos de buscar caminos que eviten ese cataclismo, los líderes actuales parecen enfrascados en esnobismos, posturas amenazantes y una peligrosa tendencia a mostrar su decisión de imponerse a cualquier costo. Por ahora,  no hay indicios de que las cosas puedan cambiar.

INVITADO. ALFREDO CASADO.PERIODISTA.