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viernes 19 de julio, 2019
Invitado

FABIÁN BOSOER – SANTIAGO SENÉN GONZÁLEZ. Quien mató a Vandor?

Los misterios de un crimen nunca del todo esclarecido. El asesinato de Augusto Vandor, 50 años más tarde.

El 30 de junio de 1969, la muerte de Augusto Timoteo Vandor en sus oficinas de la UOM conmovía al país. Era el más importante dirigente sindical peronista de la época.  El libro “Quién mató a Vandor”, que se acaba de publicar por IndieLibros, en edición e-book, reconstruye los hechos y recoge pistas que quedaron traspapeladas Un crimen político que anticipó la violencia de los ’70.

Aquella fría mañana del lunes 30 de junio de 1969 minutos antes del mediodía, era asesinado Augusto Timoteo Vandor, el más poderoso dirigente gremial de la Argentina, en su propia oficina blindada de la UOM, el sindicato de los metalúrgicos. El grupo comando que lo ametralló hizo estallar una bomba que provocó destrozos en la sede de la calle La Rioja 1945, en Parque Patricios, en un espectacular operativo que fue invisible a los ojos de la Policía y la inteligencia estatal, al mando de generales de la “línea dura” del Ejército y en plena dictadura encabezada por el general Juan Carlos Onganía. La trágica muerte de Vandor nunca fue esclarecida, y aunque tiempo más tarde fue reivindicada por Montoneros, sus autores y cómplices así como sus reales motivaciones quedaron en una gran nebulosa. Medio siglo después, el libro ¿Quién mató a Vandor? (Indie libros, 2019), que escribimos con Santiago Senén González, con prólogo de Alvaro Abós, reconstruye los hechos con documentos inéditos y testimonios poco conocidos que quedaron traspapelados en los expedientes judiciales y las investigaciones históricas.

Esa reconstrucción de los hechos es un verdadero rompecabezas, con piezas sueltas que no encajan. Afloraron múltiples versiones contradictorias. La figura de Dardo Cabo, hijo de uno de los lugartenientes de Vandor, Armando Cabo, el mismo militante juvenil al que el líder metalúrgico aupó y ayudó en la Operación Cóndor –aquel secuestro del avión desviado a las islas Malvinas en 1966- aparece en el centro de las sospechas.

El desenlace fatal se tramó con bastante antelación. La dictadura de la llamada “Revolución Argentina”, que había llegado con pretensiones de quedarse varias décadas, empezaba a encontrar serias resistencias. Una ola de protestas estudiantiles y gremiales culminaría a fines de mayo del ‘69 en el Cordobazo. Cuatro semanas más tarde, dos asesinatos sacudían otra vez el tablero: el periodista Emilio Jáuregui cae bajo balas policiales en medio de una manifestación el viernes 27. Tres días después se produce el homicidio de Vandor, mientras a pocas cuadras de allí, Onganía, a cargo de la presidencia de la Nación, recibía en Casa de Gobierno a Nelson Rockefeller, enviado del presidente norteamericano Richard Nixon. 

Fueran quienes fuesen los instigadores y ejecutores, lo que más llamó la atención fue la impunidad con la que los victimarios hicieron su faena, con una destreza y una sangre fría notables; a cara descubierta, inmovilizaron a los ocupantes del edificio –entre 12 y 20-, fusilaron a Vandor, volaron un vasto sector del recinto y desaparecieron sin hallar resistencia y ante la llamativa ausencia de toda vigilancia policial en el área. Una auténtica zona liberada.

Esa misma tarde el Gobierno decretó el estado de sitio, intervino la mayoría de los gremios de la combativa CGT de los Argentinos y hubo detenciones de militantes opositores y dirigentes obreros, entre ellos Raimundo Ongaro y Agustín Tosco.

Un año más tarde, el asesinato del general Aramburu provoca la remoción de Onganía, reemplazado por el general Levingston, traído a las apuradas desde Washington donde ocupaba la agregaduría militar argentina. Esos tres hechos –el Cordobazo y los asesinatos de Jáuregui y Vandor- marcarían una bisagra que ponía un final abrupto a los años 60 y un adelanto de los ‘70’s. Allí se encontraron distintas vertientes que confluirían en otro torrente de movilización política y social, pero también de violencia armada y represión sangrienta.

INVITADO
Fabián Bosoer
Politólogo, periodista e historiador