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jueves 24 de septiembre, 2020
Invitado

MARTHA WOLFF. Atacar a los silos es una venganza pendiente.

Holodomor fue después del de Armenia el segundo genocidio del siglo XX. Fue la tragedia que vivió el pueblo ucraniano entre 1932-1933 cuyos autores pertenecían a la cúpula comunista encabezada por Stalin.

Ucrania era un país rico, muy bien cultivado con un suelo de tierra negra. Stalin quería quebrantar a Ucrania, quería destruirla como nación.  Primero fue contra los intelectuales, luego contra los campesinos independientes, quienes se negaron a formar granjas colectivas. Como castigo, les confiscaron comestibles y prohibieron el desplazamiento de los hambrientos.

El hambre fue un arma de destrucción. La tarea era requisar 1.600.000 millones de toneladas de granos y redistribuirlos en distintas regiones, así el pueblo moscovita no moriría de hambre.

Ucrania sobrevivió a la tragedia de inmolar por hambre a millones de ucranianos. Esta hambruna no aconteció por un desastre natural sino por las políticas del régimen comunista. Fue una confiscación violenta de la producción acompañada por bloqueos militares a poblados y regiones enteras, prohibiciones de salida por fuera de los límites permitidos, colapsos del comercio rural, represiones brutales a los disidentes y más.

Esta política fue considerada por la ONU, crimen de Lesa Humanidad.

El objetivo fue la destrucción del campesinado independiente. En Ucrania se comía pan, pero el gobierno soviético exportaba los granos y las plantas productoras de alcohol trabajaban a pleno régimen, transformando el precioso cereal y las papas en aguardiente para ser exportada.  

En 1932 Ucrania exportó al extranjero 1,72 millones de toneladas de granos y 1,68 millones en 1933. Esas cantidades de granos podrían haber salvado del hambre a toda la población.

Con este informe de lo que fue Holodomor y lo que se supo después, fue lo que escondía el maquiavélico plan: exportar vodka para aumentar sus divisas y castigar a quienes no se sometieron a la dictadura stalisnista.

Recuerdo que al hacerle un reportaje al director del Museo Holodomor de Buenos Aires, Arq. Jorge M. Danylyszym, relató la historia de su familia que padeció la hambruna y graficó el drama padecido por una tía cuando corrió detrás de un pájaro para robarle una semilla que llevaba en su pico.

Toda esta revisión histórica la traigo para relacionarla con la rotura de los silobolsas en el campo argentino. El objetivo de tales roturas es castigar la producción y dañarla, una manera de perjudicar a los productores.  

Detrás de la destrucción y el desparramo de las semillas, hay una venganza retardada por la votación en contra de la Ley N° 125. 

Tarde o temprano, los stalisnistas de ayer y los populistas de hoy dicen que nada tienen que ver con lo que está pasando.

¿Quién los envía a llevar adelante una acción sistemática a plena luz del día o en plena noche con el propósito de perjudicar a los agricultores? Llegan en grupo armados, desparraman las cosechas y convierten el alimento en basura por el uso de agrotóxicos.

En un mundo de hambre jugar a los delincuentes, es una canallada.

Nada nuevo bajo el sol.

Para los izquierdistas los ricos son explotadores, los pobres explotados y la dirigencia ser dueña del poder.

Agradezco al Dr. Rotman el haberme enviado una carta contándome la verdad de lo que sucede en Entre Ríos, una manera de contrarrestar las mentiras de los que defienden lo indefendible.  

RUPTURA DE SILOBOLSAS
Por  Alberto D. Rotman

 La ola de ruptura de silobolsas (alrededor de 70 en Entre Ríos) causada por personas sin escrúpulos y de manera canallesca, es preocupante. Pareciera que estos depredadores obedecen a corrientes políticas con ideologías enfermizas y conceptos tergiversados que, sumado al vergonzoso silencio e inacción del Gobierno, reafirma las sospechas que comentan los productores: “esto no se trata de hechos aislados, sino que por detrás se juegan intereses ideológicos y seguramente también, intereses políticos”.

Muchas veces, además de las roturas, rocían el cereal con un producto denominado «cura semillas« que inutiliza en su totalidad, el uso de los cereales.

“El silo bolsa, es una herramienta que nació a fines de los noventa. Primero para guardar granos húmedos destinados a la ganadería que luego se expandió al almacenaje de granos secos con el objeto de: manejar la logística de la producción y evitar cuellos de botella durante la entrega de la mercadería en período de recolección. También, escalonar ventas y guardar parte de la producción para enfrentar los gastos de esa cosecha y de la próxima». De esta forma, más de la mitad de lo que se cosecha se acopia en los silos bolsas.

Cada silo almacena aproximadamente 200 toneladas de cereales y beneficia al Estado Nacional con el 33% de las retenciones. Si miramos el aporte total de lo que produce el campo, vemos que más del 70 % se lo lleva el Estado (entre retenciones e impuestos) sin contar los gastos del productor agropecuario en arrendamiento de parcelas, fertilizantes, créditos y, si tiene suerte, le queda algún superávit para afrontar la próxima campaña o renovar maquinarias.

Esto, debería avergonzarnos a los argentinos que aspiramos vivir en un país donde se respete la propiedad privada y donde el Estado proteja a quienes, con su esfuerzo diario tratan de vivir y progresar de manera transparente.

Es necesario recordar que el esfuerzo de este sector productivo contribuye a la dinámica económica de nuestro país.  Es necesario también, no quedarnos impávidos y en silencio frente a la destrucción del trabajo y el esfuerzo de los productores de alimentos que encontramos a diario, en almacenes y supermercados del país.  Otra cuestión a tener en cuenta es que son ellos quienes permiten el mayor ingreso de divisas por exportación a nuestra endeble economía.

El Gobierno nacional que está capacitado para llevar adelante un patrullaje cibernético sobre las redes sociales, parece no poder investigar y descubrir a quienes llevan adelante hechos vandálicos como estos.

El Gobierno nacional que se auto titula «de todos» y, además, «nacional y popular», debería saber que los productores del campo argentino, forman parte de la República y son quienes más aportan al concepto de Estado. También, debería saber que desde hace mucho tiempo dejaron de ser terratenientes y oligarcas. Este título, lo detentan hoy algunos nuevos ricos, que hicieron su fortuna no trabajando, sino encaramados en cargos estratégicos del poder de turno.

Por todo esto, debemos exigirle al Gobierno que agudice su ingenio para frenar y castigar esta nueva epidemia dentro de la grave Pandemia provocada por el Covid19.

El estado, como tal, tiene las herramientas para hacerlo y evitar que se diga lo que hace poco leí en una nota: “ser un Estado repartidor del sudor ajeno.

 Concordia, Entre Ríos, Julio 6 de 2020.


[i] Es Médico y Diputado Provincial (Mandato Cumplido). Frente Cambiemos.

Martha Wolff
Periodista y escritora