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jueves 2 de abril, 2020
Invitado

MARTHA WOLFF. «Bajo los violines de la esperanza, el foro de la esperanza».

En la cena del 23 de enero que ofreció el Presidente de Israel Rubén Rivlin, en la residencia Beit Ha Nassi, en Jerusalén, a los mandatarios de más de 50 países, que fueron a  participar del Foro por el «Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto y la lucha contra el Antisemitismo”, escucharon un violín tocado por Vladimir Reider de la «Orqueste de Cámara de Israel». Ese  violín es mucho más que un instrumento, con ese  violín su padre tocó en la liberación del campo de concentración  de Auschwitz-Birkenau ,en 1945.  Ese dato se sumó a todo lo que vieron los representantes del mundo democrático, que han decidido ver con sus ojos, escuchar con sus oídos y registrar en sus almas, la responsabilidad judía de rescatar la memoria de los millones de judíos asesinados.  Tanto al recorrer el Museo Yad Vasehm, como abrevar las palabras de los que pudieron salir con vida del infierno nazi, será algo inolvidable, porque nadie sale de esa experiencia siendo el mismo.  Y tal vez se enteren que a ese violín, se les fueron  sumando más ,al que se los llamó “Los Violines de la Esperanza”. Violines fueron rescatados de los músicos judíos, intérpretes o aficionados, de gente que hablaba con  la música antes de se ahogados y extermiandos. Esos músicos fueron usados para alegrar o poner melancólicos  a prisioneros como ellos, para distraerlos,  dándoles la bienvenida a los campos de concentración, como el adiós camuflado cuando los hacían entrar a las cámaras de gas.

Fue el lutier Israelí Amnon Weinstein ,quien pasó años buscando esos instrumentos y documentando las historias detrás de sus cuerdas. Repararlos fue un gran desgaste emocional,  fue como estar con a quienes le pertenecieron. Esos violines fueron revividos con sus reparaciones para volver a hacer sonar la belleza de la música.

Un artículo del Diario Judío de México, de septiembre del 2015, contaba que la mayoría de esos violines que llegaron al taller de Weinstein, en Tel-Aviv, en mal estado,  estaban deteriorados por el tiempo transcurrido, habiendo estado bajo la lluvia con Estrellas de David grabadas, como una marca de pertenencia, que a veces les fue confiscada, y a veces permitida a los prisioneros judíos.

Los violines recuperados, nunca regresaron a sus dueños, y son parte de lo que fue la vida cotidiana de las comunidades judías y sus tradiciones destruidas. Weinstein  los busca, los exhuma, los restaura y resucita, haciendo que vuelvan a sonar, recuerdan a millones de inocentes, que fueron a callados para siempre.

Hoy «Los Violines de la Esperanza» sirven como homenaje a aquellos que perecieron durante el Holocausto. Recorren el mundo dando conciertos, para dejar en el pentagrama de los estados, un mensaje de paz y lucha contra la xenofobia, la barbarie, las guerras, los exterminios y el odio.

Los representantes que estuvieron en la ceremonia de Yad Vashem en Jerusalén, deberían convertirse en violines de la esperanza, para transmitir la melodía del “Nunca Más” porque el que va a Yad Vashem, nunca más vuelve a ser el mismo.

INVITADA
Martha Wolff
Periodista y escritora