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lunes 25 de enero, 2021
Invitado

MARTHA WOLFF. «Belleza de las heridas» – Crónica de un desafío.

Conocí a Gabriela Lavalle en un programa de radio al que vino a cantar tangos para difundir su nuevo CD y por haber sido postulada a los Premios Gardel. Con su maravillosa voz y presencia de mujer decidida a mostrar lo que sabe espontáneamente y con gran talento me hizo pensar que no era una mujer común. Su  porte, su sonrisa, su cabellera rubia y su estilo rompían con el prototipo de las cantantes de tango. A partir de su frescura y ganas de comunicarse nos hicimos amigas porque nos unió un llamado a la emisora preguntado si mi madre, abuela y padre se llamaban:  Esther,  Ana y Mauricio.   Gabriela había sido la que atendió el teléfono y fue el hada madrina del reencuentro  con Jorge Rutman, su famoso arreglador musical, pianista y bandoneonista con quien nos conocíamos desde chicos. Nuestras madres eran hermanas de inmigración y con sus respectivas familias agrandamos la nuestra. Y así se volvió a sumar a mi vida él y todo el bagaje de recuerdos de infancia y de nuestros padres que solemos compartir  junto a Gabriela Lavalle.

Con Gabriela seguimos viéndonos y yo disfrutando de su talento, personalidad y tango. A medida que fuimos estrechando eso que se llama simpatía y confianza me contó sobre lo que había padecido y superado de una enfermedad del colón a los 18 años y que  hace 10 años se lo extrajeron  pasando a tener  un ano contra natura con bolsa colectora de materia fecal o bolsa PVC.

Después de su confesión no podía de dejar de volverla a ver en el escenario cuando concurría a sus recitales enamorada de su vitalidad, sin imaginar como todos, que  debajo o dentro de su vestuario  exótico y sensual ocultaba  la bolsa disimulada por su figura y ropa ajustada como manda el ritmo de la 2×4.  Tanto yo como el público no habíamos percatado que detrás de esa mina había una historia de salud que desafiaba día a día.

Quien en algún momento de sus recidivas, como yo que estuvo a su lado  vivenció estar ante un espíritu envidiable de amor y esperanza de que al día siguiente todo sería mejor.  Y ese es el espíritu con el que se dedicó a escribir un libro que acaba de salir que se llama  “LA BELLEZA DE LAS HERIDAS” –Transfórmate con un golpe de vida- y que tuve el privilegio de leer uno de sus primeros borradores.

Leerlo fue constatar su grandeza para enfrentar la vida y el valor de reconocer a cada uno y a cada lugar, y a cada persona que la atendió, la ayudó y la acompañó para salir adelante, pero reconociendo que el motor de su apego a la vida fue ella misma. Al ser una osteomizada, como se llama desde el punto médico, revirtió su situación  de ocultamiento de bolsa y de hablar de caca para mostrarlo sin tapujos. El objetivo  fue y es  llamar a las cosas por su  nombre para que dejen de ser tabú al enfrentar lo que le sucede con valentía y una sonrisa.

El haber sido una de las primeras lectoras despertó en mí más admiración aún  por ella  y por su búsqueda constante de alivio moral y psíquico al reubicarse tanto en la vida privada como en la sociedad.

Al terminar de leerlo tuve necesidad de escribir sobre su contenido, se lo envié y ahora es parte de un trozo en la edición que acaba de salir y le escribí esto:

Querida Gabriela: gracias por haberme  dado el privilegio de leer tu libro. Leer es una manera de decir, ya que para regocijarme en cada una de tus palabras, pensamientos, reflexiones, agregados poéticos, dichos de autores famosos, conceptos filosóficos, informes científicos, disgregaciones lingüísticas, aportes humanos, etc. habría que dedicarse a retener como un dique de sabiduría todo lo que dejaste escrito.

Tu libro es una biblia de heridas cicatrizadas  con belleza  y con la fuerza de sanar lo que el destino te azotó  como un tsunami corporal. Vos para enfrentarlo  trataste de buscar  de entender que no somos dueños de nada pero sí de lo decidimos con lo que nos tocó. Con sabiduría te debatiste entre la niña dañada y la mujer esperanzada  con tu amor sin barreras porque a tu inmensa capacidad de amor le fue imposible encerrar tu drama y le pusiste palabras a tu  historia de lucha y  resiliencia  para descifrar ese misterio que se llama vida.

Todo, absolutamente todo lo que has escrito es una lección de ayuda y sensatez que vibra como tu voz cuando cantás. Sos una mujer con mayúscula que decidió darle luz a la sombra para  vencer las tinieblas.

El que lea tu libro debería tomarse el tiempo de releer cada frase, cada asociación que sumás  al conocimiento de tu compendio de aportes y confesiones para tomarlas como caminos a emprender cuando se presentan tantos obstáculos que se pueden superar con alternativas al abrazar lo bueno.

Si desde el día que te conocí te quise ahora te adoro y considero que sos una de las grandes escritoras argentinas que con letra de sangre también cantás tangos al amor y al encuentro. Te admiro por el espejo de pasiones que encontraste para mirarte con imaginación, desafío y pasión para convertirte en una mujer plena sin retaceos.

Al haber terminado de leer tu libro tuve que dejarlo sobre mi regazo para aplaudirte por tanta valentía, por tanta verdad, por tanta belleza de las heridas que se cicatrizaron porque las acariciaste como nuevos habitantes de tu ser.”

¡Gracias por ayudar a otros con tu experiencia!


Invitada
Martha Wolff
Periodista y escritora