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domingo 22 de septiembre, 2019
Invitado

MARTHA WOLFF. CCK. Cambio de nombre del Auditorio Ballena Azul.

Se acaba de cambiar el nombre del Auditorio Ballena Azul por Auditorio Nacional en el CCK. Fue al terminar el concierto dirigido por Baremboim. Lo anunció Hernán Lombardi, Ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, descubriendo una placa con la nueva designación. Este acontecimiento también trajo  a la memoria sobre lo que se estuvo hablando sobre el posible cambio del mismísimo CCK. Como todos sabemos hay militantes y opositores, unos aplaudiendo y otros repudiando la idea.  Es que hay mucha historia sobre el transformar en héroes a quienes no lo fueron.

Vale la pena hacer memoria y analizar las designaciones reiterativas que dejó el gobierno anterior para perpetuar el nombre del ex presidente de la Nación Néstor Kirchner. Fueron muchos los lugares y edificios que pusieron con su nombre junto a su mausoleo en Río Gallegos, en la provincia de Santa Cruz, construido en el 2011, un año después de su  muerte. Dicen los que sí lo conocen, que para acceder al mismo, sube una escalera caracol hasta el primer piso a para ver el féretro  a  través de un de vidrio circular que está en el centro de la planta baja, engalanado  con una bandera argentina. Esto nunca hubiera pasado en  Les Invalides, el museo en París, donde están los restos mortales del emperador Napoleón, hay una camiseta del Racing, un rosario, una flor y pañuelos blancos de las Madres y de las Abuelas de Plaza de Mayo. Y menos mal que no fue obligatorio ir a rendirle homenaje por la distancia, aunque fue una cita que debían hacer, los que sí llegaban allí por compromisos políticos.

Todo esto me hizo recordar un hecho inolvidable por lo indignante, que tiene que ver con los sistemas dictatoriales al elevar a casi dioses a sus dirigentes. Y fue cuando tuve que ir a besar el féretro de Evita al ser velada en el Congreso. Por supuesto que se pasaba lista y se debía ir. Mi papá era empleado de comercio y con eso bastaba para cumplir. Yo cursaba el último año de la escuela primaria. Con nuestros delantales hicimos una larga cola hasta que una mujer con un trozo de algodón embebido en alcohol desinfectaba el vidrio y tuve que hacerlo así, como tuve que leer «La Razón de mi  vida», ir a la UES  y toda la parafernalia de actividades organizadas del partido peronista para decir presente y tenerte fichado.

Cuando se inauguró el  Centro Cultural Kirchner, esa gran obra de reconstrucción y rehabilitación para la cultura nacional e internacional, Cristina Kirchner gobernaba, inaugurando el 21 de mayo de 2015 el edificio que fuera anteriormente sede del Correo Central de Buenos Aires, estaba poniéndole el nombre de su difunto esposo para aumentar su idolatría. Los que vivimos la época peronista sabemos que todo era nombrado Juan Domingo  Perón o  Evita y así lo  hizo el franquismo, el fascismo, el comunismo, el nazismo, los gobiernos militares y la propaganda directa o indirecta para adoctrinar. Esto lo viví también en Checoslovaquia, cuando fue una de las Spartakeadas, la olimpíada bajo el régimen ruso, en la que las imágenes se repetían por doquier, para educar a los jóvenes para que crezcan fuertes con la práctica del deporte como un arma más sumada a la salud y cultura, la trilogía del bolcheviquismo. Así al final del día ya estaban en mi mente más allá de mi voluntad.

Con este cambio de nombre del Auditorio los  que amamos la cultura iremos como fuimos hasta ahora, a disfrutar en el Auditorio Nacional, al centro cultural  más importante en tamaño de América Latina y el tercero a nivel mundial, sólo equiparable al Centro Pompidou, de París, al Foro Internacional de Tokio y al Lincoln Center, de Nueva York. El CCK es una obra gigantesca, maravillosa del gobierno anterior y que sigue con su excelente programación actual al servicio de la población con entrada libre y gratuita pero sin adoctrinamiento.

Invitada
Martha Wolff
Escritora y periodista