Santo en la Web y en la Red

18 de julio, 2024

Martha Wolff. Fue la mayor marcha de la historia argentina.

Los millones de argentinos que invadieron las calles para expresar su alegría tienen muchas formas de verse. Ese júbilo fue voluntario, nadie los sobornó, ningún partido político los convocó, no hubo colectivos escolares convertidos en medios para asistir a escuchar a algún aspirante al partido gobernante. Los felices ciudadanos no recibieron pecheras, el sándwich, la botella de agua, y no tuvieron que dar el presente a los punteros. Los caminantes desde todos los puntos de la ciudad y de la provincia y aledaños partidos llegaron como si hubiera sido una procesión para bendecir a sus ídolos. Hubo un muestrario de edades y de condición social. El sol mostraba a la gente con y sin camisetas por el calor reinante más parecido a una caravana de carnaval carioca, con cotillón, música, pintura en los rostros, banderas, gorros, carteles, fanfarrias y lo que estaba a su alcance para hacer ruido y cánticos. El sobrevuelo de los drones fue el que pudo abarcar la interminable marcha desde los cuatro puntos cardinales de la ciudad de tanta algarabía. No hubo jingles ofensivos sino llenos de creatividad. Hubo una fiesta del pueblo argentino para los kirchneristas que no consideran pueblo a mucha gente sobre todo si no son harina de su costal. Los hinchas, los simpatizantes, los trabajadores, los empleados, los desocupados, los jóvenes, los chicos, los mayores y muchas mujeres salieron a demostrar su felicidad por haber ganado la Argentina el Mundial de fútbol, cambiando aquel vaticino o propuesta de la vice presidente de que había que salir a la calle a manifestarse y el pueblo lo hizo, pero por amor al deporte que le dio un respiro ante tanta inestabilidad económica y social.

Las calles, las autopistas, la Plaza de Mayo, el Obelisco y todos los lugares estuvieron repletos de felices argentinos que fueron dueños de la ciudad en la que hubo desmanes como siempre por desubicados, con muchos daños bajo la euforia y falta de control aumentado por el consumo de mucho alcohol y quizá otras yerbas, y de la cultura de que todo está permitido y que lo público puede ser malversado. Hubo pocos bombos que quedaron para otras marchas…

Fue una fiesta del pueblo y los políticos de turno no tuvieron lugar para mostrarse. Esa conducta es ejemplar luego de viejas experiencias que fueron aprovechadas para arrogarse triunfos. El recorrido a paso de hormiga por los que ocupaban las rutas y la elección del vuelo en helicóptero sobrevolando el Obelisco queda para la Historia Argentina despolitizada y triunfante ante el esfuerzo, el trabajo en equipo teniendo como único dios a la pelota y el triunfo de los que hacen todos los días a este país.

INVITADA
Martha Wolff
Periodista y escritora

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