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sábado 19 de octubre, 2019
Invitado

MARTHA WOLFF. Hace 27 años viven en nosotros.

                                               

Hace 27 años la Argentina despertó a la realidad del terrorismo islámico.

Una camioneta con explosivos impactó en el nudo neurálgico de la estructura de la Embajada de Israel,  el martes 17 de marzo de 1992, a las 14:45 (hora local), en la esquina de Arroyo y Suipacha causando la destrucción de la embajada y daños a una iglesia católica y una escuela ubicada en edificios cercano.

En el atentado terrorista murieron 22 personas, entre israelíes y argentinos y fueron más los heridos.

Hace 27 años para los que sobrevivimos, tanto al impacto de la noticia como al duelo de los que fueron asesinados, sabemos que los muertos viven en nosotros educados a recordar. Porque cada uno de los judíos argentinos y del mundo hemos recibido como legado el relato y a veces el retrato de los familiares que mataron por ser judíos el Progrom, el comunismo, el fascismo y el nazismo, como pasado reciente hace 70, 80 o más años para no remontarnos a la Historia en general del antisemitismo o al gobierno militar en nuestro país, como dato más cercano.

Hace 27 años volvimos a quedarnos huérfanos de seres que fueron condenados por su identidad religiosa  y en ese caso doblemente por ser israelíes.

Hace 27 años todos los que heredamos el “Contarás a tus hijos y a los hijos de tus hijos” con la creación del Estado de Israel en 1948 aprendimos a ser judíos libres y el derecho a vivir y morir como seres humanos y que no es suficiente para defendernos del odio irracional de nuestros enemigos.

Hace 27 años los que hoy somos mayores cuando vamos a la plaza, que se diseño en el lugar de la embajada, y vemos las siluetas de las habitaciones que daban a la medianera contigua sabemos que son un símbolo de lugares de trabajo y presencia diplomática.

Desde hace 27 años las almas que fueron cercenadas de sus cuerpos están presentes pidiendo Justicia y castigo a los culpables y también a los que padecieron a su lado como la iglesia y el colegio como un rezo permanente de piedad y culto a la vida.

Hace 27 años le seguimos contando a nuestros hijos y nietos que por ser judíos hoy todos podríamos haber tenido familias numerosas que quedaron como aquí bajo las ruinas, en fosas comunes, en hornos crematorios, en raid de cosacos borracho de alcohol y de furia, de extremismo musulmán ciegos de obediencia religiosa, de ataques grupales e individuales contra instituciones civiles y  religiosas y otros métodos de exterminio hacia los judíos.

Hace 27 años tanto los israelíes que trabajaban en la embajada como los argentinos, como así los ancianos, los niños y ciudadanos de los edificios aledaños, como los vecinos que temblaron ante la explosión, temblor y destrucción supieron que a los asesinos lo único que les importaba era atacar y que caiga quien caiga.  

Hace 27 años se hizo una herida que no cierra que con trasfondo de sangre implora basta de odio, , basta de atentados cuyos autores son cultores de la muerte.

Hace 27 años estamos de duelo que desgraciadamente se duplicó con el atentado a AMIA  y tengo presente la mano de mi madre apretando la mía y diciendo: ¡Otra vez! , ¡Otra vez!

Desde hace 27 años los judíos inmigrantes y los nacidos en este país supimos que el terrorismo fanático no tiene fronteras, que a la paloma de la Paz la ha devorado el buitre del fanatismo.  

Invitada
Martha Wolff
Periodista y escritora