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viernes 19 de julio, 2019
Invitado

MARTHA WOLFF. Hospital público para todos.

El domingo 12 de mayo murió un Diputado de la Nación en el Hospital  Ramos Mejía, policlínico de la Ciudad de Buenos Aires que depende del Gobierno de la Ciudad. Murió en un hospital público mientras la hija de la ex presidenta está siendo atendida en Cuba, sólo para salvarse de la Justicia ya que no tiene fuero parlamentario y quedaría detenida ante una condena o el dictado de una prisión preventiva iinvolucrada en entretelones financieros de su madre y hermano, que sí lo tienen.

El diputado se llamaba Héctor Olivares, representaba a la Provincia de La Rioja y al Partido Radical.  Ante el atentado a su vida, que no se sabe si fue directo o indirecto hacia su persona, también estaba acompañado por su asesor Marcelo Yadrón quien falleció al instante del ataque.  Todo pasó de madrugada cuando por razones íntimas, políticas, venganza personal mezclado con alcohol y drogas desató una tragedia. Ambos solían salir a caminar como una rutina deportiva mientras otros en un bar tomaban, fumaban, tramaban y colaboraban con el que iba a matar o matarlos…

Al ver las imágenes que captaron las cámaras de seguridad, este hecho criminal mostró la sangre fría de su ejecutor y la indiferencia del que manejaba, al no recaer ni siquiera con una mirada, al diputado sangrante, herido, desfalleciente en la escena. Lo único que importó era que  Yadrón estuviera muerto. Caminando tranquilo el asesino, tiró las cápsulas de balas a un tacho de basura,  se dio a la fuga y el conductor arrancó como si nada hubiera sucedido,  para recogerlo más adelante.  Sólo un ciclista tomó unas fotos y retornó ante la presencia de un policía.

El diputado y el funcionario eran  amigos, caminaban siempre juntos y compartían un departamento en Balvanera. Eran dos ciudadanos y trabajaban en política sin custodios y alternando su estadía entre la capital y su provincia.

La diferencia entre las víctimas ciudadanos sin custodia y Florencia Kirchner, es que ella fue llevada a Cuba, a un país donde recibe protección y supervisión,  ya que su madre comulga con ese sistema policiaco como el de Maduro.  Régimenes  en los cuales los enemigos pagan con cárcel, tortura y muerte ser opositores. En Cuba, subsede del comunismo en Latinoamérica, con otra sucursal en Venezuela, disfrazados ambos países de populismo, en ambas la dictadura para mostrar su amor por el pueblo, fomentan el bienestar de la salud, erradicación del analfabetismo más censura, trípode de su justificación ideológica. Pero no nos engañemos que los privilegios han sido para enfermos extranjeros que han dejado dólares.

En ese país está en tratamiento Florencia como hija de una correligionaria y no como una ciudadana común que como ejemplo de hija de una ex presidenta debería atenderse en un hospital público. Todavía no entiendo como los pobres de Argentina, no se han revelado ante esta ofensa de considerarlos inferiores, ya que los que no tienen dinero ni privilegios, no pueden viajar a Cuba a curarse.

Cuando la ex presidenta tuvo intervenciones en sanatorios privados, dijo que casi toda la mitad de la población utiliza la atención privada, recordemos que los hospitales del Bicentenario durante su gobierno, fueron inaugurados, pero nunca funcionaron, y algunos reinaugurados como propaganda  de desarrollo y progreso. Y si de privilegios se habla, recuerdo cuando Florencia tuvo familia, alrededor del Sanatorio Otamendi y seis cuadras a la redonda no se podía pasar, había vallas y cerco policial.

El privilegio que le tocó al diputado fallecido fue que luchó para una sociedad mejor y fue despedido en el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso de la Nación como un hombre de bien.