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miércoles 7 de diciembre, 2022
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Invitado

Martha Wolff. Maternidad eterno privilegio.

El Día de la Madre es un día maravilloso. Es un estado real pero mágico  a la vez. Real porque la madre sabe que está embarazada y mágico, porque gracias a la ciencia conoce al hijo en gestación a través de la pantalla de la computadora cuando se la monitoriza en sus periódicos controles. Milagro impensado ni soñado antes, cuando el esperar un hijo era una incógnita, tanto por su sexo como su evolución dentro de la matriz. En la historia se inventaron costumbres y adivinanzas desde los oráculos hasta las más variadas interpretaciones sobre sus vidas intrauterinas y nacimientos, pero fue la tecnología que hizo posible su conocimiento, su presentación, su revelación.

De las pruebas para saber si el bebé que la señora tenía en la panza, como se decía antes, iba a ser nena o nene hasta la ecografía, hubo que recorrer un largo camino. Las variaciones de adivinanzas iban desde vaticinar que si el vientre estaba en punta iba a ser varón y si era redondo nena. Si se colgaba un cuchara de una piola  delante de la futura mamá y daba vueltas en redondo iba a ser mujer y si giraba hacia atrás hombre. Entre tantos ejemplos y acertijos  estaba  el que se practicaban  en algunos pueblos orientales para averiguar qué iba a tener la mujer encinta de la familia. Se les daba a un hombre y una mujer el huesito dulce del pollo para partir. Si ganaba el hombre quedándose con la parte más grande, es decir la que tenía giba,  iba a ser macho y si lo ganaba la mujer hembra. Otro era que si la madre tenía náuseas significaba que el bebé iba a nacer muy peludo. Así, sucesivamente, se hacían pruebas también con agujas y tijeras.

La historia premonitoria, soñada, adivinada y practicada en todas las culturas fue reemplazada en el mundo por el ecógrafo.  Esas mujeres con poderes sobrenaturales como las que tiran el tarot, predicen con bolas de cristal el futuro, las leen las manos, en fin, esas mujeres que con palabras y contactos con las divinidades entre yuyos y bendiciones ayudaban a mitigar el futuro, la salud, así estas incógnitas del ser en gestación quedaron rezagadas según el lugar del planeta. Pero por sobre todas las cosas este aparato eléctrico fue el  revelador del sexo, alivio para algunas tradiciones y religiones  y una condena para otras al saber la verdad.

Lo que es cierto que la ciencia ha avanzado a pasos agigantados y llegado a explorar hasta más allá del átomo aunque lo que no pudo fue llegar a detectar en futuro lo que las mujeres después de milenios iban a conocer antes de nacer sobre sus futuros hijos. La filmación del embarazo fue para los futuros padres dejar las fantasías de lado de cómo será su bebé: lo conocen flotando en el líquido amniótico,  se debaten los parecidos maternales o paternales y si los órganos están sanos o presentan alguna patología. Es decir se llegó a la era del conocimiento intrauterino reemplazando el misterio por la tecnología. Del diagnóstico electro médico de ondas sonoras de alta frecuencia se generan imágenes de órganos y formaciones del cuerpo del bebé y la zona genital. En ese punto es donde según la cultura estarán contentos o no los padres, sobre todos los hombres porque para ciertas culturas y religiones  una nena es un problema y para otras son bien recibidos. Y ahí van enseguida los ritos femeninos para identificar a una mujer: el moño rosa, la muñeca, la cocinita, lo que puede o no una nena, señorita, señora con el devenir de los años, en vea ahora ya le regalan una computadora infantil, una pelota, unos guantes de boxeo…Pasaron siglos hasta haber cambiado hoy su destino gracias a la educación,  a la lucha por la igualdad de derechos con una historia que se programa día a día para mejorar sus vidas.

De este modo hoy hay dos caminos para detectar a una mujer: el ecógrafo que define su sexo y su cambio en la sociedad, como por ejemplo la revolución en las relaciones amorosas como el compartir momentos con hombres y no vivir con ellos, el de preferir tener su tiempo propio, sus ingresos y estar solas sin sentir soledad.

Hoy la mujer llegó a la conclusión que la felicidad es un estado individual.

Que una mujer puede ser íntegra sin un hombre. Que puede decidir ser madre sin tener un compañero. Que se puede elegir el sexo y que puede ser madre también a una edad avanzada. Que no tiene que ser mantenida por un hombre. Que el dinero no la esclaviza a ser su propiedad privada. Que se puede ser señora de sí misma. Las mujeres salieron a la calle a gritar sus verdades y denunciar al maltrato de género, y a pesar de todo, no dejaron de enamorarse, amar y criar hijos. Se transformaron en Samotracias, en mujeres aladas en busca de Libertad. Todavía rigen arcaicas injusticias laborales, sociales y religiosas pero pelean por su igualdad en la sociedad sin dejar de ser madres, como ese privilegio de continuidad de la especie humana porque a pesar de todo creen  en el amor.

INVITADA
Martha Wolff
Periodista y escritora

EN ESTA NOTA: Martha Wolff Wolff Martha