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18 de julio, 2024

Martha Wolff. Mujeres en tiempos de guerra y en tiempos de paz.

La participación de las mujeres en la Segunda Guerra Mundial ha sido muy importante, ya sea como militares o civiles, ya sea de un bando o de otro y es interesante saber  qué  les sucedió al sobrevivir. 

Esta es la historia de dos mujeres, una alemana y otra rusa, que cumplieron con sus trabajos durante el nazismo y el comunismo…Esto habla de obediencia de vida que llevó a la muerte a mucha gente…

Todo comenzó cuando Hitler y Eva Braun, su ex amante y reciente esposa, ante el avance  de las tropas rusas como parte de las tropas aliadas sobre Berlín, el 30 de abril de 1945. Se avecinaba su fin y no quiso que terminaran como Mussolini y su amante Clarissa Patecci, fusilados y expuestos colgados de los pies de una viga de metal en una gasolinera de la Plaza Loreto de Milán.  Ambos se encerraron  en su búnker, masticaron pastillas de cianuro y terminaron con sus vidas con dos disparos.  Sus cuerpos a su pedido fueron quemados y enterrados en el jardín de la Cancillería.

Estos datos los he dado para ambientar Berlín y la existencia de Käthe Heusermann, asistente del dentista de Adolf Hitler, quien identificó la dentadura del dictador alemán que quedó casi intacta de los restos de Hitler incinerados, cuando un grupo de contraespionaje soviético descubrió los cadáveres. Y también la presencia de Elena Rzhevskaya, rusa, intérprete del alemán al ruso para esos camaradas. Esas dos  profesionales fueron muy importantes para entender el fin de la barbarie nazi,  del culto al Reich  y el plan de Stalin de hacer creer que seguía vivo.

Los enviados de la misión especial rusa debían identificar a Hitler o a sus restos.  Para distraer al mundo sobre si Hitler había muerto o no Stalin ocultó en el Kremlin fragmentos de su cráneo y sus dientes y para hacer creer que el peligro nazi seguía en occidente mientras el comunismo imponía su dictadura y  censura desde la República Democrática  Alemana hacia Europa del Este.

Desde el primer momento el objetivo fue confirmar si era o no la dentadura del Führer encontrada. El dentista de Hitler había huido, pero dieron con Käthe Heusermann quien había sido su asistente.  Ella confirmó que esa dentadura  había sido de Hitler y fue entregada en  custodia a Elena Rzhevskaya, en una caja de raso, como si hubiera sido un perfume francés.

Después del trabajo de los forenses los restos de Hitler y Eva Braun y de la familia Goebbels, también encontrados en Cancillería, fueron enterrados en Magdeburgo en febrero de 1946 y  en 1970  destruidos. La paradoja es que el recorrido  de los restos de Hitler fueron  similares a los de Mussolini al ser enterrado en una tumba sin nombre por fascistas  y por sus enemigos once años hasta que fue depositado en su cripta familiar,  en la ciudad de Predappio.

La dentadura de Hitler confirmó su muerte y su custodia  fue dada a Elena Rzhevskaya a quien simpatizó con Käthe cuando hacía las traducciones y cuando condujo al grupo ruso al gabinete personal de odontología que Hitler tenía en la Cancillería  para demostrar que era su dentadura.  Pero la orden de Stalin fue que no quería que se supiese que Hitler había muerto. Käthe fue detenida y llevada a Rusia. Estuvo seis meses en la prisión de Lubyanka y luego seis años confinada en Lefortovo, otra cárcel  moscovita. En 1951 por resolución del Consejo Especial del Ministerio del Interior fue condenada   por “haber sido  testigo de la muerte de Hitler” y pasó diez años en un gulag del sureste de Siberia, a 4500 kilómetros de  Moscú  sometida  a trabajos forzados, hambre, castigos,  debilitada hasta las entrañas.  Pudo salvarse gracias a la generosidad de una prisionera judía de los Cárpatos que compartía su ración de alimentos con ella.

Muerto Stalin en 1955 hubo canje de prisioneros alemanes  y rusos y Käthe, a los 45 años, desgastada habiendo sufrido mucho, volvió a Berlín. Su familia  la había dado por muerta, su novio se había casado y debió empezar de cero su vida en  Dusseldorf, trabajando en odontología. La paradoja fue haber sido interrogada por tribunales de Justicia ante  los cuales tuvo que defenderse.

Käthe murió a los 85años.

Elena vivió hasta el año 2017 convertida en escritora y fue la que la reivindicó  en su libro “Memorias de una intérprete”, confesando que había ignorado  su prisión y padecimientos para acallar laverdad que quería ocultar Stalin.

Estas dos historias les sucedieron a estas dos mujeres…y estos dos fueron sus destinos en tiempo de guerra, en tiempo de paz.  

INVITADA
Martha Wolff
Periodista y escritora

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