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sábado 19 de septiembre, 2020
Invitado

MARTHA WOLFF. Permiso para tener sexo virtual.

Ante la pandemia del coronavirus y la abstención sexual, el permiso del gobierno para tener sexual virtual, es una incitación a cambiar el encierro por la necesidad de liberar los deseos reprimidos. Siento que esta difusión de la autorización es una mezcla de los consejos de la sexóloga Alessandra Rampolla y el Presidente Alberto Fernández.

Como consecuencia de la difusión pública aconsejable a la práctica sexual ante el aislamiento, los que aman, los que desean, los que tienen fantasías, los reprimidos, los obsesivos sexuales, los morbosos, los románticos, los depravados, los voyeristas, los sádicos, los masoquistas, los exhibicionistas, los que practican la zoofilia, la coprofilia, la necrofilia, el fetichismo o el frotismo, entre otros, tienen vía libre para satisfacer sus deseos eróticos por el celular o la computadora.

Hemos pasado del pecado y el castigo, a que todo sea legal, porque hay que salvar al país y al mundo, que está separado pero unido menos cuerpo a cuerpo.

Esta autorización al orgasmo de pareja o grupal, ha dado rienda suelta a la práctica reprimida de muchos a hacer del placer individual o dual, una orgía colectiva más parecida a las bacanales romanas que a una medida gubernamental, a tener una población menos histérica y más sana. Todo esto expuesto ante el peligro de la piratería mediática, que interfiere en muchos casos lo propio como material pornográfico. Esto está sucediendo, y a pesar de ese riesgo, lo que antes era secreto de a dos, ahora es público, con permiso nacional a la autosatisfacción o la respuesta al encuentro con el amado o la amada.

Viejo como el tiempo las relaciones sexuales y sus prácticas han superado la fantasía con la realidad. Nada nuevo bajo el sol desde los pasajes de la Biblia hasta la pintura del tríptico de El Bosco “El jardín de las Delicias”, “El Paraíso”, y “El Infierno”, en la que el artista apunta a la creación del mundo, al hombre y a la mujer, al pecado original y a su desvío y sus consecuencias por el su descontrol.

Todas las religiones se han metido en la cama de la gente, han gobernado costumbres, pero no infidelidades, prostitución, homosexualidad, que tiene que ver con la naturaleza humana, no han podido controlar la sexualidad por ser una poderosa pasión para amar y también para destruir.

De este permiso, amarse, disfrutarse, gozarse, tentarse por medio de un celular o una computadora declarada terapéutica, lo que antes era privado y hasta culpógeno por prejuicios y tabúes, que siempre se han practicado, ahora han colmado las nubes de transmisión para citas y amantes.

Este salto de que todo es legítimo en el deseo y goce sexual ha abierto un mundo más permisivo entre las personas, y de aquí en más El Bosco va quedar como un cuento de niños.

Jugando en el “Jardín de las Delicias”.


Invitada
Martha Wolff
Escritora y periodista