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lunes 28 de septiembre, 2020
Invitado

MARTHA WOLFF. Pongamos la casa en orden.

«Represores y presos por corrupción piden ser excarcelados», es el título de uno de los artículos del diario «La Nación» del 20/3/20202, escrito por Hernán Copiello, que me exasperó. El otro título es de Gustavo Ibarra que encabeza con «El regreso de Cristina de Cuba, un tema ante las restricciones», que terminó por hacerme estallar y sentarme a escribir.

La primera pregunta que me hice fue, si los represores y los presos de corrupción viajaron o estuvieron en contacto con viajeros, y de qué tienen miedo. Los represores que asesinaron y torturaron, que vieron sufrir, que disfrutaron con los tormentos y la sangre, los golpes, las palizas y las violaciones ahora hablan de miedo. Ese miedo que paralizó a un país porque es un arma que desarma, que pagaba una familia por un detenido y la falta de derecho de enterrar a sus muertos. Ese miedo convertido en valentía y poder, de presenciar el horror y luego ir a seguir viviendo como si nada hubiera pasado, dentro de los centros de detención. Ese miedo disfrazado de hombría al seguir viviendo, comiendo y amando, mientras otros eran números y cuerpos enemigos destrozados. Y mientras escribo esto, recuerdo la película que ganó el Oscar en 1985, dirigida por Luis Puenzo, “La historia oficial”, en el que el torturador como un buen esposo y padre, llega a su casa, y es tierno con su hija. Al igual que el cuadro pintado por Carlos Alonso, a quien le secuestraron y mataron a su hija, cuando pintó la «Casa Rosada» en dos planos, arriba el coctel de los militares y abajo la sala de tortura.

A estos recuerdos le sumo los últimos reportajes que hice a algunas personas que sufrieron estas vejaciones, y me indigna pensar que los torturadores y los corruptos, que día a día son más santos que estafadores del pueblo, estén temerosos en realidad de ser elegidos por el coronavirus, como ellos a sus presas y dinero, y terminar en esa palabra a la que también le temen los asesinos que es muerte. Para ellos, que no conocieron los Derechos Humanos, ni la  Ética, que conozcan a la Justicia y permanezcan en sus celdas con sus fantasmas.

Con respecto al retorno de la Vice Presidenta de Cuba, al que también poner orden como a todo ciudadano que al cuidarse cuida al otro y el tan mentado: Yo me quedo en casa. La señora partió con su secretario privado a una Cuba que ya tuvo un muerto y avanza la epidemia. Poner orden significa que todos al regresar deben guardar cuarentena como todos. Se fue en pleno estallido del miedo, repito la palabra miedo, el mismo que tuvo al sacar a su hija del país, Además, ofendiendo a la calidad de la medicina argentina, dejada a los que no pueden irse, para recibir mejor atención y esos son sus votantes.

Gracias Periodismo por existir y gracias medios de difusión de publicar artículos para ayudar.

«A la gente democrática: a no callarse nunca más».

INVITADA
Martha Wolff
Periodista y escritora