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domingo 22 de septiembre, 2019
Invitado

MARTHA WOLFF. Recordando a criminales nazis.

Beate y su esposo Serge Klarsfeld, son los cazadores de nazis más famosos de la historia. De visita en Buenos Aires ella y su hijo Arno hacen recordar sus logros al haber atrapado al oficial de la Gestapo Klaus Barbie, en Bolivia, y dar con el nazi Walter Rauff en Chile y llevar a juicio en Alemania en 1979 a Kurt Lischka, Ernst Heinrichsohn y Herbert Hagen, tres nazis responsables de la deportación de miles de judíos de la Francia ocupada.

En mi rol de periodista he hecho el documental “La otra dignidad” sobre la historia de la Colonia Dignidad, en Chile por la captura en nuestro país de quien fuera su creador Paul Shafer Schneider, centro de detención y tortura durante en la dictadura de Augusto Pinochet, de ejercitación de la pedofilia, homicidio calificado, abusos y tortura. Pero Schäfer logró huir de la justicia hasta ser capturado en Argentina en el año 2005 y luego extraditado y declarado culpable de abusos a 25 menores de edad falleciendo en la ex penitenciaria de Santiago.

Luis Fuensalida, de origen sefaradí, y habiendo sido Director de Interpol Argentina en el 2005 realizó su sueño de cazar nazis cuando lo capturó.

De mi parte al investigar para hacer ese documental estudié la vida y el peregrinaje de otro nazi Walter Rauff que como muchos sobrevivieron sin pagar sus culpas de haber sido criminales ayudados por sus pares ideológicos desde Roma a Sudamérica y sembrando el mal.

Walter Rauff fue coronel en la SS nazi, jefe del departamento técnico de las SS en 1942, nació Alemania en 1906 y murió en Santiago de Chile en

1884. Vivió en Porvenir, Tierra del Fuego, Chile, donde administraba una empresa manufacturera de centolla en los años 60 y habiendo sido responsable del asesinato de medio millón de judíos en Auschwitz.

En 1938 fue contratado por Reinardh Heydrich, oficial nazi uno de los principales arquitectos del Holocausto, llegando a ser jefe de la sección II dedicada a asuntos técnicos donde buscó formas eficientes de eliminación de personas que entre 1939 y 1941 mató a 200 000 enfermos mentales (la mayoría, alemanes) en cámaras donde eran gaseados con monóxido de carbono. Rauff luego propuso crear cámaras móviles de gas con las que se calcula que 97.000 prisioneros fueron asesinados.

Finalizada la Segunda Guerra Mundial fue buscado por los Aliados por crímenes de guerra, capturado el 30 de abril de 1945 y preso con oficiales nazis en el campo de detención de Rimini del cual se fugó en diciembre de 1946. Rauff confesó que fue ayudado por un sacerdote de Nápoles para llegar a Roma y el obispo pronazi Alosi de Nahuadal  lo ayudó escondiéndolo por dos años y fue desde allí se organizó  la transferencia de nazis a América Latina  a través de organizaciones como la Cruz roja y Caritas.

El 1949 Walter Rauff pasó a Sudamérica luego de prestarse para espionajes y contra espionajes. Residió en Quito, Ecuador, donde trabajó en las compañías alemanas Mercedes Benz y Opel y en una farmacéutica estadounidense hasta  radicarse en Chile en 1958 y donde además de sus trabajos oficiales llegó a ser agente de los servicios secretos alemanes (BND) durante cinco años. Pero ya en 1957 Rauff ya había viajado a Santiago de Chile para reunirse con  Mengele  y Hans Ulrich Rudel, donde sus dos hijos mayores habían sido enviados para estudiar. ​En Chile dio cursos para la DINA entrenando a personal en lo que fue la Colonia Dignidad que fue refugio de otros nazis adiestrándolos para la tortura de los enemigos de Pinochet.

En Punta Arenas  fue encargado de la oficina local de la importadora Goldmann y Janssen de la que se retiró en 1960, cuando ya lo habían trasladado a Santiago porque el estado de salud de su mujer quien perecería poco después.  En los años 1970 se instaló en Porvenir, Tierra del Fuego como administrador de estancias y trabajando en  las pesqueras Rosario y Pirata, donde fue gerente. Así siguió viviendo y trabajando en Chile hasta que por sus antecedentes en diciembre de 1962 Rauff  fue detenido, pero la Corte Suprema negó su extradición un año después porque en la legislación chilena de esa época no existía la jurisprudencia de la imprescriptibilidad de los delitos de lesa humanidad y por ende los delitos prescribían a los 15 años. Posteriormente también el Presidente Salvador Allende no pudo modificar esa situación y en una carta amistosa dirigida a Simón Wiesenthal, le dijo que no estaba dentro de sus posibilidades remover la decisión tomada por la Corte.

Tanto el gobierno alemán  como el famoso cazador de nazis  intentaron su extradición sin éxito. Este último logró entrevistarse personalmente con el presidente de Chile en 1971 para lograr su cometido, pero Allende le señaló la imposibilidad de hacerlo ya que los tribunales superiores ya habían rechazado esa vía. Pinochet también adujo que Rauff no podía ser extraditado debido al rechazo de la Corte Suprema en 1963.

Salvador Allende

Respuesta a Simón Wiesenthal sobre la extradición de Walter Rauff


Señor Simón Wiesenthal

Centro de Documentación de la Liga de los Judíos Perseguidos por el Régimen Nazi

1010 Viena 1, Rudolfsplatz 7/III.

Estimado señor Wiesenthal: Doy respuesta a su carta de 21 de agosto último, relativa al caso Rauff.

Como Ud. bien sabe, a raíz de un pedido de extradición formulado por la autoridad judicial competente de la República Federal Alemana, y cursado por la vía diplomática, la Corte Suprema de Chile, conociendo de este asunto, falló negativamente, fundada en la prescripción de la acción penal correspondiente. Empero, el considerando 38 de dicha sentencia envuelve la más amplia condenación moral de los alevosos crímenes del Nacionalsocialismo y de sus ejecutores materiales.

En cuanto a la posibilidad de que el pedido de extradición se reactualice, lo que legalmente requeriría como condición sine qua non de una nueva solicitud formulada por la vía diplomática, ello sería de la exclusiva competencia de los tribunales de justicia de Chile, los cuales, en virtud del artículo 80 de la Constitución Política del Estado, son los únicos facultados para conocer de las causas civiles y criminales. Al Presidente de la República le está vedado, en virtud de la Ley, ejercer funciones judiciales, avocarse causas pendientes o hacer revivir procesos fenecidos.

Éstas son las disposiciones constitucionales y legales vigentes en Chile, a las cuales es mi deber atenerme.

Lo anterior no obsta, por cierto, a que, como ciudadano y Jefe de Estado, comparta plenamente sus sentimientos y condene una vez más los alevosos crímenes cometidos por el nazismo y sus servidores.

Siento verdaderamente, estimado señor Wiesenthal, que mi respuesta deba ser negativa a su petición. He admirado y admiro su tenacidad para perseguir a los autores de los más horrendos crímenes que registra la Historia de la Humanidad. Pero sé también el apego que Ud. siente por el imperio de la Ley dentro de los regímenes políticos y, por ello, estoy cierto de que Ud. comprenderá mi posición como Presidente de la República.

Con mucho afecto, le saluda,

Salvador Allende – Presidente de Chile

A partir del golpe de Estado de 1973 y teniendo como base ideológica la Doctrina de Seguridad Nacional, se implementó en Chile un Estado represivo que tuvo por objetivo eliminar cualquier amenaza al nuevo orden establecido y castigar a simpatizantes y dirigentes del gobierno del Presidente Salvador Allende, recurriendo para ello a la detención, la tortura, el asesinato y el exilio, entre otras medidas de fuerza. Desde entonces, se llevó a cabo en Chile una política sistemática de violación de los derechos humanos, a través de las gobernantes Fuerzas Armadas y Carabineros, destinando para ello a efectivos uniformados, funcionarios civiles, presupuesto público, creando instituciones represivas y disponiendo de diversos lugares para concretar el abuso. Uno de los sitios más emblemáticos de la represión de estos años fue la Isla Dawson, de unos 2,000 kilómetros cuadrados ubicada en el Estrecho de Magallanes, a 100 kilómetros al sur de Punta Arenas.

Walter Rauff torturó en Punta Arenas, Estadio Nacional y Colonia Dignidad. Supervigiló y confeccionó el campo de concentración Río Chico en la Isla Dawson que funcionó como campo de detención para unos 30 funcionarios y partidarios del derrocado gobierno de Salvador Allende tras el golpe militar del 11 de septiembre de 1973. Todos los apresados  fueron sometidos a un régimen de trabajos forzados por parte de efectivos de la Armada a cargo de su custodia. Después del golpe militar de 1973  la isla se utilizó como centro de detención para dirigentes políticos del gobierno de la Unidad Popular. En diciembre de ese año se terminó de construir un campo de concentración, diseñado por Rauff, uno de los lugares más emblemáticos de la represión ejercida por la dictadura militar entre los años 1973/74, llegando a albergar cerca de 400 prisioneros, sentenciados a trabajos forzados a temperaturas bajo cero. Algunos de ellos eran ministros y colaboradores del entonces Presidente Salvador Allende. La Isla Dawson, de unos 2,000 kilómetros cuadrados está ubicada en el Estrecho de Magallanes, a 100 kilómetros al sur de Punta Arenas. Además en los archivos desclasificados de Colonia Dignidad existen ocho fichas sobre él y otros nazis que habrían estado a cargo de un grupo paramilitar que habría operado en Concepción después del golpe de Estado 11 de septiembre de 1973. La prisión dejó de funcionar menos de un año después, siendo sus prisioneros trasladados a otros centros de detención habiendo sido el campo de prisioneros más austral de ese período

Rauff, murió en su casa de la calle Los Pozos, en Las Condes, Santiago, el 14 de mayo de 1984 de cáncer de pulmón.

Invitada
Martha Wolff
Escritora y periodista