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miércoles 26 de junio, 2019
Invitado

MAURO SZETA. «Nahir. La historia desconocida»

Una mujer es asesinada cada 30 horas en Argentina. El epicentro de esta pandemia que nos afecta a todos como sociedad se produjo el primer fin de semana de diciembre, cuando esa escalofriante cifra se multiplicó: en un fin de semana mataron a 5 mujeres. Es decir, un femicidio cada 18 horas. Estamos en problemas.
En este contexto social elegimos escribir “Nahir, la historia desconocida”, y lo hicimos por la singularidad del caso, por lo atípico: es excepcional que sea la mujer la que decide tomar una vida.

La joven Galarza planificó asesinar a su pareja, Fernando Pastorizzo, quien fue ultimado de dos disparos, uno por la espalda y otro a menos de un metro de distancia. Lo remató en el piso.
Se pensó como el crimen perfecto, y muy cerca estuvo de serlo. El paso fortuito de un remisero por el lugar del hecho frustró el plan y dio inicio a otra etapa, la de la defensa.

Nahir tuvo cuatro declaraciones distintas. Para la Justicia, cuando una persona difiere sus versiones y las cambia de forma tan frecuente es un claro síntoma de que está mintiendo.
Dicho está, Nahir las modificó cuatro veces. En la primera se sorprendió. Dijo que no sabía qué había ocurrido y se presentó en la fiscalía apenas como “la noviecita del chico muerto”. En esa oportunidad lloró sólo cuando le ordenaron dejar el teléfono celular para determinar pericias. Una característica: su frialdad.

Doce horas más tarde se presentó acompañada de su abogado para hacerse cargo del hecho. “Lo maté yo”, fue su lacónica declaración. Y explicó cómo y por qué. Para una joven que sabía manipular armas desde los 14 años no fue complicado agarrar la pistola reglamentaria de su padre y usarla para asesinar.

En su tercera declaración –por escrito- introdujo un elemento central: el de la violencia de género. Se asumió como una víctima y describió a Pastorizzo, su novio, como una especie de animal violento que la golpeaba.
La cuarta y última fue durante el juicio. Allí ratificó sus vivencias como víctima de violencia de género y ensayó una explicación inverosímil. Explicó que Pastorizzo había muerto a causa de un accidente. Sí, que el arma se había disparado en forma accidental por una mala maniobra en su moto. Nada dijo del segundo balazo, el que lo remató.

En las pericias que se realizaron no pudo comprobarse ninguna maniobra extraña de la moto. Ni frenazos ni tambaleos ni nada que permita sospechar algo parecido. Tampoco pudo probarse la violencia de género.

De todos los episodios narrados por Nahir, que son varios, nadie pudo dar fe de la veracidad. En más de una ocasión la joven revela que Pastorizzo la zamarrea o la golpea. Y siempre aparece la figura de un salvador que la rescata del mal trance. En la vía pública, en un boliche. La secuencia que describe es siempre la misma: ella golpeada, él golpeando.
Los abogados de Nahir no pudieron traer a ninguna de estas personas, a ningún testigo que acredite esta violencia. Las únicas dos personas que declararon en favor de esta versión quedaron imputadas por falso testimonio.

¿Qué es lo que lleva a una joven que podría tenerlo todo –familia, estudios, belleza, status- a arruinarse la vida de esta forma?
Ésta y otras preguntas intentamos responder en “Nahir, la historia desconocida”