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martes 25 de enero, 2022
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Invitado

Lo que no elegimos, mi vida

Jimena Aduriz, mamá de Angeles Rawson víctima de femicidio a los 16 años

Ya pasaron más de ocho años de esa elección que no tomaste. Ese acto decidido por otro de pretender abusarte y como vos decidiste no permitirlo, impuso su violencia, su voluntad y te quitó la vida. Como si tu vida mereciera terminar porque no elegiste ser violada; valía más su ira, su perversión, su atrocidad que tus dieciséis añitos llenos de dulzura, sueños, proyectos, y todo lo que tenías por vivir. Tengo grabado a fuego ese último momento con vos y tu cuerpito frío, que te llené de besos y te acomodé el pelo.

Cada año que pasa que me aleja de ese momento en que tu asesino decidió, vas siendo más pequeña… Será porque tus pares ya tienen veinticinco años y las chicas de dieciséis son niñas aún y cada vez soy más consciente de lo chiquita que eras. Y eso me sumerge en una tristeza sin fin, porque aunque me enfurece, me enloquece, no volvés mi amor. Esa elección además te arrebató de mis brazos para siempre, al menos en esta vida. O sea que esa elección nos condenó a una ausencia perpetua.

Curioso y distorsionado es el concepto de “perpetua” que tiene el sistema judicial. ¿Sabías que una persona condenada a cadena perpetua cumple como máximo treinta y cinco años? O sea que el que decide matar, como tu asesino, y es condenado, recibe treinta y cinco años de prisión. Diría que la perpetua es una ilusión. Además si ese mismo sujeto mató a dos, tres, o cuatro personas en el mismo acto sólo le dan por una.

¿Sabías que después de una muerte violenta como la tuya se inicia lo que se llama un proceso judicial? Sí, es necesario pero muy, muy duro. En nuestro caso vos fuiste la víctima y todos los que formamos tu círculo íntimo también somos víctimas. Después está el imputado (el presunto asesino), el fiscal (quien defiende los intereses de la sociedad) y el juez (quien es el que decide). El fiscal y el juez estudiaron una carrera y están en esos roles por elección y el imputado, obviamente, también. Los únicos que fuimos forzados a estar en esta situación fuimos vos y nosotros. Lo peor de todo es que en lugar de consolarnos, entender lo que nos estaba pasando, nos trataron mal, muy mal. Y duró muchos meses, y hubo un juicio donde a tu asesino lo condenaron a la distorsionada “perpetua”.

Todos estos años junto a otros que también pasaron por lo mismo, luchamos para que a las víctimas no se nos trate mal, que nos hablen en lenguaje que podamos entender, que nos informen, que nos consuelen, y lo conseguimos. Ahora las víctimas tenemos una ley, tenemos voz y no puedo lograr que vuelvas, porque eso no va a pasar, pero al menos gordita linda, podemos ayudar a que el proceso judicial no agregue más dolor a las víctimas del que ya tiene que transitar.

Y mientras tanto tu carita sonriente al lado de mi cama me recuerda que debo seguir, aún en los días feroces, para honrarte y agradecerte por la bendición de ser tu mamá. Te amo, hasta el cielo de las nubes.

Invitada Jimena Aduriz