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jueves 9 de diciembre, 2021
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Invitado

Federico Delgado. A propósito de Lucas.

«El problema de las fuerzas de seguridad en general».

Los hechos que terminaron con la vida de Lucas son conocidos por todos. Los puntos que permanecen bajo la bruma serán aclarados por la investigación judicial.  Por lo tanto, dejo de lado esos aspectos tan importantes. Me voy a concentrar en el problema de las fuerzas de seguridad en general y luego voy a enumerar algunas dimensiones que se pierden en medio a la furia del debate público pero que, desde mi perspectiva, son muy importantes.

Los abusos funcionales de las fuerzas de seguridad constituyen una patología de larga data. No son un patrimonio exclusivo de ninguna fuerza en particular. Las federales, las provinciales y las municipales tienen problemas similares. Algunos son conocidos por la mayoría de los ciudadanos a través de los medios de comunicación masiva. Otros quedan en la penumbra. Pero, lamentablemente, existen y no es nuevo.  La pregunta es ¿Por qué?

¿Porque las policías son temidas por los ciudadanos?, ¿Por qué las personas no tienen temor para suministrar sus documentos en un comercio y se asustan cuando la policía requiere una identificación? Estas preguntas solamente ilustran el miedo. El miedo que trunca cualquier lazo de confianza entre las fuerzas de seguridad y la ciudadanía.  El miedo no tiene solamente que ver con una cuestión moral de policías malos. La mayoría de ellos son personas con vocación y que, en condiciones que no son las ideales, arriesgan su vida por los demás. No obstante, la ciudadanía tiene temor.

Aunque por cuestiones de espacio no puedo detenerme en enumerar las causas que explican aquel temor, si hacemos un ejercicio imaginario para hallar la explicación final que nos lleve a identificar las razones de se lazo quebrado entre las fuerzas de seguridad y los ciudadanos, seguramente llegaremos a un consenso. Un consenso que gira en derredor del desempeño. Ello quiere decir que el desempeño de las fuerzas de seguridad no cumple con las existencias de la constitución que nos promete vivir seguros.

Por ello, si nos detenemos en el desempeño podemos dar un paso decisivo. Esto es, dejar a un lado la discusión estrictamente moral entre buenos y malos policías y enfocarnos en el diseño institucional. Evidentemente allí hay problemas que explican gran parte del fracaso de las diferentes policías. Voy a enumerar solamente algunos.

En primer lugar, frente al justo reclamo ciudadano de mayor seguridad, los gobiernos -de cualquier color- responden colocando mas policías en las calles. Policías preparados quizá en tiempos muy breves y por ello sin herramientas para actuar en sociedades muy complejas como la nuestra. Me refiero que la pobreza extrema, la fragmentación social y la marginalidad vuelven muy compleja la labor de los policías en las calles. Por eso, a lo mejor habría que revisar el proceso de formación.

En segundo lugar, los mecanismos de control de las fuerzas de seguridad “en vivo y en directo” son escasos. Los policías encarnan en las calles la palabra del Estado y por ello llevan armas de fuego. Recorren las calles, auxilian a la justicia y se limitan a escribir lo que hicieron. Esa acta, por disposición legal, se presume verídica. Esto quiere decir que lo que la policía afirma equivale a la palabra de un escribano. De allí deriva un nivel de discrecionalidad que es incompatible con el paradigma republicano del artículo 1 de la Constitución Nacional.

En tercer lugar, el servicio de seguridad es público. Es para la comunidad. Las fuerzas de seguridad, como casi todas las instituciones de nuestro país, son refractarias a tender puentes con la ciudadanía. Y ello es imprescindible. Parte de los vicios que tiene el trabajo policial(que todos los ciudadanos conocemos) solo pueden modificarse si son reemplazados por comportamientos republicanos y democráticos. Esos comportamientos tienen que descender desde las autoridades políticas, pero también tienen que surgir de un ida y vuelta entre la gente y los policías. Por ello es necesario construir espacios para que esas relaciones se desplieguen.

Para cerrar. Una “policía para la república democrática” se construye colectivamente. Cada uno desde su lugar, pero colectivamente. Para ello es preciso discutir, entre otras cosas, el diseño institucional para establecer que tipo de policía queremos los ciudadanos, como se lo controla en vivo y en directo, al igual que crear espacios de participación para que sea la palabra la que resignifique una relación que hoy esta habitada por el temor.

Federico Delgado. Fiscal Federal