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miércoles 18 de mayo, 2022
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Invitado

Juan Pablo Chiesa. El poder de la teoría del capital humano para combatir la desigualdad salarial, el desempleo y la pobreza.

La educación es una fuente de prosperidad económica, individual como colectiva. En consecuencia, resulta inevitable mejorarla para sortear los retos del futuro. En los tiempos del futuro y en la época que gira el mundo globalizado, el capital humano acumulado con la educación es fundamental para saber el crecimiento del empleo y la calidad de vida de la sociedad.

El Capital humano, lo podemos desarrollar, no conceptualizar como la suma de la Inversión en Conocimiento (Educación) + Consecuencias del conocimiento aplicado (Experiencia), cuyo resultado inmediato es: Crecimiento del empleo, mejores salarios y altos niveles calidad de vida de una sociedad.

La educación es un bien de inversión y, como tal, constituye una contribución al desarrollo económico. Esta inversión puede resultar en varios tipos de beneficios que, si bien se encuentran conectados entre sí, resultan analíticamente distinguibles como:

  • Aumento de conocimientos (Educación) y destrezas (Experiencia) que acrecientan los factores de producción;
  • Crecimiento del producto nacional (beneficio para el país) y del ingreso individual (mejores salarios);
  • Disminución del tiempo que se requiere para el acceso al mercado laboral, lo que beneficia tanto al individuo como a la sociedad.

Como podemos entender, uno de los principales retos de la economía laboral es atender la creciente demanda de conocimientos que requiere el mercado de trabajo, las nuevas modalidades laborales, el avance y expansión de la tecnología y la globalización.

La cuestión de la desigualdad y la redistribución de los ingresos, que lleva a la pobreza, son siempre centro del conflicto político.

Con un simple ejemplo y una teoría podemos ver que el problema del desempleo y la pobreza en Argentina es una cuestión de Formación educativa e inversión en capital humano.

Una teoría simple para explicar y entender la desigualdad de los salarios es que diferentes dependientes hacen aportes, físicos o intelectuales, distintos a un proceso productivo en una empresa que los emplea. Veamos un ejemplo:

Un programador o licenciado en informática que consigue a favor de su empleador que este digitalice la base de datos de sus clientes de manera practica y de uso rápido y confiable produciendo más dinero a este, y a consecuencia, su salario será acorde y rentable para aquel; ahora bien, muy distinto, un oficinista sin formación profesional que se encarga de acomodar expedientes tendrá un salario inferior por su baja calidad de mano de obra, sin importar si es rentable o no para la empresa. Como vemos, la rentabilidad a la hora de fijar los salarios no es relevante, pero si, la formación profesional y la inversión en capital humano

La hostilidad de esta teoría o ejemplo del capital humano se explica sin dudas por el hecho de que cuando alguien decreta que el salario del programador es más elevado que el oficinista, o del especialista, es porque su capital humano y por lo tanto su productividad son más elevados, a menudo solemos decir que esta desigualdad de capital humano y de salarios mide en forma mecánica una desigualdad irremediable e insuperable entre dos seres humanos, que justifica la desigualdad eventualmente considerable de las condiciones de vida que implica la desigualdad de esos salarios.

El problema del desempleo, los bajos salarios y su consecuencia irreparable, la pobreza es una cuestión educativa y de formación académica.

El estado de bienestar no combate la pobreza, todo lo contrario, la engorda, la explota y la vuelve un negocio para los corruptos de turno que se regocijan con los pobres que alegan defender.

La pobreza es una constelación circular de fuerza que tienden a actuar y a reaccionar las unas sobre las otra de manera tal que mantienen a un país pobre en estado de pobreza. Este círculo vicioso se da en el caso de que un individuo no tenga alimentos suficientes para comer, que su estado de desnutrición le afectara la salud, esta debilitación física es una baja en la capacidad ociosa laboral, lo que sin calidad de trabajo se mantendrá para siempre en la pobreza y así sucesivamente. Esto se resume en que un país es pobre porque es pobre.

Aceptar este círculo de la pobreza es no pensar en el progreso económico de un país que que podría resolver los problemas sociales de una sociedad pobre y desigual.

Un proyecto que puede estar dirigió y apuntado con el foco en reducir las penurias sociales, es mediante un robusto y estable sistema de seguridad social mixto, con modelos de sociedades privadas donde garanticen la debida atención vitalicia a todos los ciudadanos y así mejorar la capacidad adquisitiva de los mas pobres. Si no promovemos el crecimiento y los avances sociales a la par que los económicos privados de inversión para garantizar una autentica estrategia de bienestar social, un país seguirá en el círculo de la pobreza creada por el propio Estado.

Una persona es pobre si sufre algún tipo de privación de libertad o alguna incapacidad que le impida ser o hacer lo que desee dentro de una sociedad. la salud, la vivienda, la educación, el acceso al trasporte, la alimentación, su participación dentro de la sociedad se verá impedida si sufre algún tipo de limitación física que no le permita acceder algún tipo de proceso productivo mediante la única herramienta que otorga los derechos que mencione, el trabajo. La falta de los derechos que mencione probablemente imposibilite el desarrollo y empuje a la persona hacia la pobreza.

Por consiguiente, para que una persona pueda gozar de ciertos niveles de bienestar que viten la caída en la pobreza y de depender de alguien más, debe poseer habilidades y capacidades, o dicho de otra manera, ser capaz de estar sano, evitar el hambre, tener una vivienda, tener seguridad física, actuar con sensatez, con un grado mínimo de moralidad y sentirse feliz y satisfecho, claro está que todo esto se logra con Trabajo.

(advertimos como la inversión en capital humano juega un papel trascendental)

Soy claro cuando quiero decir que, una persona es pobre porque se siente cómodo en la zona de pobreza y está esperando el circulo vicioso del Estado que lo asista y lo use para los fines de los gobernantes de turno.

No se tratar de cubrir monetariamente las necesidades de una persona todos los meses generando de la pobreza un mero negocio electoral, sino de garantizar las inversiones en las áreas de educación, sanidad, vivienda digna, trasporte público, como instrumentos para garantizar los niveles de bienestar de las personas y de la sociedad.

Perfeccionar un auténtico programa que desmantele las políticas asistencialistas, recortar el seguro de desempleo y las ayudas a las familias con bajos ingresos que reciben ayuda por su cantidad de hijos. Políticas fuertes en encausar el camino a rebajar el gasto público y a introducir el sector privado en las áreas de prestación y seguridad sociales. Esto acompañado de potentes programas de privatización y libre competencia de las grandes industrias del país y el cierre de empresas subvencionadas e insostenibles que lo único que generan es perdida.

Proponer rebajas fiscales sobre las rentas más elevadas concentrando la presión tributaria sobre los impuestos indirectos. Esto promocionara que todas las familias, desde las más ricas hasta las más humildes, se beneficien de la prosperidad economía de su país.

En definitiva, el objetivo de un Estado, mediante su gobierno, es que todos los individuos tengan un buen acceso a la educación, a la sanidad, a la información, a las comunicaciones, a la participación política. Ofrecer herramientas pata que, al menos, la gente pobre tenga la opción de dejar de serlo y deje de vivir del Estado y alimente el negocio de la pobreza.

El camino está claro, solo falta decisión. Incentivar la inversión privada, achicar inteligentemente el Estado, contar con políticas en materia economía y de empleo y fomentar la educación combatiendo la inseguridad son reglas democráticas básicas de un país próspero con una visión republicana y libre.

INVITADO
Juan Pablo Chiesa
Abogado Laborista. UBA. Magister en Empleo y en Políticas Públicas.
Dirigente político y Presidente de Ap´titud Renovadora.